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Pintan muro en memoria a los 140 periodistas asesinados en México

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Pintan muro en memoria a los 140 periodistas asesinados o desaparecidos en México. “Más de 140 periodistas asesinados”, dice en el muro fronterizo entre Tijuana y Estados Unidos, cerca de Playas de Tijuana.

El mural, que fue pintado por un grupo de periodistas y artistas locales y de la Ciudad de México, hace alusión a los más de 140 periodistas asesinados y desaparecidos en México desde 1999, aproximadamente.

Los medios locales señalan, que el mural se pintó en el marco del aniversario del asesinato del periodista sinaloense Javier Valdez, que el 15 de mayo cumplió un año de haber sido asesinado.

El fotoperiodista Hans-Maximo Musielik, dijo que la los nombres que aparecen en el muro es una lista que hizo basándome en tres bases de datos: Comittee to Project Journalists (CPJ), Artículo 19 y Reporteros sin Fronteras.

Es de mencionar, que “aunque tienen distintas maneras de contabilizar, mientras algún periodista apareciera en una de estas listas, decidí incluirlo”, manifestó el fotoperiodista germano- español.

Pintan muro en memoria a los 140 periodistas asesinados en México

En el muro que pintan en memoria de los colegas y amigos asesinados y desaparecidos en México, se enumera a cada uno por su nombre y año en que los asesinaron o despareció:

2018: Leobardo Vázquez Atzin, Leslie Ann Pamela Montenegro del Rea y Carlos Domínguez Rodríguez.

2017: Edgar Daniel Esqueda Castro, Luciano Rivera Salgado, Cándido Ríos Vázquez, Edwin Rivera Paz, Salvador Adame Pardo, Javier Valdez Cárdenas; Héctor Jonathan Rodríguez, Maximino Rodríguez Palacios, Ricardo Monlui Cabrera, Miroslava Breach Velducea y Cecilio Pineda Birto.

2016: Jesús Adrián Rodríguez Samaniego, Aurelio Cabrera Campos, Agustín Pavia Pavia, Pedro Tamayo Rosas, Salvador Olmos García, Elidio Ramos Zárate; Manuel Santiago Torres González, Francisco Pacheco, Beltrán Moisés Dagdug Lützow; Anabel Flores Salazar, Gonzalo Alberto Manzanilla Escobedo, Marcos Hernández Bautista y Reinel Martínez Cerqueda.

2015: Rubén Manuel Espinosa Becerril, Filadelfo Sánchez Sarmiento, Juan Atalo Mendoza Delgado, José Gerardo Hesiquio Nieto Álvarez; Armando Saldaña Morales, Abel Manuel Bautista Raymundo y José Moisés Sánchez Cerezo.

Tambièn entre los periodistas asesinados o desparecidos en México están:

2014: Mario Alberto Crespo Ayón, María del Rosario Fuentes Rubio, Jesús Antonio Gamboa Urías, Octavio Altilano Román Tirado, Octavio Rojas Hernández, Nolberto Herrera, Jorge Torres Palacios y Gregorio Jiménez de la Cruz.

2013: Alberto López Bello, Mario Ricardo Chávez Jorge, Daniel Alejandro Martínez Bazaldúa, Jaime Guadalupe González Domínguez y Sergio Landa Rosado/desaparecido.

2012: Adrián Silva Moreno, Adela Jazmín Alcaraz López, Ramón Abel López Aguilar, Miguel Morales Estrada, Zane Alejandro Plemmons Rosales/desaparecido; Víctor Manuel Báez Chino, Federico Manuel García Contreras, Esteban Rodríguez Rodríguez; Guillermo Luna Varela, Gabriel Huge Córdova, Regina Martínez Pérez, Marco Antonio Ávila García.

2011: María Elizabeth Macías Castro, Gabriel Manuel Fonseca Hernández, Humberto Millán Salazar, Yolanda Ordaz de la Cruz; Ángel Castillo Corona, Miguel Ángel López Velasco, Misael López Solana, Pablo Ruelas Barraza; Marco Antonio López Ortiz, Luis Emanuel Ruíz Carrillo y Noel López Olguín.

2010: Carlos Alberto Guajardo Romero, Luis Carlos Santiago Orozco, Guillermo Alcaráz Trejo, Marco Aurelio Martínez Tijerina; Hugo Alfredo Oliveras Cartas, María Elvira Hernández Galeana, Juan Francisco Rodríguez Ríos; Evaristo Ortega Zarate, Ramón Ángeles Zalpa, Evaristo Pacheco Solís, Jorge Rábago Valdez, Miguel Ángel Domínguez Zamora y Jorge Ochoa Martínez,

Estos son los más de 140 periodistas asesinados y desaparecidos en México.

ACN/Hans-Maximo Musielik/redes

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Régimen reconoce crisis penitenciaria, pero no asume responsabilidades, dice OVP

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Régimen reconoce crisis penitenciaria. Durante años el régimen venezolano intentó desmentir, desacreditar o minimizar las denuncias sobre la crisis penitenciaria del país.

Sin embargo, recientes declaraciones de Diosdado Cabello, del fiscal general Larry Devoe y de la defensora del pueblo, Eglée González Lobato, terminaron reconociendo públicamente los problemas que el Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP) lleva décadas documentando, tales como el retardo procesal, la criminalización de la pobreza, el uso prolongado de centros de detención preventiva y la vulneración sistemática de derechos fundamentales.

Lo preocupante no es que ahora reconozcan la crisis, lo verdaderamente alarmante es que la reconozcan después de años de denuncias, informes, muertes bajo custodia y miles de personas atrapadas en un sistema que ellos mismos admiten que no funciona.

Las cifras presentadas por Diosdado Cabello son contundentes, actualmente existen 58.714 personas privadas de libertad en Venezuela. De ellas, 12.425 tienen más de dos años detenidas sin sentencia y, además, 8.222 permanecen recluidas en centros de detención preventiva, espacios concebidos para estadías de 48 horas como máximo, que en la práctica han sido convertidos en cárceles permanentes.

No se trata de una falla administrativa ni de casos aislados, estamos hablando de más de doce mil personas cuyos derechos han sido vulnerados por un sistema incapaz de garantizar una decisión judicial dentro de un plazo razonable. Aunado a esto, y quizás el dato más preocupante, es que Lavoe reconoció que el 75% de los condenados admitió los hechos.

Régimen reconoce crisis penitenciaria

Además, señaló que cerca del 70% de la población penitenciaria proviene de los sectores más pobres del país y que el 81% corresponde a personas que ingresan por primera vez al sistema penal. Lejos de ofrecer tranquilidad, estas cifras generan nuevas interrogantes: ¿El propio fiscal está reconociendo que miles de personas terminan admitiendo los hechos para escapar de un sistema incapaz de juzgarlas oportunamente?

Cuando una persona enfrenta años de prisión preventiva, hacinamiento, condiciones indignas de reclusión, falta de atención médica, alimentación insuficiente, escasez de agua potable y la incertidumbre de no saber cuándo será juzgada, la admisión de los hechos deja de ser una simple decisión jurídica y puede convertirse en una estrategia de supervivencia.

Al respecto, la verdadera pregunta no es cuántas personas admitieron los hechos, sino cuántas sintieron que no tenían otra alternativa. Entonces, ¿estamos frente a un sistema de justicia que combate la criminalidad o frente a un sistema que termina castigando de manera desproporcionada a los sectores más vulnerables de la sociedad?

Crisis devastadora

Mientras tanto, las consecuencias de esta crisis continúan siendo devastadoras. Desde abril de 2026 hasta la fecha, el OVP ha documentado al menos 22 muertes bajo custodia del régimen venezolano. A ello se suma una conclusión alarmante de nuestro Informe Anual 2025, el 95% de los fallecimientos registrados estuvieron asociados a la falta de asistencia médica oportuna.

Por ello resulta imposible analizar el retardo procesal, el hacinamiento o el colapso de los centros de detención preventiva como problemas aislados porque todas estas situaciones forman parte de una misma crisis que deteriora progresivamente la salud, la integridad y la vida de las personas privadas de libertad.

Las personas que pasan años esperando una sentencia también están expuestas a enfermedades, al deterioro de su salud física y mental, a la ruptura de sus vínculos familiares y a condiciones incompatibles con la dignidad humana.

En este contexto, las declaraciones de la nueva defensora del pueblo, Eglée González Lobato, merecen especial atención. Al afirmar que la institución debe atender a presos políticos, presos comunes, adultos mayores, adolescentes, niños y demás grupos vulnerables, reconoce implícitamente la magnitud de la crisis existente.

Sin embargo, el país no necesita más diagnósticos, las cifras expuestas por los voceros del régimen demuestran que el problema es ampliamente conocido por las instituciones del Gobierno. Lo que las personas privadas de libertad, sus familiares y la sociedad esperan no son nuevas declaraciones, sino respuestas concretas.

Preguntas a responder

¿Qué medidas adoptará la Defensoría del Pueblo para atender a las 12.425 personas que permanecen más de dos años sin sentencia? ¿Qué acciones impulsará para reducir la permanencia de miles de detenidos en centros de detención preventiva?

Además, ¿Qué hará frente a las denuncias de hacinamiento, enfermedades, tortura y muertes bajo custodia que continúan registrándose en cárceles y calabozos policiales?

Durante años, bajo la gestión de Alfredo Ruiz, la Defensoría observó cómo se acumulaban denuncias de retardo procesal, hacinamiento, tortura, enfermedades, muertes bajo custodia y graves violaciones de derechos humanos dentro de los lugares de reclusión. Hoy la nueva administración tiene la oportunidad de demostrar si actuará de manera distinta o si el reconocimiento de la crisis quedará reducido a otro ejercicio retórico sin consecuencias reales para quienes la padecen.

Las cifras ya están sobre la mesa y los diagnósticos también, lo que sigue faltando son responsables, decisiones y acciones concretas capaces de transformar una realidad que durante años ha condenado a miles de personas a sobrevivir dentro de un sistema que reconoce sus fallas, pero sigue sin corregirlas.

Cuatro planes, los mismos problemas

La actual Consulta Nacional para la Reforma de la Justicia Penal no es la primera iniciativa impulsada por el chavismo para transformar el sistema de justicia. De hecho, se trata al menos del cuarto “gran plan” anunciado durante los últimos veinte años con la promesa de corregir problemas como el retardo procesal, el hacinamiento, la corrupción institucional y las fallas estructurales del sistema penitenciario.

En 2005, durante el gobierno de Hugo Chávez, el Tribunal Supremo de Justicia puso en marcha el Plan de Reforma Estructural y Modernización del Poder Judicial. 16 años después, en 2021, Nicolás Maduro anunció una «revolución profunda y acelerada» del sistema de justicia a través de la Comisión Presidencial para la Revolución del Sistema de Justicia, presidida por Diosdado Cabello y Cilia Flores, con el objetivo de reducir el hacinamiento carcelario y combatir el retardo procesal.

Posteriormente, en febrero de 2026, activaron una Comisión Especial para la Reforma del Sistema Judicial, nuevamente bajo el liderazgo de Diosdado Cabello, con énfasis en la intervención de los centros de reclusión. Apenas unos meses después, en junio de 2026, surge la Consulta Nacional para la Reforma de la Justicia Penal, impulsada por el gobierno de Delcy Rodríguez, con el propósito de reconfigurar el sistema penal y combatir la corrupción institucional.

Dos décadas, cuatro planes de reforma, múltiples comisiones, diagnósticos reiterados y promesas de transformación después, el régimen vuelve a reconocer los mismos problemas que aseguró estar combatiendo. Mientras tanto, miles de personas continúan privadas de libertad sin sentencia, sobreviven en calabozos convertidos en cárceles permanentes y siguen muriendo bajo custodia.

ACN/MAS/Prensa OVP

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