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Usar la luz del sol para hacer combustible y aire respirable

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Usar la luz del sol para hacer combustible y aire respirable
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Los vuelos espaciales, son semejantes a la exploración de los pioneros en la tierra: si no puedes reponer suministros, como alimentos y agua durante el camino, la distancia que viajaras se vera limitada, por las cantidades de suministros que puedes transportar; así de simple.

En el espacio, todo buen explorador también debe preocuparse por tener suficiente combustible para su nave espacial y aire respirable para su tripulación.

Por esta razón, algunos investigadores están desarrollando una tecnología denominada: fotosíntesis artificial. Esta, es una forma de aprovechar la luz solar, para generar combustible y aire respirable para misiones mucho más largas.

La fotosíntesis artificial, imita la forma en que las plantas realizan la fotosíntesis natural; al convertir la energía luminosa en energía química y producir oxígeno en el proceso.

Una investigación, publicada el pasado martes en la revista Nature, nos acerca un paso más a este objetivo. Por primera vez, los investigadores realizaron experimentos fotoelectroquímicos (reacciones químicas que utilizan la luz y las propiedades eléctricas de los productos químicos); en un entorno de microgravedad similar al espacio exterior.

La Estación Espacial Internacional (ISS): pionera en este campo

La ISS, también produce agua y metano a partir del dióxido de carbono que los astronautas exhalan. Los sistemas, no son los más eficientes pero funcionan bien para la estación espacial; que se encuentra en órbita constante a solo un par de cientos de millas de la superficie de la Tierra, donde recibe envíos regulares de combustible y otros suministros de la Tierra.

Actualmente, la Estación Espacial Internacional (ISS) cuenta con sistemas que dividen el agua en hidrógeno y oxígeno, que los astronautas respiran. Foto: fuentes.

Actualmente, la Estación Espacial Internacional (ISS), cuenta con sistemas que dividen el agua en hidrógeno y oxígeno, que los astronautas respiran. Foto: fuentes.

Sin embargo, una misión espacial más lejana, como por ejemplo un puesto de avanzada en órbita de la Luna o un viaje a Marte; no pueden confiar en los paquetes de ayuda frecuente enviados desde casa.

Microgravedad en la tierra

La química de Caltech Katharina Brinkert, quiere enfrentar este desafío. Así que ella y sus colaboradores, idearon un experimento para hacer que se produjeran reacciones químicas, que generaran combustible a la luz dentro de la Torre de Descenso de Bremen en Alemania. La torre de caída (drop tower); le da a los científicos solo 9.3 segundos de microgravedad.

orre de Descenso en Bremen en Alemania. La torre de caída, le da a los científicos solo 9.3 segundos de microgravedad. Foto: fuentes.

orre de Descenso en Bremen en Alemania. La torre de caída, le da a los científicos solo 9.3 segundos de microgravedad. Foto: fuentes.

«Hacer electroquímica ya es difícil», dice Brinkert. «Hacerlo (…) en 9.3 segundos es aún más difícil», aseveró.

Experimento exitoso

Felizmente, los experimentos fueron un éxito y Brinkert junto a su equipo pudieron producir gas hidrógeno; una fuente de combustible valiosa, a partir de una solución ácida a base de agua.

Incluso, demostraron una solución al problema que a veces sufre el separador de agua de la ISS. Debido a que la flotabilidad necesita gravedad para funcionar; las burbujas de gas formadas en la microgravedad se separan del agua y tienden a adherirse a las superficies sólidas de los electrodos, en lugar de elevarse a la superficie del agua, lo que hace que el proceso sea menos eficiente.

Para resolver el problema, el equipo de Brinkert, creó electrodos cuyas superficies eran desiguales en lugar de lisas a nivel de nanoescala y mostraron que las burbujas de gas no se acumulan tanto en las superficies desiguales.

Un paso hacia el vuelo espacial

Brinkert, enfatiza que aunque son emocionantes estos resultados, sigue siendo una investigación fundamental y se necesita más trabajo, antes de que se pueda aplicar en un entorno práctico.

También, Brinkert espera una mayor colaboración entre los investigadores que estudian los combustibles solares como ella; y los investigadores que trabajan en la exploración espacial.

«Ambos estamos muy interesados ​​en las energías renovables»; dijo Brinkert. «Espero que este documento establezca algún tipo de conexión entre las dos comunidades».

ACN/Astronomy.com/@AstronomyMag/Nature

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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad

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En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras. 

Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar. 

Qué hace inolvidable un final de sprint

Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.

Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:

  • Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
  • Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
  • Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
  • Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
  • Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
  • Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.

Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.

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