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Plataformas de hielo de la Antártida debilitadas por el agua tibia oceánica
Según los científicos, las corrientes en reversa, que forman una especie de «ríos» al revés de aguas cálidas del océano hacia el continente, están debilitando los bordes de las plataformas de hielo de la Antártida desde abajo, creando condiciones propicias para la ruptura de las placas y el aumento del nivel del mar.
En un estudio publicado este jueves en la revista Science Advances, se examina este proceso de debilitamiento, que podría afectar el futuro del continente y del resto del mundo.
«La circulación de agua tibia está debilitando la parte inferior de las plataformas de hielo antárticas en sus puntos más vulnerables», afirmó en un comunicado Karen Alley, profesora asistente visitante de Ciencias de la Tierra, en el Colegio de Wooster en Ohio.
Video cortesía de la cadena T13 de Chile
Efectos importantes asociados al cambio climático
«Estos efectos son importantes», aseveró la profesora. «Pero exactamente cuánto, todavía no lo sabemos. Necesitamos saberlo», agregó Alley.
Según los científicos, las plataformas de hielo flotan en el océano en los bordes de las capas de hielo terrestres, y alrededor del 75% del continente antártico está rodeado por estas extensiones de las capas de hielo continental.
Las placas de hielo están contorneadas por lados lisos y paredes que bajan hasta el fondo del océano. Cuando se restringe su libre circulación, las plataformas de hielo ralentizan el flujo de hielo desde el interior del continente hacia el océano.
Sin embargo, si una plataforma de hielo se retira o se rompe, el hielo en la tierra fluye mucho más rápidamente hacia el océano, aumentando las tasas de deshielo y por supuesto los niveles de aumento del nivel del mar.
Warm ocean #water attacking edges of Antarctica’s #ice shelves @ScienceAdvances https://t.co/WBjzzMBoJM
— Phys.org (@physorg_com) October 9, 2019
Con información de: ACN|FoxNews|Redes
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.
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