Connect with us

Opinión

Iván Duque: La guerra y la paz

Publicado

on

terrorismo - acn
Compartir
  • 4
    Shares

Iván Duque: La guerra y la paz: Por Leopoldo Puchi.- La posible elección de Iván Duque a la presidencia de Colombia representa, sin duda, un motivo de inquietud, ya que podría afectar fuertemente las relaciones entre Caracas y Bogotá, más allá del significado interno que esa opción simboliza. En lo esencial, los electores colombianos no se están definiendo en referencia a Venezuela, sino sobre cuestiones internas vinculadas al propio proceso de paz y la orientación de las propuestas realizadas.

La actitud asumida por Duque durante la campaña electoral ha sido muy beligerante al aludir a Venezuela y ha adquirido compromisos que pudieran conducirlo, de ser electo, a tensar la cuerda hasta el punto en el que no pudiera descartarse un conflicto armado entre los dos países. Al evaluar las probabilidades de que esto ocurra así, no se pueden ignorar sus estrechos vínculos con Álvaro Uribe, quien ya había amenazado anteriormente con una intervención militar en Venezuela.

Duque no ha llegado al extremo de Uribe y ha señalado que su relación con el gobierno venezolano “no será bélica ni belicista”. Pero al mismo tiempo ha amenazado con dirigirse a la Corte Penal Internacional para solicitar el enjuiciamiento del Jefe de Estado, Nicolás Maduro, lo que obviamente conduciría a una ruptura de una profundidad abismal que pudiera tener consecuencias impredecibles. Cualquier situación o excusa mínima, serviría de detonante en una frontera caliente.

No hay que olvidar que existe un diferendo en relación al Golfo de Venezuela y la delimitación de áreas marinas y submarinas, y que en una parte de la élite colombiana persiste la ambición de apoderarse de las islas de Los Monjes. En la memoria está el episodio de la Corbeta Caldas, que al ingresar a las aguas territoriales venezolanas generó una crisis que estuvo a punto de convertirse en enfrentamiento armado. Con relación a este problema, Duque pudiera estar tentado de abandonar los mecanismos pacíficos de resolución del conflicto, previstos en tratados y acuerdos, lo que pudiera conducir a un enfrentamiento fratricida.

Por supuesto, los discursos electorales no hay que tomarlos al pie de la letra. El tono pugnaz de Duque hacia Venezuela tiene mucho que ver con la competencia electoral con Gustavo Petro. Hay un aspecto esencial que diferencia a los dos candidatos en el plano interno: la posición asumida en relación al proceso de paz. Petro ha respaldado la iniciativa del presidente saliente Juan Manuel Santos y es partidario del cumplimiento de los acuerdos suscritos, lo que pudiera atraer el apoyo de los seguidores de Sergio Fajardo y Germán Vargas Lleras.

Por su parte, Duque ha rechazado los acuerdos de paz y pudiera revertirlos y perturbar así las perspectivas de estabilidad que se le abren a la sociedad colombiana y empañar su nueva imagen internacional. De modo que, tanto por su posición interna, como por sus anuncios sobre Venezuela, de ganar el candidato del Centro Democrático se vislumbran conflictos, en lo interno y lo externo.

No deje de leer: Crónica de unas elecciones amañadas

Comentarios de Facebook

Opinión

El que llena la barriga se olvida del que no come

Publicado

on

El que llena la barriga - acn
Compartir

El que llena la barriga se olvida del que no come: Por Luis Fuenmayor Toro.- Es inaudito que hoy en Venezuela, quienes comen critiquen que quienes tienen hambre busquen cómo comer. Llaman a la gente a resistir, hablan de dignidad y fortaleza frente al régimen dictatorial, pero tienen el estómago lleno y sus necesidades satisfechas, por decir lo menos. Han vivido siempre de la renta petrolera, aunque no lo sepan o no quieran aceptarlo, pues ésta ha sido el exclusivo soporte de la vida nacional desde hace un siglo y no existe capital venezolano, ni grande ni pequeño, que no se haya hecho a la sombra de los negocios con el Estado. Quienes han gobernado han mantenido al pueblo, además de en la miseria, en la ignorancia, pues ésta no es producto del azar sino el resultado de un diseño social muy claro: dominarlo con la facilidad con la que lo han dominado. Cinco años promedio de educación formal teníamos en 1998, luego de 40 años de democracia representativa. Hoy, luego de 20 años adicionales de cacareo y robo revolucionario, la situación es similar aunque el gobierno se mienta a sí mismo.

Para quienes hacen política fuera de Venezuela, disfrutando de excelentes condiciones de vida, pues no han emigrado en la búsqueda de trabajo para sobrevivir, ni son como los exiliados políticos de Gómez y Pérez Jiménez, que subsistían con grandes esfuerzos y limitaciones, es extremadamente fácil proponer “salidas” que impliquen un mayor sufrimiento a los venezolanos, así como exigir “dignidad en la resistencia a la dictadura”. A quienes no comen, no tienen agua ni electricidad, caminan horas para trabajar por una remuneración miserable, sin medicinas para sus enfermos ni vacunas para sus hijos; en medio de la represión, del hostigamiento policial y las amenazas del hampa, es inhumano exigirles mayores sacrificios y que rechacen las ayudas gubernamentales con las que paliar sus infinitas necesidades.

Esas ayudas son iguales a las existentes en Venezuela desde 1958, para no ir más lejos. Al Plan de Emergencia de Larrazábal, luego del derrocamiento de Pérez Jiménez. Y para sólo referirnos al segundo gobierno de Caldera, diremos que tuvo 14 programas sociales: Programa de Alimentos Estratégicos (PROAL), Programa Alimentario Escolar (P.A.E.), de Multihogares y H.C.D., Alimentario Materno Infantil (PAMI), de Meriendas y Comedores (INN), de Dotación de Uniformes Escolares, de Capacitación y Empleo Joven, de Subsidio al Pasaje Estudiantil, de Subsidio Familiar, de Suministro de Medicamentos (SUMED), de Dotación de Ambulatorios, de Protección al Anciano, de Atención a los Pensionados y de Fortalecimiento Social.

No fue Chávez ni Maduro quienes inventaron las ayudas sociales, aunque griten que son los únicos que se han ocupado en Venezuela de los pobres y miserables. Es más, Chávez desmontó los programas sociales mencionados y dejó a la gente sin los mismos durante sus primeros 5 años. Esa es la verdad. Los retoma luego con el nombre de misiones obligado por el estancamiento político de su régimen y con un objetivo demagógico clientelar, que los anteriores programas no tenían. Tampoco es del Gobierno el dinero que se utiliza en los mismos. No es Maduro quien magnánimamente aprueba en cadena televisiva limosnas para los pobres, algo que nunca hicieron los jefes de Estado del siglo pasado. Pero allí está la maquinaria propagandística “socialista”, que más bien parece fascista, para inventar cualquier cantidad de absurdos e irrealidades.

Hoy, más del 85 por ciento de la gente es pobre. Los programas sociales deben ser extendidos a casi toda la población, y mucho más ante el paquetazo de ajustes neoliberales instrumentado por Maduro, que colocó a CAP a su izquierda. Es imprescindible la instrumentación de subsidios y quien administra los mismos decide que instrumento de control utilizará. Inaceptable y perversa es la condena hacia los pobres por utilizar el Carnet de la Patria, pues es una condición administrativa para recibir los subsidios directos que les corresponden y no son una dádiva de Maduro. Seguramente Julio Borges y otros no lo necesiten; ellos ganan en dólares y bastante y pueden pagar la gasolina de sus aviones. Pero dejen de exigirle a quienes no se han enriquecido a costillas de los demás, que no coman, que se trasladen a pie y que renuncien a lo que les corresponde.

Comentarios de Facebook
Seguir Leyendo

Facebook

Carabobo

Sucesos

Lo más leído