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Carlos Rosales aprendió a valorar más lo emocional en la vida y en las ventas

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Como un apasionado de las ventas, del aprendizaje y del buen vivir, así se identifica a sí mismo Carlos Rosales, director de Consultores Neurosales, empresa especializada en la formación profesional de vendedores, prestadores de servicios, y atención al cliente, con presencia en Colombia, México, Panamá y Venezuela.

Señala que es un vendedor profesional en el negocio de la formación y su target principal son las empresas, especialmente en mercadeo B2B.

También aspira a incursionar en el mercado B2C (empresa a consumidor) y llegar a eventos individuales.

 

Es autor de tres libros: uno de ellos el best seller Personas compran personas, sobre estrategias probadas que permiten vender ideas, proyectos, servicios, y productos, que además contribuye al crecimiento personal y profesional.

El segundo, Personas compran líderes escrito junto con Amancio Ojeda, se trata de cómo vender más usando los secretos del liderazgo ecléctico y el tercero, Metidas de patas épicas, nos habla del error como fuente de aprendizaje.

 

Sobre ese último libro refiere que no le importa perder o equivocarse, pero que lo que sí lo aterra es no aprender “no me preocupa tropezar con una piedra, y puedo volver a tropezar con ella».

«Lo que le tengo terror es enamorarme de la piedra, y de allí surgió ese tema, porque de los errores es mucho lo que se aprende y todos cometemos errores”.

 

Señaló que su visión actual de la vida es “disfrutar el día” y sentir que está haciendo algo que lo acerca más a sus metas, “eso me da una tranquilidad y una paz increíble”, es su significado de felicidad.

Comentó que su objetivo con su proyecto actual es reposicionarse en Venezuela y volver a ser exitoso.

 

De la lógica a lo emocional

Aunque está formado como ingeniero en computación, graduado en la Universidad Simón Bolívar, especializado en mercadeo en el IESA. Ahora es facilitador certificado internacionalmente por la ASTD y la IAL.

Consultor y conferencista en las áreas de ventas y mercadeo, motivación y trabajo en equipo.

También es profesor titular de los posgrados de la Unimet y de la UCAB.

Nacido en Venezuela, proviene de una familia de inmigrantes, padre isleño y madre asturiana, y tiene una hermana menor.

Durante su crianza, en su casa también siempre estuvo presente su abuela materna. Su padre es una de sus principales influencias, y una forma de honrar su vida y su memoria es su dedicado desempeño laboral y su honestidad.

De su madre, como buena asturiana aprendió la responsabilidad, la puntualidad, y de ambos también aprendió a respetar la palabra empeñada.

Pero, también tuvo la influencia de su abuela materna, de quien tomó el valor que le da a cada día que vive. 

Rosales destacó que a lo largo de su trayectoria ha aprendido a valorar la parte emocional de la vida, gracias a la experiencia personal.

Por eso, aprender de los errores es importante para él, aunque teme enamorarse de ellos, destacó que “para mí la vida era lógica, reconocía que había una parte emocional, pero me sonaba a un defecto»

«En todo me dijeron qué hay que hacer, pero no me dieron herramientas para manejar la parte emocional”.

 

Pero un día descubre que “no somos seres pensantes con emociones, sino seres emocionales que pensamos. Me di cuenta de las terribles consecuencias en mi vida, por la falta de esas herramientas emocionales”.

Refirió así fue como superó su alcoholismo al descubrir que era necesario para él desarrollar su parte emocional, y es lo que ha estado estudiando en los últimos años, “eso me ha dado una gran felicidad”.

 

Añadió que “el esquema de prioridades cambia, te das cuenta que tenías valores que no funcionaban y tuve que buscar nuevos valores. Empecé a ver la vida de otra manera».

«Y me encantó y me encanta lo que estoy haciendo, y tengo dos hijos, uno de 33 y otra de 23, viven en Madrid, estoy casado en segundas nupcias”.

También por ese camino derivó hacia el tema de las ventas y descubrió que se comenzó a trabajar en ellas desde el punto de vista de las emociones. Más adelante publicó su primer libro: Personas compran personas y fue un éxito.

 

Neuroventas

Comentó que 10 años atrás venía de tener un éxito increíble, su primero libro fue un fenómeno, pero se vio obligado a irse de Venezuela debido a la dificultad para viajar a atender los clientes que comenzaron a requerirlo fuera del país.

Se fue a vivir en Bogotá y Panamá, y ahora vuelve a Venezuela con esa experiencia en otros mercados, que quiere utilizar para transmitirla en el país, con el objetivo de dignificar la profesión de las ventas.

Este plan lo iniciará con un evento para el mes de julio en el que compartirá con expertos de otros países.

Indicó que, como profesor universitario de neuromarketing (estudio de los procesos mentales y comportamientos de compra de las personas), lo que ha hecho es adaptar sus conocimientos e investigaciones sobre esa ciencia en y aplicarlos a su modelo de ventas consultivas ya que, ante todo, es un profesional de las ventas.

 

De allí surgió Neurosales o neuroventas, que, por coincidencia, integra su apellido en el nombre de su marca personal, “mi posicionamiento de marca es lo que se conoce en mercadeo B2B, es decir, yo hago negocios con empresas».

«Mi posicionamiento es trabajar con empresas, para ayudar, formando personas de las empresas, trabajar con perfil del cliente”.

Su empresa ofrece experiencia en el mercado latinoamericano, técnicas de aprendizaje acelerado, facilitadores y coaches internacionalmente certificados, adaptación de los programas a las realidades de las empresas, y competencias claves para el diseño instruccional y evaluación del aprendizaje.

Destacó que en Venezuela se valora la formación y todavía hay oportunidades de negocio, y que hay mucho público joven interesado en formarse y él tiene mucho que aportarles de todo lo que ha aprendido y que su misión es “cooperar en la construcción de organizaciones de excelencia humana a través del aprendizaje transformador”.

Si quiere conocer más sobre Consultores Neurosales puede consultar su página web neurosales.com, su blog neurosales.blogspot.com, y las redes sociales Twitter e Instagram como @neurosales.

Nota de prensa

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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad

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En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras. 

Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar. 

Qué hace inolvidable un final de sprint

Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.

Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:

  • Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
  • Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
  • Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
  • Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
  • Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
  • Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.

Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.

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