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Ancianos podría alargar la vida con una actividad poco intensa
Ancianos podrían alargar su vida con una actividad física, incluso poco intensa: Unas horas por semana de actividad física, incluso de poca intensidad, como pasear o dedicarse a la jardinería, podría disminuir el riesgo de muerte en los hombres ancianos, sugiere un estudio publicado.
El volumen total de actividad física se asocia a un menor riesgo de muerte sea cual sea la causa de ésta, aseguran los autores del estudio publicado en el British Journal of Sports Medicine.
Como era de esperar, media hora adicional de actividad moderada o intensa reduce aún más el riesgo, hasta el 33%.
“Las directivas británicas y estadounidenses sobre la actividad física no mencionan [hasta ahora] ninguna ventaja de una actividad de intensidad ligera”, indica Bárbara Jefferis, una epidemióloga de la University College London.
“Pero los resultados del estudio sugieren que todas las actividades, no importa lo reducidas que sean, son saludables”, explica.

El estudio comenzó en 1978 con cerca de 8.000 hombres de entre 40 y 59 años de 24 ciudades británicas.
Entre 2010 y 2012, los 3.137 supervivientes pasaron un examen médico y respondieron a preguntas sobre su estilo de vida y su calidad de sueño.
El estudio se acabó centrando en 1.181 hombres que llevaron un aparato de seguimiento del volumen y la intensidad del ejercicio físico durante siete días.
Esos hombres, de 78 años de media, se sometieron luego a análisis periódicos durante cinco años, un periodo en el que fallecieron 194 de ellos.
Los autores recuerdan que este tipo de estudios, llamados de observación, no permiten establecer formalmente una relación de causa y efecto.
Además no está claro que las observaciones de ese estudio se puedan aplicar a las mujeres mayores, aunque a priori no hay motivos para que los resultados difieran, añaden los investigadores.
ACN/ Fabián Barría (AFP)
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.
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