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Momento del zarpazo final

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Egildo Luján Nava.-

¿Se estará materializando o es el momento de un “zarpazo final” en contra de lo que queda de instituciones en el país? Lo cierto es que el tren Venezuela se detuvo. No hay más durmientes. Las líneas para el desplazamiento futuro no aparecen por ninguna parte. Y habría que saber si eso sucedió porque era necesario, o porque era un hecho inevitable después del cierre del catastrófico año económico, social, político, cultural y moral del 2017. Formato del Futuro… ¿Será así?.

En todo caso, el país, en apenas seis días del nuevo año, y en el medio de su parálisis, ha expuesto para conocimiento de propios y extraños, su nuevo rostro: el de la violencia formal e informal en contra de la minoría que dispone de bienes de consumo para el comercio formal, como de expendedores de servicios que, por sobre los impedimentos más impensables de una sociedad que presume de civilizada, se atreven a ofrecer el resultado de sus riesgos y esfuerzos.

La violencia, en este caso, la promueve una parte importante de la población que, agobiada y golpeada por el hambre, la indisponibilidad de recursos y sin capacidad de compra en una hiperinflación con forma y rostro de tormenta tropical, trata de conseguir alimentos “y lo que se pueda comer”, para llevar algo al seno del hogar. También los delincuentes  que, en nombre de sus necesidades, saquean, destruyen y roban a sabiendas de que sus fechorías jamás serán sancionadas, y mucho menos castigadas, por formar ellos parte del status quo dominante. Y, desde luego, los que, con recursos disponibles, se convierten en compradores fácticos de una serie de bienes que, repentinamente, se convierten en trofeos del populismo y del “bachaquerismo” como innovadora fórmula comercial “revolucionaria”.

La otra violencia, que es la peor, es la que proviene del seno de las instituciones públicas funcionales. Es aquella que es promovida por burócratas y policías de precios que, prevalidos ideológicamente de su rol vengador y salvador de las necesidades históricas de los desposeídos, ignoran las normas y leyes vigentes, para hacer las valer las suyas, las de la anarquía y el abuso de poder. Las mismas que son engendradas en los cenáculos del poder, en respuesta a las ramificaciones que operan como quistes naturales en régimenes influidos por sus inevitables crisis morales, como a su cómoda conducta de producir respuestas para las circunstancias, dada su inevitable imposibilidad de administrar con responsabilidad y transparencia, gerenciar en obediencia a propósitos de eficiencia y efectos transformadores.

Lo que no pueden explicar quienes adelantan su juicio de valor a propósito del arribo del “zarpazo final”, en todo caso, es si a partir del presunto y hasta obvio momento para la gloria política e histórica de los emprendedores de la causa, es en prolongación de la conmemoración del 50 Aniversario de la tiránica Revolución Cubana; un anticipado obsequio a los cambios que, curiosamente, se darán en la Isla caribeña el 19 de abril del año en curso, o a que, finalmente, la población venezolana y las llamadas fuerzas opositoras se convencieron que ya no hay nada más qué hacer, y que los asesores gubernamentales españoles de Podemos lograron salirse con la suya.

Pero está ahí, en la mesa de las discusiones de quienes tratan de encontrarle una explicación racional a que, en un ambiente de hambre, de desabastecimiento y de carencia de recursos monetarios para hacerle frente a dicha grave realidad, lo que más le preocupa a las autoridades, a las mismas llamadas a  evitar una situación de conmoción social, son otros temas.

Para ellas, lo importante es: jugar al cambio de ministros en un Gabinete sin luces propias; regalarle bolívares devaluados a una parte seguidora de la población; distanciarse de tres islas en procura de no se sabe qué, mientras las fronteras terrestres siguen operando como espacio franco para los reyes del contrabando; arengar soberanía y/o patria soberana en defensa de uniformados sancionados por el Gobierno de los Estados Unidos; y, por supuesto, justificar por qué no se pudo honrar la venta de carne de cerdo en diciembre a venezolanos que hace meses no reciben nutrientes proteínicos en su organismo.

Es verdad, hay anuncios novedosos que han pasado a complementar tales elementos ideales para la distracción, como es el doble anuncio de que -otra vez- habrá Dicom bajo el oxidado régimen cambiario, y que lo de la criptomoneda en Venezuela es asunto serio, al extremo de que ya hay una propuesta de unos cien millones ¿de petros? o ¿de dólares? regimentada por una criollísima Superintendencia innovadora en el mercado mundial del comercio monetario digital.

Sin embargo, no terminan de aparecer –ni de anunciarse- los procedimientos necesarios e imprescindibles para hacerle frente a las causas de la hiperinflación. ¿Por temor o por incapacidad?. ¿Por inconveniencia política o creer que al país se le puede seguir arreando entre aumentos salariales, bonos y promesas incumplibles?.

Pero, además, entre señalamientos de “zarpazos”,  de clasificación de anuncios de desenlaces, como de “leyes” dirigidas a consagrar el derecho a alimentarse –que no a nutrirse- de millones de venezolanos, y a protegerle los ingresos a los trabajadores, pensionados y jubilados, sí surge una duda: ¿ qué va a suceder con las empresas privadas en donde se producen alimentos, y cuando muchas de ellas cerraron el año pasado alertando que lo hacían por indisponibilidad de insumos y de materias primas?; ¿y cómo va a ser posible el incremento de la producción agrícola, pecuaria y avícola, cuando, como la agroindustria de alimentos, carecen de los mismos componentes imprescindibles para que sea posible tal oferta?. ¿Qué comercio saqueado, destruido o conminado a vender bienes por debajo de sus costos operativos, estará dispuesto a reponer inventarios  y subir las santamarías de sus unidades comerciales nuevamente?.

Cuando la Venezuela productiva y que trabaja sigue sin salir del inevitable efecto adormecedor de los días de fin de año viejo y comienzos del nuevo año, lo innegable es que, a la vez que se desentienden de lo medular en el hogar de cada venezolano, los que dicen gobernar lucen activados, muy activados, pero en obediencia a individuales propósitos electorales.

Ellas, a la vez que hablan de presuntas avasallantes victorias en el 2017, y sin haber dicho en qué se tradujo realmente su primer Plan de la Patria, proyectan otro Plan de la Patria, quizás cargado de nuevas ofertas como la quincena de motores activadores de la recuperación productiva. Sin embargo, dicho neonato recurso electoral ya luce huérfano de dos respuestas: ¿cómo es que sus administradores convertirán en hechos concretos la lista de ofertas y de compromisos?; ¿y de dónde saldrán los recursos financieros mínimos para que, de entrada, Venezuela supere su condición de país en contracción económica, un desempleo de misteriosas dimensiones y un desabastecimiento que es imposible de superar solamente con el sistema Clap?.

Son incontables las preguntas y respuestas, dentro y fuera del país, a propósito de lo que sucederá en la Venezuela petrolera durante los días venideros. Seguramente, como ya es habitual, abundarán las reuniones técnicas, a solicitud de las autoridades; sí,  de esas que no pasan de conversaciones durante horas y horas, hasta que se produce el cierre con la oferta de que “lo acordado será sometido a la consideración del Presidente”.

¿Y después qué?. Quizás pudiera llegarse a una pomposa y multitudinaria reunión pública, apuntalada por discursos y cadenas propagandísticas de radio y televisión, mientras se preparan nuevas elecciones, más distracción y, de repente, por la aparición de algún evento internacional que ayude a  edulcorar el momento.

Y se espera que sea así, porque ya ha sucedido en otros momentos Después de todo, hay habilidad, astucia y capacidad para promover y financiar campañas dirigidas a consolidar posiciones políticas y espacios de poder. Pero no capacidad para convertir el ejercicio del poder en un recurso operativo para beneficiar al ciudadano, ya que el ciudadano, verdaderamente, no cuenta en la jugada. Entonces, es viable y factible darle sentido –y hasta justificar- la deducción de la aparición del ya anunciado “zarpazo”. Del hecho que, si se diera, tampoco constituye ninguna garantía evolutiva. Por el contrario, estaría signada por un evidente componente regresivo y socialmente negativo, que es la cosecha de hoy, luego de casi dos décadas de dominio gubernamental.

Como lo ha expuesto Formato del Futuro… desde siempre: Venezuela sí puede superar sus dificultades de hoy. Pero eso depende de la sincera y voluntaria disposición de su dirigencia y liderazgo, a convertir al país en un espacio para el entendimiento y la proactividad económica y social.

Triste decirlo, pero el discurso político del presente y los mensajes que emite la estructura partidista en su gran mayoría, no contribuyen a cambiar la visión adversa que hoy se tiene  sobre la nación y su futuro; es lo que conduce a estructurar un pensamiento negativo del país. De hecho, no configuran la antítesis de lo que surge de las entrañas de un  régimen que se ufana de gozar de fortaleza y de vigor dominante, aun cuando se sabe incierto, inseguro, improductivo y casi inútil, además de ocioso. Pero es lo que se ha planteado por voluntad de la conducción y de los conductores.

A ellos, a esos conductores, definitivamente,  les corresponde revisarse, analizarse, autoevaluarse, pero con sinceridad y humildad. Entonces,  si llegaran hasta allí, quizás entenderían que la opinión ajena, la de los ciudadanos, tiene sentido, utilidad y valor histórico, por lo que hay que detenerse a escucharla, internalizarla y -¿por qué no?- a capitalizarla.

*Egildo Luján Nava, Coordinador Nacional de Independientes Por el Progreso (IPP)/edecio brito escobar, cnp-314

 

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CPI, colapso y geopolítica

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CPI, Colapso y geopolítica: Por Leopoldo Puchi.- Venezuela atraviesa por serios problemas internos, en particular de naturaleza económica y social, que se expresan en el descenso de la producción nacional, hiperinflación y empobrecimiento de las condiciones de vida de la población. A ello se le añade una alta conflictividad política y el deterioro del marco institucional.

A esta crítica situación se le suman las tensiones de orden internacional que aparecieron en el momento en que Venezuela decidió separarse del dispositivo geopolítico del que había hecho parte. Por esta razón, ahora se encuentra en el ojo de un huracán de tensiones en el que participan gobiernos de varios países.

Algunos sectores de los centros de poder occidental consideran que pudiera aceptarse esa decisión de Venezuela o que, en todo caso, se tendrían que encontrar fórmulas de convivencia a pesar de la decisión tomada, mientras que otros factores estiman que hay que reinsertar al país en su órbita tradicional por cualquier medio. A los unos se les ha denominado “diplomáticos” y a los otros “militaristas”.

Quienes han recurrido a la Corte Penal Internacional para obtener una decisión que implique una condena hacen parte de las corrientes llamadas “militaristas”, partidarias de acciones de fuerza para alcanzar el objetivo propuesto, puesto que una sentencia condenatoria solo pudiera ejecutarse si se recurre al uso de la violencia física. Se degradaría así la CPI a un rol de validación de una intervención extranjera. En la misma línea de las corrientes “militaristas” se inscribe lo planteado por William Brownfield, quien ha sugerido la opción de precipitar al país en un colapso absoluto “aunque ello produzca un periodo de sufrimiento”.

Un efecto negativo de esta visión es que induce a la oposición a la espera de una intervención, que se considera vendría inevitablemente por el colapso o vía decisión de la CPI. Algo semejante ocurrió con el llamado a la abstención del 20 mayo, que fue inducido desde varios países de la Unión Europea y el Grupo de Lima.

Ahora bien, desde las corrientes “diplomáticas” también hay nuevas iniciativas. Llega la noticia de que el gobierno español ha decidido propiciar la búsqueda de acuerdos. Se trataría de la promoción del “diálogo político y de cómo abrir cauces de colaboración”, ha indicado Josep Borrell.

Con anterioridad se había conocido la iniciativa del Departamento de Estado de enviar una delegación de alto nivel para sostener reuniones en Venezuela, pero fueron suspendidas en el último momento por las contradicciones entre los diferentes grupos que conforman la administración estadounidense. Del mismo modo, la visita a Venezuela del senador Bob Corker puede entenderse como un esfuerzo en la misma dirección.

Aunque son diferentes entre sí, estas iniciativas responden a una visión “diplomática”. La inclinación definitiva de Donald Trump no se conoce, pero sin duda se sabrá luego de las elecciones de noviembre. Veremos si es colapso, CPI o acuerdos pacíficos.

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