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Verdad y credibilidad

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Verdad y credibilidad: Por Jesús Alfonzo Sánchez.- Verdad y credibilidad en Venezuela se ha hecho hueca sin fundir su significado en una sola palabra para aprovechar su valoración en las  actividades del bien común de los ciudadanos en la vida cotidiana.

La verdad y la credibilidad se materializan en la medida que las  instituciones y el ciudadano alcanza credibilidad colectiva, y no se evidencia o se sospecha que han mentidos.

Cuando se dude de honestidad se elimina la confianza de cualquier actividad colectiva y contradicciones de opiniones. La credibilidad del dirigente-liderazgo político-social-económico y políticas públicas de la nación disminuirá geométricamente.

La pérdida de la verdad, credibilidad de actores que participan de la economía venezolana están provocando la paralización de los mercados de crédito, de fondos, la caída de la actividad productiva, inestabilidad macroeconómica. En consecuencia se ha generalizado  desconfianza y falta de credibilidad entre los agentes económicos: se dificultan procesos de intercambios, se incrementa el riesgo, se reduce la inversión, se exacerba la usura y la especulación, etc. se posponen decisiones de producción, extendiéndose de esta manera la fase de depresión de la economía. Y, por ende el de la población venezolana.

Lo sucedido en Venezuela durante los primeros meses de 2018 ha provocado una mayor caída en la credibilidad de los representantes del sector público nacional debido a su indisposición a difundir los datos que explican el estado de la economía nacional, los detalles de las medidas de política económica implementadas para corregir los desequilibrios existentes, además de la incongruencia en las explicaciones acerca de los objetivos perseguidos con cada una de estas medidas erráticas, y el uso recurrente del gasto público para mejorar (disque) la calidad de vida de los venezolanos mediante más subsidios colectivos de la escasez de (alimentos, medicinas, servicios públicos que no llegan… falta de equidad…) con acciones  sectarias en: inseguridad, hiperinflación, desempleo masivo, poco o nada de futuro que provoca la huida de millones de venezolanos a otros países.

El país necesita vivir un real ambiente de la verdad y credibilidad en    las instituciones públicas que sea útil el aprovechamiento de los recursos disponibles, que reduzca el costo de transacción de las relaciones políticas y económicas que se dan en Venezuela que permita la creación de riqueza a partir del desarrollo de los recursos humanos del país. En consecuencia implica actuar sin exclusión y sin ocultar información de la participación de todos.

Los procesos jurídicos Corte Penal Internacional iniciados contra los autores de crímenes de lesa humanidad (todo acto tipificado como asesinato, exterminio, esclavitud, deportación o traslado forzoso de población, encarcelación u otra privación grave de la libertad física en violación de normas fundamentales del derecho internacional) podrían sentirse correspondidos por una acción determinada de los venezolanos. ¡La justicia tarda pero llega! El régimen de Maduro y secuaces está en el filo de la navaja para responder por los delitos de lesa humanidad.

Los dirigentes políticos o dueños de los partidos políticos que están dentro de la MUD son unos repudiados por la falta de credibilidad convertidos en falsos dirigentes que continuamente han mentido por décadas y no dejaran de mentir ni reconocer la responsabilidad y errores de sus actuaciones en sus partidos como si fuera vitalicios en sus cargos en similitud a UNA SOCIEDAD MERCANTIL.

Es momento oportuno que estos desgastados dirigentes políticos que engañan en su desempeño político-social reciban el rechazo colectivo para ocupar cargos en conducción de partidos, y en el ejercicio democrático de cargos de elección popular.

En consecuencia tienen la decisión los electores y sociedad civil venezolana.

Una debilidad manifiesta de la sociedad civil es la complicidad de  desposeídos que no recibe asistencia de las instituciones públicas y privadas que están desmanteladas sin piedad por este régimen autocrático, que continua con la devastación de la infraestructura y de la población empobrecida y enferma de Venezuela.

Hoy Venezuela está en la inopia por la voraz rapiña y venganza del régimen dictatorial y criminal de los hermanos Castro de Cuba con la complicidad del chavismo- comunistoides criollo que se propuso como meta erradicar los principios fundamentales de la democracia pluralista y de alternancia que sembró el padre de la Democracia venezolana por el estadista, Rómulo Betancourt presidente en el periodo 1959-63 del siglo XX, para instaurar el sistema democrático de cinco años alternativos, y así erradicar las dictaduras militares criminales y comunistas de Hispanoamérica.

Es perentorio distinguir entre la Verdad y la Credibilidad. La verdad supone la concordancia entre aquello que afirmamos con lo que se sabe, se siente o se piensa. De allí que el concepto de verdad también abarque valores como la honestidad, la sinceridad y la franqueza. La verdad se refiere a la existencia real y efectiva de algo, es decir, a la realidad, a la existencia concreta en el plano de los hechos.

La credibilidad, por lo tanto, hace referencia a la capacidad de ser creído. No está vinculado a la veracidad del mensaje, sino a los componentes objetivos y subjetivos que hacen que otras personas crean (o no) en dichos contenidos. Para tener credibilidad, la persona debe generar confianza en los demás.

La credibilidad es un valor imprescindible. Los políticos, religiosos encuestadores, emprendedores-empresarios, periodistas (…) deben resultar creíbles en la comunidad. En consecuencia sus acciones y trabajos pierden importancia. Por ejemplo: el político que no tiene credibilidad no será votado para ganar en las elecciones, mientras que el periodista que se encuentra en la misma situación no tendrá buena recepción por parte del público. Muy curiosamente, esto no ocurre en el mundo del espectáculo ni tampoco en la industria del entretenimiento electrónico.

En conclusión: Un gobierno con más del 70% de los electores en contra. Culpable de la hiperinflación que tiene arruinada, contra la pared a la población y parte de ella hurgando en la basura. Una sociedad que el 85% adversa la gestión de Nicolás Maduro y sus esbirros. Una oposición (¿?) dividida por ambiciones personales y grupales sin sentido de solidaridad y cohesión. Cada quien tratando de sacar el mayor provecho de esta situación de devastación. En verdad todo por culpa de los liderazgo del gobierno y oposición que no corresponde con la verdad y la credibilidad de la nación.

¡Cierto es, que no se puede ocultar la verdad y la credibilidad de la Iglesia venezolana! por ejemplo: la voz sin titubeo de CEV vocero de la Iglesia.

La Iglesia sostiene que la liberación de presos políticos evidencia la falta de autonomía de los poderes públicos en Venezuela y rechaza que el beneficio condicional sea concedido discrecionalmente por Nicolás Maduro cuya reelección carece de legitimidad. Así de las cosas.

No deje de leer: Gobernador Rafael Lacava: “Se consolida la democracia”

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El que llena la barriga se olvida del que no come

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El que llena la barriga se olvida del que no come: Por Luis Fuenmayor Toro.- Es inaudito que hoy en Venezuela, quienes comen critiquen que quienes tienen hambre busquen cómo comer. Llaman a la gente a resistir, hablan de dignidad y fortaleza frente al régimen dictatorial, pero tienen el estómago lleno y sus necesidades satisfechas, por decir lo menos. Han vivido siempre de la renta petrolera, aunque no lo sepan o no quieran aceptarlo, pues ésta ha sido el exclusivo soporte de la vida nacional desde hace un siglo y no existe capital venezolano, ni grande ni pequeño, que no se haya hecho a la sombra de los negocios con el Estado. Quienes han gobernado han mantenido al pueblo, además de en la miseria, en la ignorancia, pues ésta no es producto del azar sino el resultado de un diseño social muy claro: dominarlo con la facilidad con la que lo han dominado. Cinco años promedio de educación formal teníamos en 1998, luego de 40 años de democracia representativa. Hoy, luego de 20 años adicionales de cacareo y robo revolucionario, la situación es similar aunque el gobierno se mienta a sí mismo.

Para quienes hacen política fuera de Venezuela, disfrutando de excelentes condiciones de vida, pues no han emigrado en la búsqueda de trabajo para sobrevivir, ni son como los exiliados políticos de Gómez y Pérez Jiménez, que subsistían con grandes esfuerzos y limitaciones, es extremadamente fácil proponer “salidas” que impliquen un mayor sufrimiento a los venezolanos, así como exigir “dignidad en la resistencia a la dictadura”. A quienes no comen, no tienen agua ni electricidad, caminan horas para trabajar por una remuneración miserable, sin medicinas para sus enfermos ni vacunas para sus hijos; en medio de la represión, del hostigamiento policial y las amenazas del hampa, es inhumano exigirles mayores sacrificios y que rechacen las ayudas gubernamentales con las que paliar sus infinitas necesidades.

Esas ayudas son iguales a las existentes en Venezuela desde 1958, para no ir más lejos. Al Plan de Emergencia de Larrazábal, luego del derrocamiento de Pérez Jiménez. Y para sólo referirnos al segundo gobierno de Caldera, diremos que tuvo 14 programas sociales: Programa de Alimentos Estratégicos (PROAL), Programa Alimentario Escolar (P.A.E.), de Multihogares y H.C.D., Alimentario Materno Infantil (PAMI), de Meriendas y Comedores (INN), de Dotación de Uniformes Escolares, de Capacitación y Empleo Joven, de Subsidio al Pasaje Estudiantil, de Subsidio Familiar, de Suministro de Medicamentos (SUMED), de Dotación de Ambulatorios, de Protección al Anciano, de Atención a los Pensionados y de Fortalecimiento Social.

No fue Chávez ni Maduro quienes inventaron las ayudas sociales, aunque griten que son los únicos que se han ocupado en Venezuela de los pobres y miserables. Es más, Chávez desmontó los programas sociales mencionados y dejó a la gente sin los mismos durante sus primeros 5 años. Esa es la verdad. Los retoma luego con el nombre de misiones obligado por el estancamiento político de su régimen y con un objetivo demagógico clientelar, que los anteriores programas no tenían. Tampoco es del Gobierno el dinero que se utiliza en los mismos. No es Maduro quien magnánimamente aprueba en cadena televisiva limosnas para los pobres, algo que nunca hicieron los jefes de Estado del siglo pasado. Pero allí está la maquinaria propagandística “socialista”, que más bien parece fascista, para inventar cualquier cantidad de absurdos e irrealidades.

Hoy, más del 85 por ciento de la gente es pobre. Los programas sociales deben ser extendidos a casi toda la población, y mucho más ante el paquetazo de ajustes neoliberales instrumentado por Maduro, que colocó a CAP a su izquierda. Es imprescindible la instrumentación de subsidios y quien administra los mismos decide que instrumento de control utilizará. Inaceptable y perversa es la condena hacia los pobres por utilizar el Carnet de la Patria, pues es una condición administrativa para recibir los subsidios directos que les corresponden y no son una dádiva de Maduro. Seguramente Julio Borges y otros no lo necesiten; ellos ganan en dólares y bastante y pueden pagar la gasolina de sus aviones. Pero dejen de exigirle a quienes no se han enriquecido a costillas de los demás, que no coman, que se trasladen a pie y que renuncien a lo que les corresponde.

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