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Las dictaduras no pierden elecciones en Venezuela

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Las dictaduras no pierden elecciones en Venezuela: Por Ronal F. Rodríguez y Francesca Ramos.- Aunque el oficialismo pasa por uno de sus peores momentos, la oposición tiene pocas opciones de ganar. Un ejemplo son las pasadas elecciones de gobernadores: Las dictaduras no pierden elecciones en Venezuela

El caso venezolano es el del deterioro en cámara lenta de la democracia partidista más antigua de América Latina. De la crisis de la democracia representativa se pasó por el espejismo de una democracia participativa y protagónica a la implementación de un autoritarismo competitivo y que está dando origen a un nuevo modelo de dictadura del siglo XXI. El momento de la ruptura democrática se puede fechar el 2 de diciembre de 2007, cuando la oposición venezolana logró su primera victoria electoral.

Hace 10 años, cuando Hugo Chávez buscó reformar la Constitución venezolana, tres razones principales explican la primera derrota electoral de la “Revolución Bolivariana”: la primera es el abandono de importantes sectores al proyecto de Chávez, quienes no estaban de acuerdo con el viraje en dirección al Socialismo Bolivariano del Siglo XXI. Quizás el más representativo de ellos fue Raúl Isaías Baduel, compadre y amigo personal de Chávez, y quien lo rescató del golpe de Estado de 2002. Los partidarios de la democracia participativa y protagónica no compartían el modelo de inspiración cubana que se pretendía imponer en aquel entonces.

La segunda razón fue la movilización estudiantil del año 2007, que se reflejó en protestas callejeras y un evidente desasosiego social. El poderoso y popular presidente no supo enfrentar a los jóvenes que se levantaron contra el cierre de RCTV a inicios de ese año y que cerraron filas ante la amenaza que se cernía sobre el sistema democrático. Las imágenes de la represión de los cuerpos de seguridad contra los jóvenes universitarios deterioraron la imagen del gobierno.

Y la tercera razón que explica la derrota del hasta ese momento monstruo electoral, fue la subestimación del valor político de las regiones y sus líderes. La reforma constitucional proponía vaciar de poder a los gobernadores y a las estructuras de poder regional, buscando construir una especie de baipás entre el ejecutivo nacional y las bases, pero que en la práctica era leído como una concentración del poder. Lo que llevó a que, incluso, los líderes del propio chavismo, le dieran la espalda a la reforma propuesta y no estuvieran dispuestos a minar su poder.

Una década más tarde, las elecciones de gobernadores son percibidas como una batalla relevante pero no definitiva en la lucha política. La idea de reformar la Constitución fue superada ampliamente por el cambio constitucional promovido por el presidente Nicolás Maduro y su Asamblea Nacional Constituyente (ANC), que a casi tres meses de su posesión ha destruido la poca seguridad jurídica que le quedaba al Estado venezolano. Los denominados “decretos

constitucionales” han derruido la Constitución de 1999 y todo el marco legal existente, generando una gran incertidumbre.

Hoy las divisiones al interior de las filas chavistas son mayores. Al desaparecer Chávez, el poder es ejercido por una coalición de sectores y familias que desconfían las unas de las otras, pero que se necesitan para sobrevivir; múltiples escisiones debilitan el ejercicio efectivo del gobierno.

Importantes representantes de la era Chávez han sido apartados del centro, como es el caso de Rafael Ramírez, ex hombre fuerte de Pdvsa y, por lo tanto, del poder económico. Otros fueron expulsados discretamente, aislando todas sus redes, como fue el caso de Jorge Giordani, hombre intocable en los años de Hugo Chávez. Y otros se separaron de forma traumática de la cúpula gobernante; el caso más significativo es el de Luisa Ortega Díaz, que desde la fiscalía general denunció la ruptura del orden constitucional, pero que logró escapar de Venezuela antes de ser alcanzada por la ira chavista, que, como se demuestra en el caso de Baduel, no es poca cosa, aún hoy sin claridad sobre su condena y tiempo de salida.

Por otro lado, la represión de los aparatos de seguridad legales e ilegales ha transformado la imagen internacional de la Revolución Bolivariana. La represión de los años de Chávez palidece ante los detenidos, heridos y muertos que se reportan por diferentes organizaciones defensoras de derechos humanos bajo el gobierno de Nicolás Maduro. El tema ha dejado de ser un asunto de imagen para convertirse en una preocupación internacional.

En cuanto a la relación de poder entre lo central y lo regional, al ser Venezuela un Estado federal se esperaría que la crisis política, económica, social y humanitaria por la que atraviesa influya de forma diferenciada en cada gobernación, dependiendo de sus características geográficas, demográficas y sociales. No obstante, la concentración de poder que fuera rechazada por los ciudadanos hace 10 años se materializó fácticamente en el contexto de la crisis.

La “Revolución Bolivariana” implementó una relación clientelar extorsiva que fomentó la dependencia del ciudadano al Estado, no solo en la atención de sus demandas en cuanto a los servicios normales que suele proveer a la sociedad, como educación, salud o seguridad, sino que capturó la estructura socioeconómica, ampliando su espacio de acción, llegando incluso a controlar con fuerzas de seguridad la producción, distribución y comercialización de productos como el pan.

Dicha dependencia busca utilizar las necesidades del ciudadano para garantizar la lealtad al proyecto político, o en su defecto para aumentar los costos de ser opositor al mismo. Así las cosas, un ciudadano, o milita en el chavismo y se inscribe en el “carné de la patria”, o no tendrá acceso a productos de la canasta básica, que en algunas regiones es la única forma de conseguirlos, o no tendrá acceso a derechos fundamentales, como por ejemplo, en materia de salud son las vacunas.

Hace una década, Chávez llegó al referendo de 2007 en un contexto que parecía favorable, una economía en crecimiento, con una importante victoria electoral en las presidenciales de 2006 y una alta popularidad internacional atizada por su personalidad y discurso, pero aun así perdió. Hoy

las condiciones para la derrota son más que evidentes; no obstante, como lo ha mostrado la historia venezolana, las dictaduras no suelen perder elecciones.

El oficialismo ha desplegado una estrategia que consta de tres herramientas para obtener la victoria. En primera instancia ha promovido la abstención de la oposición valiéndose de sus peleas internas. No es la primera vez que lograría resultados con dicha herramienta; en el período que va entre 1998 y 2006 logró generar un nivel de desconfianza entre los sectores opositores y con respecto del sistema electoral, el cual fue capitalizado en las elecciones de Asamblea Nacional de 2005, en las que no participó la oposición, y las presidenciales de 2006, en las cuales capitalizó la mayor diferencia.

La segunda es la instrumentalización del Consejo Nacional Electoral (CNE), el cual, a través del cambio de reglas electorales, la reorganización de las circunscripciones, la complejización de los procesos, la modificación de los registros, la reubicación de los puestos de votación y los respectivos ciudadanos, y la falta de transparencia en las alternativas de los tarjetones, disminuyen sensiblemente las posibilidades para que un opositor pueda ejercer su derecho de elección.

Y la tercera herramienta es la amenaza de desconocer el resultado, obviamente no de forma directa, sino velada, como se desprende de la declaración del presidente Maduro, en la medida en que supedita a los elegidos a tener que extender su reconocimiento a la ANC para hacer válida su elección. Este caso, a su vez, implicaría que, a pesar de que las elecciones se dieran con su derrota, la aceptación supuesta de la ANC implicaría que esta última podría cambiar, en el proceso de creación de la Constitución, las reglas de elección y desconocer los resultados actuales.

Los autores: Ronal F. Rodríguez , Profesor e investigador del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario, director de “Esto no es una frontera, esto es un río” en @urosarioradio y presidente de la Fundación Surcontinente @ronalfrodriguez

Y Francesca Ramos,  Profesora. Directora del Observatorio de Venezuela, de la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario.

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Liderazgo en la unidad

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Liderazgo en la unidad: Por: Cora Páez de Topel.-   Acertada la decisión de los  partidos de la MUD:  Acción Democrática, Primero Justicia y Voluntad Popular,  de negarse a asistir a los comicios presidenciales convocados para el próximo mes de Abril, por las razones ampliamente discutidas de fraude electoral anticipado e inconstitucional, advertido por los organismos internacionales, por los rectores de las universidades, los organismos empresariales y comerciales  y por la Conferencia Episcopal  Venezolana, reforzado el criterio al levantarse sin acuerdos de la Mesa de Diálogo efectuada en la República Dominicana y clausurada a comienzos del mes de Febrero.  Un buen signo de entendimiento entre los partidos fue el de Primero Justicia bajo la dirección del diputado  Julio Borges, quien rechazó firmar el documento por no cumplir con los requisitos planteados.

Una vez superadas las dudas de si salir o no a votar en fecha próxima, es fundamental que los líderes de los partidos que integran la MUD, así como otros dirigentes preocupados por la situación crítica del país, definan una estrategia a seguir en conjunto,  conformando un liderazgo fuerte que se sienta en la calle, de forma que la población descontenta entienda que sí será  posible dejar atrás las dificultades, porque hay ciudadanos dispuestos para la lucha política, sin  temor de perder privilegios, animados sólo por el sincero deseo de rescatar la Nación para devolverle la institucionalidad democrática,  perdida por la acción de un caudillo militar y de sus seguidores, que se desviaron  de la Ley Fundamental para implantar una tiranía difícil de erradicar si no se toman medidas eficaces, capaces de derrotar a los adversarios. Enquistados en el PSUV y a última hora en un partido nuevo, fundado por ellos quien sabe con qué oscuros fines: “Somos Venezuela”.   La convocatoria a elecciones generales a última hora,  por parte de Diosdado Cabello quien desea desesperadamente seguir manejando las riendas del poder, complica mucho más el escenario que debemos enfrentar con valentía, apoyados por los líderes.

Se siente en las personas con quienes uno se encuentra diariamente en las colas de los mercados, o en los bancos buscando efectivo o cobrando la pensión, una sensación de desaliento, de que esta situación va a continuar porque ya lleva muchos años y todo empeora, de que esto no tiene salida, de los deseos que tienen de emigrar.  Se pregunta uno entonces cómo es que los partidos que integran la MUD siguen tan calmados, con tan sólo unos cuantos líderes inhabilitados políticamente, o en el exilio, dando declaraciones desde afuera, como Antonio Ledezma desde España, Leopoldo López y Henrique Capriles, Freddy Guevara, Juan Pablo Guanipa, desde sus barreras cercadas por la dictadura.  Mujeres valientes como María Corina Machado, la diputado Delsa Solórzano y unos cuantos más sindicalistas, profesores universitarios, representantes empresariales, articulistas de prensa, pero son pocos para desafiar a un gobierno prepotente, con un lenguaje grosero y altanero, apoyado por un sector militar vendido a la tiranía.  El Frente para rescatar la Democracia, convocado recientemente por los candidatos de la Unidad, es positivo si logra aglutinar a todo ese pueblo descontento que con toda seguridad va a seguir a un liderazgo que le inspire confianza.

Valencia, 23 de Febrero del 2018.

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