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Parcela para sembrar Patria y no un carnet

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Cristian Silva.- 

Lo que necesitamos es una parcela para sembrar Patria y no un carnet.  Cuando vivía en Paria, mi casa estaba en una parcela de 2.000 metros cuadrados con abundante agua, lo cual me permitió hacer un conuco de  auyama, maíz, plátano, entre otros rubros.

Las matas de auyama como se pusieron de acuerdo para “parir” todas al mismo tiempo.  ¡Dios mío!, ¿Qué hago con tantas auyamas?  Alquilé un camión y las llevé al mercado municipal, pero estaba tan saturado que no me las compraron a ningún precio.  Entonces opté por regalarlas casa por casa.

Ese conuco fue un hobby, suministro de verduras, hortalizas; un encuentro con la naturaleza y lo atendía después de cumplir con mi trabajo.

Luego cuando me mudé a Cumaná, murió por falta de alguien  que lo cuidara, no sin antes alimentar a mucha gente.

Hoy quiero hacer otro conuco para ponerle el nombre “el conuco socialista de Cristian”.  Pero el gobernador no me facilita la compra o alquiler de alguna parcela cercana a mi Cumaná. En contraste, solo me ofrece un chimbo carnet de la patria.  ¿Cómo siembro en un pedazo de plástico?

Sucre es considerado ‘potencia’ al igual como los demás estados del país.  Debe ser potencia en ejército de gente desesperada protestando por no llegarle el pernil ni las bolsas CLAP; y llorando y sufriendo por pasar hambre junto a su familia.

Mucha gente tampoco tiene gas, agua potable, vías en buen estado, electricidad; pero si les sobra aguas cloacales nauseabundas en sus hogares y el permanente acecho de la muerte a manos de colectivos con licencia gubernamental para extorsionar, bachaquear, robar, secuestrar y matar.

Con razón el periodista Pedro García Otero afirma que “los bachaqueros son pobres explotando otros pobres; y ahora se usan los alimentos como arma política ya que si yo controlo la comida también controlo el poder”.

Por otra parte se pretende sembrar una falsa esperanza en el carnet de la patria como solucionador de todos los problemas.  “Con el carnet de la patria usted cobrará su pensión, y si no la tiene, el mismo carnet en forma mágica le entrega una; aparte de conseguirle además, casa, medicinas, juguetes (y hasta el mismo Niño Jesús); el bono navideño, comida”… ¡Es una maravilla!

¡Nunca antes la mentira, la maldad, el abuso y la burla habían tenido una dimensión tan grande!  El verdadero objetivo del carnet de la patria es un control total y absoluto de los ciudadanos censados. Es el arma más letal y mortífera de la revolución.

Pero como se agota el dinero petrolero para seguir engañando y comprando mentes bobas, es necesario buscarlo donde sea.  Ya se entregó la Amazonia y la Guayana Venezolana.  La están exterminando. Extrayéndole todo el oro y demás minerales… No importa destruir ríos, sus nacientes, la selva, los peces, el ecosistema… TODO.

Lo importante es mantener la revolución en el poder y terminar de convertir los venezolanos en cadáveres andantes sin fuerzas físicas, mentales, espirituales. Sin iniciativa. Transformarlos en sonámbulos, soñolientos, mendigos, precarios, inservibles y esclavizados. Sin capacidad crítica, domesticado solo para el servilismo; y además, con el tiempo limitado exclusivamente, para arrastrarse buscando un paquete de harina que le alivie el hambre.

Tu deber ser es rebelarte. ¿Quién da el primer paso al frente para evitar este doble crimen de genocidio y ecocidio?.

www.unidadvisionvenezuela.com.ve – vivzla@gmail.com – @visionvenezuela

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La extraña república de Subuso

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La extraña república - acn
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La extraña república de Subuso: Por Luis Fuenmayor Toro.- Alguien me decía que como le gustaría que Venezuela volviera a ser normal, mientras yo pensaba para mis adentros que, desde que tengo conciencia, nunca nuestro país ha sido completamente normal, lo que no significa que hoy, con el gobierno de Maduro, los límites del surrealismo, el absurdo, las contradicciones, la confusión, la manipulación, el engaño, hayan sido totalmente rebasados y por mucha distancia. Hoy el surrealismo es la norma y la normalidad es la excepción. Y esta máxima se aplica en primer lugar a la política, pero puede extenderse a todo lo demás.

Una píldora nada más de lo que digo, es la decisión del Gobierno de retirarle la inmunidad parlamentaria al diputado Requesens, lo cual hará a través de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Requesens es diputado de la inhabilitada por el Gobierno Asamblea Nacional (AN), razón por la cual su diputación está igualmente inhabilitada. Pero sus inhabilitadores han decidido despojarlo de una inmunidad, que no debería tener al estar inhabilitado. ¡Vaya coherencia! La AN, por su parte, exige la renuncia del Presidente a quien destituyó en una ocasión y acusó de abandono del cargo en otra, por lo que no existe como Primer Mandatario, pero hay que asegurarse pidiéndole que renuncie porque “de que vuelan, vuelan”.

Lo que vivimos actualmente en relación con el famoso atentado magnicida es para coger palco, pero sin saber si estamos en una comedia o una tragedia, aunque posiblemente estemos en el género mixto de tragicomedia, en la que el público asistente, los venezolanos de a pie, es quien paga los platos rotos. Y lo hace en una magnitud sin precedentes en las últimas seis décadas. Casi antes de producirse, ya el propio Maduro, al mejor estilo de Chávez, sabía quiénes eran los responsables: Juan Manuel Santos y Julio Borges, pues Requesens aparece después y no sabemos sus futuros acompañantes en esta lista gubernamental de sorpresas.

Los venezolanos, a fuerza de lecturas de Wikipedia y de consultas con amigos expertos en explosivos, muchos de ellos militares, los cuales no tenía idea de que fueran tan numerosos, han completado su técnico superior en la materia. Hoy sabemos más del C-4 que Padrino López, lo cual ya es decir mucho, pues el súper general, solamente con un vistazo que le dio a uno de los videos que por allí circula, supo inmediatamente que cada dron cargaba un kilo del explosivo. Ahora entiendo por qué no ha ocurrido la invasión gringa: deben estar muy temerosos ante las habilidades visuales de Padrino López para calcular cantidades, lo que nos da una ventaja estratégica gigantesca.

¡Imagínense! Padrino con unos binóculos sabrá cuántos aviones, cuántos misiles, cuántos paracaidistas caerán de los cielos; así como cuántos tanques y soldados penetrarán nuestras fronteras, las armas y municiones que traerán, los buques de guerra que amenazarán nuestras costas y puertos, de manera de tener listos a los valientes colectivos revolucionarios (pares venezolanos de los paramilitares colombianos), que destrozarán al enemigo en una guerra de X generación. Imagino a Valentín Santana exigiendo a sus muchachos que dejen, por ahora, de desvalijar al Instituto de Medicina Tropical de la UCV, actividad liberadora y justiciera en la que han puesto gran empeño, para enfrentar la invasión imperial. Pobre de nosotros y de país…

Un cierto número de los diputados de la AN, por su parte, y de los líderes de Primero Justicia, Vente Venezuela y Voluntad Popular, también saben, antes de realizar ninguna investigación, que el atentado es un “pote de humo” para distraer a la gente de la hiperinflación, las mega devaluaciones, la escasez hasta de efectivo, la ausencia de los servicios esenciales, la insalubridad, la miseria y la desesperanza. Al igual que Maduro poseen poderes ultra sensoriales: no hubo drones, fueron avioncitos de papel, la explosión fue de un tumbarrancho, Cilia se estaba riendo mientras cubrían a Maduro porque sabía que nada era cierto, aunque, digo yo, quizás fue porque las cubiertas le quedaban cortas y le dejaban los lados y la espalda descubierta; hasta se fijaron en el “paraguas blindado” que utilizaba para sí uno de los escoltas, más preocupado de él que del Presidente. ¡Todo un espectáculo!

Subuso, mientras tanto, a pesar de su optimismo y de ver siempre rosada la realidad, debió seguir pendiente de la pensión insuficiente, la medicina del hijo con fiebre, la diálisis del abuelo, el cáncer de mamá, el homicidio del tío que deja cinco huérfanos pequeños, la larga fila para comprar pan, la escasez de leche, la ausencia de busetas, el repuesto de la moto, el agua que tiene semanas que no llega, el apagón que le dañó la nevera, la basura que no recogen y nos tiene llenos de moscas, ratas y otros bichos. Pendiente de su triste vida, de su lamentable realidad, de lo increíble que parece que hayamos llegado a esto. ¿Y ésta es la mayor suma de felicidad posible que nos ofreció el comandante? Piensa con tristeza, pero no necesariamente con resignación.

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