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Carolina Herrera fabrica mascarillas y batas contra el Covid-19 en España

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Carolina Herrera fabrica mascarillas y batas
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La firma de alta costura Carolina Herrera fabrica mascarillas y batas. La diseñadora ha adaptado su línea de producción de sastrería en España para confeccionar mascarillas y batas sanitarias, para de este modo colaborar con la alta demanda de este tipo de material de protección frente al coronavirus.

Este jueves se da a conocer la iniciativa de esta casa de diseño por el grupo español Puig, propietario de la firma, y de otras reconocidas marcas como Nina Ricci, Paco Rabanne o Jean Paul Gaultier.

Carolina Herrera fabrica mascarillas y batas

El taller en España de Carolina Herrera elabora este tipo de protecciones a través de dos líneas de producción.



Por un lado, la fabricación de mascarillas y batas destinadas al personal sanitario que, una vez esterilizadas, se entregan en hospitales y centros sanitarios; y por otro la confección de mascarillas para su utilización en la industria alimentaria.

Carolina Herrera fabrica mascarillas y batas y de esta forma se une a la iniciativa de su matriz, Puig, de colaborar con las autoridades en la fabricación de material de protección; para lo que ha adaptado su línea de producción de Vacarisses (Barcelona) para elaborar geles hidroalcohólicos.

Cabe destacar, que Puig es una empresa familiar dedicada a la moda y las fragancias, con sede en Barcelona, fundada en 1914 por Antonio Puig.

La compañía, con unas ventas cercanas a los 2.000 millones de euros anuales, se ha convertido en uno de los gigantes mundiales del sector.

 

ACN/Panorama

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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad

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En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras. 

Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar. 

Qué hace inolvidable un final de sprint

Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.

Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:

  • Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
  • Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
  • Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
  • Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
  • Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
  • Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.

Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.

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