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Flan de guayaba sin horno, un postre tropical irresistible para los sentidos
El flan de guayaba sin horno es un postre tropical irresistible para los sentidos por ser aromático; muy cremoso y de sabor distintivo.
Este dulce postre de guayaba posee una combinación perfecta; guayaba y queso crema, un dúo muy recurrente en la repostería americana.
Esta vez te paseamos por la aromática repostería latinoamericana; para que disfrutes de sus sabores exóticos irresistibles y evocadores.
Un flan de guayaba a baño María, fácil de preparar y digno de grandes festividades. En México muchas personas lo preparan para la Navidad. ¿Qué festividad elegirías tú para lucirte con este exquisito postre?
Ingredientes del flan de guayaba sin horno
- Para el flan:
- 1 lata de leche evaporada
- 1 lata de leche condensada
- 2 tazas de jugo de guayaba o concentrado
- 250 gramos de queso crema
- 1 taza de azúcar (200 gramos)
- 5 huevos
- Para el caramelo:
- 1 taza de azúcar (200 gramos)
- 4 cucharadas soperas de agua
Preparación
Lava las guayaba y corta en 4. Luego licua la fruta hasta obtener el néctar.
Cuela el zumo de guayaba. Desecha las semillas.
Previamente bate el queso crema para que agarre aire y se sienta más cremoso. Vierte todos los ingredientes restantes dentro de un bol grande y remueve hasta integrar perfectamente.
Prepara el caramelo directamente en la flanera o si lo prefieres dentro de una cazuela aparte; para luego incorporarlo. Agrega el azúcar y agua que apenas la humedezca. Cocina a fuego alto, espera a que surjan burbujas, se consuma el azúcar y se torne color ámbar.
Cuando el caramelo líquido esté listo, espárcelo dentro del molde destinado para el flan de guayaba. Procura cubrir todo el interior. Luego, espera a que refresque y vierte la mezcla del flan.
Prepara el baño María precalentando el agua. El líquido no debe exceder las 3/4 partes del recipiente que contiene el flan.
Cocina el flan de guayaba al baño María y espera 1 hora antes de aplicar la prueba del palillo.
¿En qué consiste esta prueba? Si pinchas el quesillo y el palillo sale seco está listo, de lo contrario debes seguir cocinado. El tiempo aproximado de cocción es 1 hora y media. Una vez terminada la cocción debes dejar refrescar a temperatura ambiente antes de refrigerar.
Al día siguiente, saca del refrigerador el pay de guayaba frío y espera a adquiera la temperatura ambiente. Luego, desmolda con mucho cuidado.
Te invitamos a degustar este exquisito postre de flan de guayaba sin horno; puro ingenio de la repostería latinoamericana.
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.


