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La Fuerza de la Inteligencia

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La fuerza de la inteligencia: Por Cora Páez de Topel.-  La inteligencia se define como la facultad que tiene el ser humano de entender, de comprender los problemas para tratar de buscarles una solución.  Es una fuerza intelectual  que se  desarrolla en el cerebro del hombre, superior a la fuerza bruta cuando sabe valerse de estrategias dirigidas a lograr los objetivos planteados.

En tiempos difíciles,  como los que se viven desde unos años para acá en Venezuela, es necesario poner a funcionar la inteligencia para definir la estrategia, como “el arte de coordinar la acción de las fuerzas militares, políticas, económicas y morales, implicadas en la conducción de un conflicto o en la preparación de la defensa de una nación o de una comunidad de naciones”.

(Cita del Diccionario Enciclopédico Pequeño Larousse 2000).

Inteligentes somos los venezolanos para saber lo que queremos como país, derechos consagrados en la Constitución que están siendo violados impunemente, sin que hayamos logrado sacudirnos el yugo de la opresión comunistoide, corrupta y delincuente, no por falta de combate de la sociedad civil organizada, de los empleados públicos y privados que han perdido sus puestos de trabajo por el cierre de las empresas y de los estudiantes que se han lanzado a la calle con numerosas acciones de protesta cívica, paro petrolero, manifestaciones,  diálogo, denuncia ante los organismos internacionales, periodistas y articulistas de prensa, redes sociales que transmiten las informaciones en un mundo globalizado, de tal manera que lo que está sucediendo en Venezuela lo sabe el mundo entero.

Con todo eso, la lucha debe continuar para evitar que el gobierno se perpetúe en el poder, como es su intención.

Capitalizar el descontento fortaleciendo un bloque unitario, reiniciar la  participación activa de los ciudadanos conscientes de la urgencia de cambiar el modelo sostenido con las dádivas sacadas del erario nacional que el gobierno reparte a su antojo en forma de bonos gratuitos, previa presentación del Carnet de la Patria, ficha indigna de los adeptos a la Revolución, o de quienes  se dejan seducir por el engaño sostenido para continuar recibiendo prebendas, cuya contraprestación es la sumisión al poder central.

Es hora de que los venezolanos  preocupados  por el falso montaje que han instalado en nuestro país quienes lo están saqueando de una manera descarada, repartiendo los bienes públicos en pequeñas porciones que no pasan de los 700 mil bolívares para el pueblo, como tapa de frasco del Estado delincuente, Quienes y cómo se robaron el dinero de los venezolanos, como lo relata el  libro “El Gran Saqueo”, de Carlos Tablante y Marcos Tarre,  prologado por Pompeyo Márquez (+).

Es una solución fácil pretender que las Fuerzas Armadas de Norteamérica van a solucionar el conflicto interno de Venezuela mediante una invasión, si la sociedad civil organizada, apoyada por nuestras propias Fuerzas Armadas y por los líderes políticos de los partidos de la oposición no se une para acabar con los abusos.  La inteligencia ha de servirnos para  activar las estrategias adecuadas que nos conduzcan a una salida pacífica y democrática, que nos conduzcan por  el camino del progreso, la justicia y la paz.

Valencia, 06 de Marzo de 2018.

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Campos de entrenamiento en Colombia

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Campos de entrenamiento en Colombia: Por Leopoldo Puchi.- De acuerdo con informaciones provenientes de agencias especializadas, por lo general confiables, en Colombia se habrían instalado campos en los que venezolanos reciben entrenamiento militar. El contingente sería de varias centenas de efectivos y contaría con instructores tanto venezolanos como colombianos. Un asunto muy delicado. De modo que sería conveniente que la situación fuese verificada, sin alarmismos, por las instancias correspondientes de la Organización de Naciones Unidas (ONU), cuya misión esencial es preservar la paz.

Esta información viene al caso, y reviste importancia su evaluación para quienes analizan o se interesan por la situación venezolana, en razón de los peligros potenciales de una deriva bélica de los acontecimientos, algo que no luce inminente pero que es difícil descartar de los escenarios prospectivos. Es más conveniente detenerse a tiempo a considerar los datos de la realidad, que ignorarlos por estimar muy poco probable que en el mundo actual las disputas geopolíticas se diriman en los terrenos acostumbrados del pasado siglo XX.

El presidente de Colombia, Iván Duque ha señalado en varias oportunidades que no tiene planteado adoptar “una actitud bélica ni belicista con Venezuela”. Del mismo modo, su ministro de relaciones exteriores, Carlos Holmes Trujillo, ha dicho que descarta cualquier tipo de “intervención militar” porque “Colombia no es amiga de las soluciones militares en esta materia”.

Sin embargo la tensión entre las dos naciones cada día se acrecienta e incluso el mismo ministro Trujillo ha recibido instrucciones de suspender cualquier tipo de contacto con las autoridades venezolanas, a pesar de que, siendo naciones fronterizas, son innumerables los asuntos grandes y pequeños que día a día deban tratarse entre las cancillerías.

En declaraciones recientes el presidente Iván Duque ha señalado que es necesario “acorralar diplomáticamente” al gobierno venezolano y ha expresado que Colombia no va a “hacer la pantomima de seguir manteniendo relaciones diplomáticas con Venezuela”. Pero también ha expresado que continuarían las relaciones comerciales. Habría que ver si se mantendría una misión diplomática para ese fin, o si se piensa solo en relaciones consulares.

De producirse a partir del 10 de enero de 2019 una verdadera ruptura de relaciones diplomáticas entre los dos países, cobraría mayor importancia prestarle atención a la información que se ha dado a conocer sobre el entrenamiento militar de venezolanos en el territorio del país vecino. La experiencia latinoamericana en esta materia es amplia, ya que han sido numerosos los casos en los que ese tipo de contingentes, de mayor o menor envergadura, han formado parte de las fichas que se mueven en el tablero de las zonas calientes. De manera que, en cualquier circunstancia, habría que buscar vías de comunicación entre los dos países, haya o no ruptura de relaciones, porque estaríamos sentados sobre un polvorín.

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