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El drama del adulto mayor en Venezuela

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El drama del adulto mayor en Venezuela: Por María Auxiliadora Dubuc P.-El tiempo es un excelente maestro, porque se hace importante aprender a apreciar su  valor. Lo que si todos tenemos seguro en la mayoría de los casos, es que vamos a envejecer, y entenderlo y actuar en coherencia es lo inteligente.  Nuestros abuelos son una especie de libros vivientes y de archivos familiares, por eso en el lejano oriente honran a los ancianos, porque ellos son la luz, la sabiduría en tiempos de oscuridad, y la guía en momentos difíciles, en ese orden son venerados, porque significan el mayor de los tesoros.

La situación y sobre todo la actitud en Venezuela frente al adulto mayor es espeluznante,  la indiferencia es cada vez más notoria, principalmente en el sector juvenil. Sobre este tema, la insensibilidad hacia estas valiosas personas queda de relieve cuando menosprecian una ayuda solicitada por un abuelo para cruzar una vía o cuando piden información de alguna dirección. En definitiva son ignorados por todos: ciudadanos y gobierno, cuya responsabilidad ineludible es garantizarles una vida digna, hasta el final de sus días.

Llegar a cierta edad debería ser considerado un logro y en ese orden los adultos mayores deberían ser receptores de premios y alabanzas, porque entregaron sus capacidades y fortalezas al desarrollo de este país desde cualquiera de sus actividades profesionales u oficios diversos sin embargo, ya no son reconocidos, pese al gran estatus ganado que poseen en sí mismos, por el contrario son marginados, en lugar de luchar para que ocupen el más alto sitial con honores, en virtud de la trayectoria que han tenido tanto familiar, social, gremial como empresarial.  Sus pasos lentos son literalmente atropellados con el más desatinado desprecio por quienes por semejanza pudieran ser sus propios padres o abuelos.

Pero la realidad es que los adultos mayores no escapan de la crisis económica, política y social que estamos viviendo, por lo que Venezuela, hoy día se ha convertido en la nación más difícil de nuestra América Latina para envejecer.

En este país la tercera edad está huérfana de atención, después de toda una vida de trabajo con el fin de levantar la familia, y en muchos casos entregar lo mejor al país en términos de formación, capacidad de trabajo y entrega, al final del camino, los abuelitos intentan sobrevivir con ingresos que no alcanzan ni para un cartón de huevos.

Inmersos en las turbulencias del país, el caos para cobrar la pensión o morir en el intento, es algo inusitado, frente a los bancos mensualmente largas colas esperando respuesta a lo que llamaríamos un bono de subsistencia, de esta manera los pensionados… callados hacen largas colas frente a los bancos, soportan frio y calor, ganas de ir al baño, hambre y maratónicas jornadas que, en oportunidades, les cuestan la vida. Allí, frente a la mirada absorta de todos, pasan día y noche. El drama es un holocausto, quizás no de humanos, pero sí de vidas, sueños, esperanzas y el de una vejez digna y tranquila.

Desde el análisis de la situación, sin comida ni medicinas, con hijos y nietos fuera del país, víctimas del hampa y con pensiones que  resultan francamente insuficientes para vivir, ser abuelito en Venezuela se ha convertido en un verdadero drama. De este modo, los derechos sociales y  las violaciones de garantías fundamentales de personas de la tercera edad  atraviesan tres problemas fundamentales: desabastecimiento de alimentos, dificultad para adquirir medicinas y  el más importante de todos: la soledad.

Con relación al desabastecimiento de alimentos, nos encontramos con  adultos mayores perdiendo peso, masa muscular, porque están consumiendo carbohidratos y azúcares, todo lo cual aumenta su riesgo a nivel de salud, además del tema de la osteoporosis,  porque cualquier caída es una fractura segura que los puede postrar en  la cama de por vida.

Eso aunado a la falta de medicamentos, el desabastecimiento de tratamientos para hipertensos y diabéticos campea y en caso de encontrar el fármaco requerido, su alto costo impide su adquisición.

Con relación a la migración que sufre el país, la población adulta se está quedando sola por lo que al verse en esa situación entran en depresión. Los hijos y nietos migran a otras latitudes en busca de oportunidades y de una calidad de vida que el país no ofrece, muchos ayudan desde afuera, pero  a veces no pueden porque enviar remesas es cuesta arriba y además  tomando en cuenta que tienen sus familias; a las cuales alimentar, los ancianos están destinados a morir huérfanos, como si fuera poco.

A eso se suma el incremento de la victimización de las personas de la tercera edad debido a la inseguridad, la mayoría de los incidentes ocurrieron en  la casa de la víctima, en la mayoría de los casos adultos de la clase media empobrecida que se está quedando sola.

Hay otros factores que hacen de la vejez un drama casi inmanejable. En sus casas los abuelos ya pueden ser unas víctimas, pero en centros de atención o ancianatos son doblemente victimizados., allí redujeron las frecuencias y las raciones en los platos. El resultado es que los abuelos son abandonados en esos lugares, que no son fiscalizados por ningún órgano gubernamental.

La triste realidad es que seguridad social que significa que el pueblo tenga bienestar, en Venezuela no está garantizada. La Gran Misión del Amor Mayor fue concebida a los efectos de  incluir en la asignación de pensiones a los adultos mayores que no habían cotizado ante el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS), o a quienes trabajaron durante años sin haber sido registrados, incluyendo amas de casa, campesinos, deportistas y taxistas, pescadores, etc. Sin embargo, este programa no cumplió su cometido y se ha convertido en un espacio para el  clientelismo y populismo. Hay abuelitos a los que dieron por muertos y los sacaron del sistema, quedando completamente desamparados y para que les regresen la pensión tienen que llevar la fe de vida ellos mismos situación esta que han vivido personas de 90 años de edad que no se pueden mover.

La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela en su capítulo V de los Derechos Sociales y de las Familias, consagra en el artículo 80 :  “El Estado garantizará a los ancianos y ancianas el pleno ejercicio de sus derechos y garantías. El Estado, con la participación solidaria de las familias y la sociedad, está obligado a respetar su dignidad humana, su autonomía y les garantizará atención integral y los beneficios de la seguridad social que eleven y aseguren su calidad de vida.

Las pensiones y jubilaciones otorgadas mediante el sistema de seguridad social no podrán ser inferiores al salario mínimo urbano. A los ancianos y ancianas se les garantizará el derecho a un trabajo acorde con aquellos y aquellas que manifiesten su deseo y estén en capacidad para ello”.

Otras normas legales que regulan la materia dirigida al amparo del adulto mayor en el país son:   la Ley Orgánica del Sistema de Seguridad Social y la Atención Integral al Adulto Mayor; Ley de Servicios Sociales: Asistencialismo a favor de los más necesitados y Ley del Seguro Social Obligatorio: Previsión Social a favor de la Protección en la Vejez.

El Código Civil venezolano también protege a los adultos. Lo especifica el artículo 284: “Los hijos tienen la obligación de asistir y suministrar alimentos a sus padres, y demás ascendientes maternos y paternos.

Esta obligación comprende todo cuanto sea necesario para asegurarles mantenimiento, alojamiento, vestido, atención médica, medicamentos y condiciones de vida adecuados a su edad y salud, y es exigible en todos los casos en que los padres o ascendientes carecen de recursos o medios para atender a la satisfacción de sus necesidades o se encuentran imposibilitados para ello”.

Todo este marco jurídico garantiza a las personas amparadas, sin discriminación alguna, los derechos humanos así como los de carácter civil, de nacionalidad y ciudadanía, los políticos, sociales, de la familia, culturales, educativos, económicos, ambientales en los términos y condiciones establecidos en la Constitución, las leyes y los tratados, pactos y convenciones, suscritos y ratificados por la República Bolivariana de Venezuela.

Por lo tanto, es un deber ineludible del Estado restablecer la protección, respeto y dignidad a los adultos mayores o de la tercera edad ante tanta indiferencia, discriminación, exclusión y miseria injusta a que son sometidos.

El respeto por las personas mayores, es un valor, se trata de principios que  se enseñan y adquieren desde el hogar por lo que es, sin duda, un deber ineludible de los padres, inicialmente, practicarlo diariamente. Pero también los hermanos y los tíos de los niños y adolescentes tienen la responsabilidad y la tarea de instruirlos sobre ese amor, atención, reconocimiento y cuidados que merece el adulto mayor.

De parte de los propios abuelos está también asumir una actitud firme, de infundir respeto de modo que sus nietos los vean como los grandes pilares de su crecimiento.

Urge de manera importante un recate de valores, poner en cada arruga una palabra de amor para el adulto mayor resulta fundamental, en cada mano amorosa extendida a nosotros, extender  un abrazo cálido para ellos, en cada palabra de ejemplo, una escucha con atención, en definitiva, debemos propender a un acercamiento más próximo y mas cálido, que les haga sentir útiles y que les transmita felicidad en sus últimos años de vida.

María Auxiliadora Dubuc P. – @mauxi1

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Carta de Lorent Saleh

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Poesía. “Quienes queremos cambiar el mundo jamás nos damos por vencidos”

Poesía. Desde niño mi sueño siempre fue ser poeta, hacerme de las letras hasta convertirme en poesía y trascender dejando la materia; y este es mi drama, mi padecimiento permanente, mi conflicto existencial, mi guerra conmigo y con mi yo más profundo que se ve frustrado e incompleto. Y es que voy fallidamente tras la poesía y ese mundo de palabras que la política intenta arrebatarme y quitarme de las manos.

Nací en una tierra hermosa donde se devaluó la vida hasta borrarse por completo el significado de la dignidad y el sentido de lo humano, se desataron los demonios de la avaricia y el resentimiento, se creció toda la intolerancia al libre pensamiento con el objetivo de imponer, con fuego y hambre, un pensamiento único en medio de la polarización de los sectores dominantes. Usan la política para hacer lo malo y joderse -queriendo y sin querer- en los más pobres… Entonces, como otros jóvenes, terminé de cabeza consagrado en aquella romántica terquedad de querer cambiar el mundo en el que vivo. Ahora estoy acá, en una celda desde hace ya algunos años y mi madre, afuera en el portón, sufre y lucha como leona por mi regreso al hogar. Pase lo que pase ella no se da por vencida y no deja de creer, pues un amor de madre la proyecta al infinito.

 

Desde la última vez que vi el cielo y presencié el atardecer hasta hoy he vivido intensamente, he vivido más que nunca, aunque algunos esperarán lo contrario. Me han golpeado en el alma y en el cuerpo y me han herido en lo profundo. Me han quitado casi todo, he perdido muchas cosas mucha veces, he querido morirme al punto de cortar mis venas y sentir descanso en cada gota derramada, también he deseado vivir y he entrado en pánico al sentir la muerte tan de cerca, he vivido la soledad como un castigo y como una bendición al mismo tiempo, me han aislado de todo tanto tiempo que me llevaron sin remedio a encontrarme con mi yo.

Me metieron en una Tumba fría un poco más de dos años y de ella salí vivo, me llevaron a la Roca Tarpeya y me metieron en una caja de concreto en un lugar llamado el Helicoide. Soy testigo de torturas de mil formas y expresiones; he visto lo más grotesco de lo humano y lo más hermoso en medio de la desgracia. Hace mucho que dejé de ver la luna pero aún hablo con ella y con ella me conecto con el resto. De obstáculo en obstáculo voy ganando las batallas aunque el cuerpo mucha veces me traicione.

Luego de 3 años y muchos meses, de La Tumba y La Roca, de golpes en el alma y en el cuerpo, de dos celdas y muchas requisas, de quedarme solo y de ver a tantos partir una y otra vez, de dos motines y el aislamiento prolongado par de veces sin piedad… Estoy, sigo vivo y vivo más que nunca, sin motivos para el odio y ligero de equipaje, con agua, un colchón y par de libros; y resultó que soy finalmente libre, casi feliz en lo que se suponía debía ser un cruel tormento. He encontrado muchas respuestas que pensé que nunca encontraría. Finalmente entendí que la libertad no se trata de poder tener sino de no necesitar y que realmente sólo pierde quien se rinde y que la clave está en perder el miedo a caerse y en levantarse una y otra vez con humildad… Que la celda es tan solo una caja y una idea es todo un universo.

Esto no es un documento ni una carta papel-dirigida, no es un artículo ni mucho menos mi opinión acerca algo; esto parte de la nada, es más como un intento errático de mirarme desnudo y flaco frente al espejo que no tengo, mi poesía frustrada que busca liberarme y que pelea con la política que me mantiene secuestrado – el síntoma de la enfermedad que padezco y controla mi mundo todo y me hace ser quien soy. El lenguaje de la mía existencia que no lograron desgraciar los empleados fieles del sistema, mi más pura y vulgar intimidad carcelaria develada en papel de contrabando, la rutina abstracta de un libertario colocado en una caja. Un pequeño fragmento [de yo] antes del partir.

No sé cuánto dure y hasta dónde llegue, pero seguiré resistiendo con amor y sin excusas.

Lorent Saleh

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