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Asesinos seriales Latinoamericanos en la lidia pública

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Registros en la palestra pública

Latinoamérica también tiene sus “monstruos” y Charles Manson,  uno de los asesinos seriales más conocidos del mundo, no esconde la acciones de sus cófrades. Su muerte, el 20 de noviembre del 2017, trajo de vuelta las conversaciones y los perfiles psicológicos de estos personales, que en su momento aterrorizaron al planeta.

Muchos revivieron el temor hacia estos criminales al verlos recreados en la nueva serie de Netflix, “Mindhunter”, de David Fincher, y que relata las entrevistas que realiza un policía del FBI a los más cruentos homicidas, todo ambientado en la década de los 60s.

Asesinos seriales que conmocionan la naturaleza humana;  al sacar a flote sus más entrañables motivaciones, siguen escondidos. La abominable acción de estos desnaturalizados ha sido objetos de cientos de películas que reflejan crudamente esa perturbadora conducta.

Criminales Latinoamericanos más publicitados

En todas las partes del mundo se han dado casos de estas bestias del crimen, y por supuesto, Latinoamérica también ha sido escenario de aterradoras fechorías de asesinos seriales.

Estas son unas estampitas; de los más connotados asesinos seriales Latinoamericanos,  es una breve señalización;  sin entrar en las motivaciones o causales de su tenebrosa acción.

José Dorángel Vargas Gómez, “El Comegente”; Luis Alfredo Garavito, “La Bestia”; Carlos Eduardo Robledo Puch, “El Ángel Negro”; Juan Acevedo y Marcelo Pereira, “Los Ángeles de la Muerte”; Jaime Benjamín Cárdenas Pardo, “El Asesino de Sucre”; Florencio Fernández, “El Vampiro Argentino” y Julio Pérez Silva, “El Psicópata de Alto Hospicio”; completan el cuadro de asesinos seriales Latinoamericanos, quienes mataron a más de doscientos inocentes victimas del azar.

José Dorángel Vargas Gómez, “El Comegente”

Venezuela quedó en shock cuando en 1999; año en que  Hugo Rafael Chávez Frías asumió el poder, cuando se develó que un esquizofrénico mató a más de 40 personas y ¡luego se las comió! “El Comegente” está ahora tras las rejas en una prisión de la que no se sabe nada. El “Hannibal Lecter” Venezolano confesó que prefería la carne de los hombres que la de las mujeres.

Luis Alfredo Garavito, “La Bestia”

Las víctimas de “La Bestia” sufrieron horrores al caer en manos de este hombre, Luis Alfredo Garavito, un colombiano que mató a más de 100 personas.

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Carlos Eduardo Robledo Puch, “El Ángel Negro”

En 1972, Argentina vivió al vilo por los homicidios cometidos por “El Ángel Negro”, un chico de 20 años cuya apariencia era tan agraciada que le valió el apodo. No obstante, cada vez que se metía a casas o negocios a robar, el joven asesinaba a sangre fría a quien se encontrara en su camino. La cifra de víctimas que manejaron las autoridades fue de once (11)

“Los Ángeles de la Muerte”

La historia de estos uruguayos parece sacada de una serie de televisión. Juan Acevedo y Marcelo Pereira fueron enfermeros, quienes  mataban a los pacientes del hospital en el que trabajaban. Le Inyectaban aire en las venas o morfina hasta quitarles la vida a quienes acudían a ellos para curarse. Un dato loco: Uno de ellos se creía Dios.

Jaime Benjamín Cárdenas Pardo, “El Asesino de Sucre”

El Boliviano sembró el terror en su país cuando asesinó a mujeres y hombres que conseguía en su camino. Confesó haberle quitado la vida a 30 personas.

Florencio Fernández, “El Vampiro Argentino”

La escalofriante historia, en la década de los 60s, el Argentino Florencio Fernández mató a 15 mujeres succionándoles la yugular porque se creía un vampiro.

Julio Pérez Silva, “El Psicópata de Alto Hospicio”

Entre 1998 y el 2001, el Chileno mató a 15 mujeres. Era taxista y por medio de servicios de viajes gratuitos, engañaba a sus víctimas, las violaba y asesinaba con golpes en la cabeza. Luego lanzaba los cadáveres en terrenos abandonados.

ACN/Wipedia/redes/diarios

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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad

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patinaje de velocidad
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En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras. 

Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar. 

Qué hace inolvidable un final de sprint

Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.

Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:

  • Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
  • Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
  • Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
  • Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
  • Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
  • Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.

Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.

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