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Desarrollan Inteligencia Artificial capaz de detectar si una persona sufre depresión
El Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) presentó una Inteligencia Artificial (IA) capaz de detectar si una persona sufre depresión.
La IA tiene la capacidad de detectar depresión en conversaciones , ya sea en audio o texto; sin necesidad de un contexto concreto que facilite la detección. De esta manera podría utilizarse en el futuro en aplicaciones móviles que cualquiera pudiera instalar en sus teléfonos.
Según la Organización Mundial de la Salud, más de 300 millones de personas en el mundo padecen de depresión; además de ser considerada la primera causa de discapacidad. La depresión es una enfermedad mental silenciosa y muy incomprendida, que resulta muy difícil de detectar.
Importancia de prescindir del contexto
En la práctica clínica, el psicólogo suele detectar la depresión a través de encuestas; estas poseen preguntas al paciente a asuntos muy concretos. Anteriormente existían modelos informáticos, estos prescindían de la presencia de un profesional, pero se mantenían las preguntas específicas; porque se trata de modelos entrenados para responder en base a las respuestas del paciente.
Sin embargo, esta nueva IA, diseñada por Tuka Alhani, del Laboratorio de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial; y por Mohammad Ghassemi, del Instituto de Ingeniería Medica y Científica; básicamente localiza patrones que puedan estar asociados a la enfermedad.
Lo lograron utilizando varias secuencias de datos y texto de personas deprimidas y mentalmente sanas; para poder detectar secuencias concretas de palabras o expresiones típicas de ambos grupos de individuos. Seguido, con la ayuda de algoritmos informáticos, pudieron crear un modelo que utilizaba toda la información obtenido para sus predicciones.
La IA ya ha sido probada en el campo con 142 entrevistas de texto, audio y vídeos de pacientes con depresión. Obtuvo una media del 77% de precisión al identificar a los pacientes con depresión.
ACN/Hipertextual
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.
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