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Adicción al celular tratan en clínicas para millonarios

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La adicción al celular es tratada en clínicas, en los Estados Unidos, al igual que las enfermedades de drogas y alcoholismo, y son denominadas clínicas de rehabilitación, muchas de ellas en San Francisco, paradójicamente instaladas en los alrededores de empresas como Facebook, Twitter, Apple y Google.

Este centro de rehabilitación recibe a niños de entre 12 y 18 años que son internados para poder ser curados de esta «enfermedad». La tarifa de esta clínica de rehabilitación que cuenta con lujosas instalaciones es de $1,633 por noche. (paradigmsanfrancisco.com)

Es bien sabido que en la actualidad el uso del teléfono celular se ha convertido en temas de estudio por parte de diversos grupos de médicos y científicos, debido a la gran adicción que estos aparatos causan. La gran cantidad de horas que la gente pasa junto a un dispositivo ya es considerada en muchos países una enfermedad.

Uno de los sectores que más se han visto afectados por este padecimiento es el de los jóvenes, quienes resultan el mayor y principal punto de consumo para las empresas que ofrecen telefonía celular.

Debido a esto, durante los últimos años han surgido en Estados Unidos las denominadas clínicas de rehabilitación, muchas de ellas en San Francisco, paradójicamente instaladas en los alrededores de empresas como Facebook, Twitter, Apple y Google.

Tal es el caso de la clínica Paradigm, que se dedica a “sanar” a los jóvenes que presentan una adicción absoluta al teléfono como el de pasar hasta 20 horas diarias con la vista al celular.

En este centro de rehabilitación, donde solamente se pueden hospedar de manera simultánea a ocho personas, se ofrecen tratamientos específicos con reclusiones obligadas de 45 días aproximadamente, mismas que pueden llegar hasta los 60 dependiendo del grado de dependencia.

De manera contrastante y hasta cierto punto absurdo, un padre que gastó hasta $1,000 por el nuevo iPhone X el año pasado, ahora desembolsa lo equivalente a 40 de estos aparatos para que sus hijos puedan obtener atención médica y puedan mantenerse alejados del teléfono.

Paradigm ofrece refuerzo escolar con el uso de computadores donde el acceso a las redes sociales y aplicaciones de mensajería instantánea está bloqueado. Además, siempre se realizan bajo el monitoreo de los profesores y psicólogos.

El objetivo de este centro de rehabilitación es el de «reprogramar» a los jóvenes para que puedan reconstruir su relación con la tecnología y entender lo importante de las relaciones interpersonales sin la necesidad de tener el teléfono a la mano.

Mediante horarios establecidos, los jóvenes son obligados a levantarse a un horario en específico para después estudiar, comer y participar en una serie de terapias colectivas e individuales.

Se sabe que en los Estados Unidos, diferentes grupos de psicólogos y psiquiatras debaten el tema para establecer esta adicción que representa un síntoma derivado de otros síndromes, como el de la paranoia y depresión, mientras que para otros, esta adicción establece características a las de otras dependencias como el alcohol y las drogas.

A nivel mundial, existen países que consideran esta situación como un problema de salud pública, tal es el caso de Corea del Sur, Australia, China, Italia y Japón, donde en muchas ocasiones estas afectaciones son tratadas en hospitales públicos.

Una de las situaciones más comunes que se pueden encontrar para este tipo de casos es el de falta de atención familiar que orilla a los niños a refugiarse en esta actividad para no sentirse solos.

Comportamientos de enojo cuando la señal de internet se interrumpe, mentir o esconder el uso de las redes sociales y el aislamiento y distancia de la familia, según Paradigm, también son señales de alerta.

Las habitaciones de este lugar ofrecen un ambiente cómodo, cálido y seguro para asimilar a la medida de lo posible las características del hogar. En uno de los cuartos, alrededor de una chimenea, hay tres camas grandes cercadas por ventanales desde los que se puede ver el mar.

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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad

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En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras. 

Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar. 

Qué hace inolvidable un final de sprint

Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.

Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:

  • Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
  • Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
  • Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
  • Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
  • Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
  • Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.

Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.

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