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Sonda alienígena espía sobre la Tierra debaten científicos
Científicos de la Universidad de Harvard aseguran que un cuerpo de forma tubular; que pasó el año pasado por nuestro Sistema Solar es en realidad una sonda alienígena; enviada para estudiar la Tierra pero otros investigadores descartaron la teoría.
El asteroide puesto en duda se llamó ‘Oumuamua’ por la comunidad de astrofísicos; y pasó por el Sistema Solar en octubre del año pasado, 2017. Los astrónomos buscan explicaciones pero dos investigadores de Harvard quieren hablar de otra teoría muy distinta; no sería un asteroide sino una sonda extraterrestre. Esos investigadores son Shmuel Bialy y Abraham Loeb y en concreto han elaborado esta teoría para el Harvard Smithsonian Center.

El cuerpo celestial no se comportó como un asteroide libre
Ambos detectaron que el cuerpo no se comportó como un asteroide libre; sino que tenía movimientos propios de aceleraciones, como si tuviera alguna clase de sistema de propulsión. Al seguirlo, se dieron cuenta de que tras atravesar el Sistema Solar y pasar cerca del sol; cambió de trayectoria repentinamente, aceleró y se marchó de nuestro sistema. Fueron varios telescopios de la ESA y la NASA los que advirtieron que el asteroide abandonó el sistema solar a una velocidad mucho mayor de lo esperado.
Oumuamua fue, aparentemente, un objeto interestelar que pasó a través del sistema solar. Fue descubierto en una órbita extrañamente hiperbólica por Robert Weryk el 19 de octubre de 2017 con observaciones hechas por el telescopio Pan-STARRS1 cuando el objeto estaba a 30 millones de kilóemtros de la Tierra. Inicialmente se pensó que era un cometa, pero al observar que no tenía actividad, se lo reclasificó como un asteroide. El objeto obtuvo su alta velocidad tras un encuentro cercano con Júpiter, pero nunca ha estado gravitacionalmente ligado al sistema solar y, presumiblemente, es un objeto interestelar.
ACN/Ociocritico.com/ 7Noviembre de 2018
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.
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