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Descubre en qué consiste el «Mindfulness sexual»
La palabra Mindfulness es un concepto que a día de hoy se aplica a todo y, por qué no, a la sexualidad.
Mindfulness es una técnica que trata de desarrollar la habilidad de ser capaces de conseguir la atención plena en lo que estamos haciendo, en este caso, en el terreno sexual.
De este modo, los grandes expertos indican que bien practicada podemos conseguir un placer más intenso, orgasmos más prolongados.
Como ya sabemos la sexualidad está en el cerebro y, por tanto, tenemos la capacidad de mejorarla.
Por lo tanto, la atención plena es una actitud que deberíamos tener siempre, en cada encuentro sexual para poder disfrutar de los cinco sentidos. La meditación nos enseña a escuchar el cuerpo, a dejar de tener pensamientos negativos y a poder fluir.
Entonces, para llegar al gran beneficio del mindfulness sexual lo primero que se debe hacer es practicarlo, ejercitar nuestra mente.
Practica el mindfulness sexual en 3 sencillos pasos:
Respirar: Comenzar la sesión con una respiración relajada y fluida para que el cuerpo y la mente se vayan aclimatando, los pensamientos se vayan diluyendo y el cuerpo vaya estando presente. Se trata de tomar consciencia de las emociones, los pensamientos y las sensaciones sin juzgarlos.
Fortalecer: Una vez logrado el primer punto pasamos al segundo ejercicio, debemos fortalecer la musculatura pubococcígea con ejercicios de Kegel, contracción y relajación. Éstos ayudarán a mejorar la intensidad de las sensaciones, aumentando el placer orgásmico.
Aprender: Por último, el mindfulness requiere de un aprendizaje del placer, de las sensaciones y los sentidos.
No podemos hablar de un número de sesiones, cada persona es un mundo y cada vez que se haga el ejercicio es un paso ganado hacia la mejora del placer. Se trata de conseguir una sexualidad más consciente.
La sexualidad también puede vivirse plenamente y es muy gratificante.
Finalmente, Esto es lo que los expertos han bautizado como ‘Mindful sex’. «Una relación sexual desde la atención plena, o lo que es lo mismo, permite centrarse en todos los aspectos del encuentro», explica Antonio Gallego, experto en mindfulness y colaborador de la app de meditación Petit BamBou. «Es una forma de relacionarse con plena presencia de los sentidos, las emociones y la conexión con las personas que participan”.
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ACN/ La Vanguardia
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.
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