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Otra teoría sobre cómo nació la luna

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Otra teoría sobre cómo nació la luna: Por Carlos Zahumenszky.- Hay una nueva teoría sobre cómo nació la Luna, y se basa en un extraño fenómeno astronómico nunca visto llamado Synestia

El origen de la Luna sigue siendo un misterio. Existen varias hipótesis bastante creíbles sobre cómo se formó nuestro único satélite natural, pero nunca se ha podido probar ninguna de ellas. A esas hipótesis se acaba de sumar una nueva que implica algo que los astrónomos no han visto jamás: una synestia.

La teoría más popular sobre cómo se formó la Luna explica que el satélite es el resultado de la colisión de un objeto de gran tamaño (probablemente un planeta del tamaño de Marte) llamado Theia. El impacto fue tan brutal que puso en órbita toneladas de roca y polvo que se fueron amalgamando hasta formar la Luna. En 2014 se publicó un estudio que aportaba supuestas pruebas de Theia en la composición química de la Luna, pero no se considera concluyente.

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Otra hipótesis menos dramática postula que la Luna sencillamente era un objeto que se formó en el disco de acreción del que nacieron los planetas rocosos del Sistema Solar y la Tierra lo capturó por su propia gravedad. También se baraja la posibilidad de que Tierra y Luna se formaran en un sistema Binario desde el principio.

La nueva teoría que defiende la astrónoma Sarah Stewart y su equipo en la Universidad de California se parece un poco a esta última, solo que para funcionar precisa de un objeto que nunca hemos visto: la synestia. El palabro es una combinación de las palabras syn (juntos) y Hestia, diosa griega de la arquitectura.

Una Synestia es lo que ocurre cuando dos planetas del mismo tamaño colisionan violentamente. Los materiales de ambos forman una enorme nube de roca vaporizada y fundida que gira a gran velocidad en una forma similar a la de un dónut. Esta nube es breve en términos astronómicos. Apenas dura 100 o 200 años. En ese plazo, la nube se va enfriando y los materiales se cohesionan hasta formar un nuevo planeta.

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La Luna, emergiendo de la Synestia que luego será la Tierra.  Ilustración: Ron Miller/ Imagen: Sarah Stewart/UC Davisbasada en un render de la NASA

El caso de la Tierra fue diferente. En la colisión que formó la Synestia de la Tierra, un segundo objeto comenzó a nacer dentro de la nube a temperaturas de miles de grados y presiones de decenas de atmósferas. El objeto fue aglutinando material de forma simultánea hasta que, en un momento dado, emergió de la nube y comenzó a orbitar sobre el objeto más grande. Había nacido el sistema Tierra-Luna.

Todo este baile de objetos es completamente teórico, pero las simulaciones que Stewart y su equipo han realizado son coherentes. La hipótesis explica además uno de los grandes misterios de la Luna, porque comparte parte de la composición química de la Tierra, pero no toda. Al formarse dentro de la Synestia, ambos objetos agregaron en primer lugar los materiales más pesados. Los elementos más fáciles de vaporizar como el potasio el sodio o el zinc no tuvieron tiempo de agregarse a la protoluna y acabaron cayendo todos sobre la Tierra dentro de la synestia.

La nueva hipótesis no es completamente nueva, es un desarrollo de una idea que ya expresaron en 2017 la propia Stewart y el astrónomo de la Universidad de Harvard Simon Lock, que también firma este estudio. Por delante nos quedan años de cálculos astronómicos, análisis químicos y observaciones espaciales para tratar de confirmar esta teoría y, si tenemos suerte, observar una synestia. De momento, la conversación sobre cómo nació la luna se ha vuelto mucho más interesante. [Journal of Geophysical Research: Planets]

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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad

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En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras. 

Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar. 

Qué hace inolvidable un final de sprint

Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.

Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:

  • Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
  • Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
  • Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
  • Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
  • Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
  • Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.

Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.

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