Opinión
Charito Rojas: #YoSíVoto
“El arma más potente en manos del opresor es la mente del oprimido”. Stephen Biko (1946- 1977), activista sudafricano antiapartheid, asesinado por torturas en las cárceles del gobierno.
Comenzó diciembre y muchos venezolanos no se han dado cuenta que ya es navidad. Otros ni siquiera se han enterado que hay elección de alcaldes este domingo. La batalla diaria por la supervivencia devora cualquier distracción, por grata o importante que ella sea. Ya nadie piensa en los estrenos, en la compra de regalos, en el musgo del nacimiento, en los adornos del arbolito o en el amigo secreto. Todo eso se lo llevo una revolución sin Dios y sin piedad. Venezuela ha perdido en 18 años su riqueza económica y su capital humano, que hoy emigra con gran sufrimiento.
Duramente golpeados por las miles de circunstancias adversas, políticas, económicas y sobre todo de supervivencia, una buena parte de los ciudadanos han optado por no participar en el único acto donde manifiestan su voluntad: el voto. La abstención, el confuso mensaje de los líderes, unidos al grosero ventajismo oficial, por demás infractor de las leyes electorales, el parcializado descaro de las rectoras del CNE y la intervención de una ilegítima ANC, han tergiversado la verdadera tendencia de las mayorías, que sin duda es el deseo de sustituir este régimen por un gobierno democrático, que respete a los ciudadanos y a la constitución, que combata la exclusión y el divisionismo que corroe a esta sociedad.
El 15 de octubre las elecciones regionales tuvieron resultados diferentes a los esperados, por todas las razones anteriores, pero en lugar de reconocerse el error de la abstención, de corregir la dirección política, la oposición se devoró sus hígados, perdiendo el norte de su lucha, volcándose hacia la autodestrucción que terminó implosionando a la MUD, que no ha vuelto desde entones a recuperar su ascendencia y ha quedado seriamente lesionada como interlocutora ante los organismos internacionales donde realizaron una muy exitosa labor que condujo a la condena del régimen desde gobiernos y organizaciones .
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Por supuesto que el inmerecido triunfo rojo en las gobernaciones, trajo aún más rabia y desanimo en los opositores, momento ideal para que el gobierno adelantara las elecciones de alcaldes. Sin entender que sólo la unión monolítica de propósitos le ha dado fuerza y triunfos a la oposición, los partidos, peleados entre sí como perros y gatos, se decantaron por inscribir cada uno sus candidatos más los independientes, creyendo que llegó su momento.
Todo un ramillete de candidatos adornan una boleta electoral que se anuncia viuda de votos. Porfiados en sus ambiciones, los candidatos no entienden aún que esto no es una democracia de libre participación sino una batalla contra un monstruo que requiere un ejército de demócratas unido en su contra. Los ofrecimientos estrambóticos, la ignorancia de sus capacidades o el intento de engañar al electorado con promesas incumplibles, hubiera sido en otra época un espectáculo de risas en la Radio Rochela. Pero en esta Venezuela adolorida de hoy, es imperdonable que haya ciudadanos que así sea de buena fe, se lancen a una carrera electoral arriesgando la pérdida de territorios actualmente ganados.
Y me referiré a la Gran Valencia, 5 municipios con el mismo escenario: un candidato joven y desconocido, escogido por el gobernador Rafael Lacava, que ahora todopoderoso gracias a su sorpresivo triunfo electoral, hace un copy de su campaña para apoderarse de todos los municipios de la capital carabobeña, la tercera ciudad de Venezuela. Tres de los cinco municipios están en manos opositoras: San Diego, Valencia y Naguanagua. Dos con el chavismo: Libertador y Los Guayos.
San Diego, el municipio más opositor de Venezuela, difícilmente escape de la influencia Scarano, el líder de la oposición carabobeña, inhabilitado por el gobierno justamente por serlo. León Jurado Laurentin, director de la Alcaldía, deberá ser el próximo alcalde. Naguanagua, pese a los tres candidatos opositores, debería mantenerse en manos opositoras porque hay una clara tendencia hacia el candidato Pancho Pérez Lugo. El municipio Valencia es el más complicado, con la parroquia San José como la más abstencionista de Carabobo (50% en las regionales) y con las parroquias más populosas con un voto incierto, donde la oposición triunfó en las parlamentarias pero el chavismo en las regionales.
Perder Valencia sería imperdonable, siendo una ciudad donde tradicionalmente gana la oposición… a menos que vaya dividida , como se demostró en el 2008, cuando el chavista Edgardo Parra gano la alcaldía porque habías dos candidaturas opositoras más, inscritas no para ganarle a Parra sino para que el empresario Miguel Cocchiola perdiera. Años después, este empresario ganó con una abrumadora votación. Recién llegado, quiso enfrentar como gerente situaciones políticas tan delicadas como la crisis presupuestaria que conlleva el gobierno de Maduro, la carga laboral heredada de Parra y las protestas sangrientas del 2014. Su defensa del patrimonio de la ciudad no se identificó con la indignación de los manifestantes que destruían bienes municipales como acto de protesta. Sus impolíticos primeros años apenas se enderezaron después, cuando los programas sociales y culturales de la alcaldía comenzaron a desarrollarse con fuerza. Logró montar un equipo, con muchos enemigos sí, pero ya parece haberle tomado el pulso a la alcaldía y aspira a tiempo y oportunidad para demostrarlo. Es el alcalde en ejercicio, es sin duda alguna opositor, sus deficiencias políticas las ha cubierto con su bonhomía. Debe ser la alternativa más segura para que Valencia no se vista de rojo.
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Por otra parte está Carlos Lozano, electo diputado por las parroquias del sur de Valencia, por su sostenida acción de caminante en los barrios. Quiere dejar la curul y ser alcalde, quiere ganar las elecciones con el voto de los descontentos con Cocchiola, contra quien ha desarrollado ferozmente su campaña electoral, causando estragos en el “animus votandi” de los muchos abstencionistas que ven con decepción esta pelea a cuchillo del candidato. Tiene el pulso social, pero le falta temperancia y evidentemente es inoportuno para la victoria de la oposición. Ha presentado una encuesta de la firma Datanálisis que lo ubica como ganador, pero no hay que olvidar que esa misma firma dio como seguro ganador a Alejandro Feo La Cruz con “por lo menos” 10 puntos de ventaja sobre Rafael Lacava. Y ya sabemos los resultados.
En todo caso, las encuestas no son indicador seguro (Cocchiola también muestra las suyas que lo dan de cómodo ganador) en este escenario de abstención, donde el votante inteligente lo hará pensando, no en las virtudes que adornan a los candidatos, sino en la economía del voto ganador con la opción racionalmente más segura. Se requiere de generosidad, comprensión de que no es su momento, para retirarse aún cuando se piense que va a ganar. Todos perderemos y también quien, si actúa nobleza, tiene la alcaldía de Valencia abonada a futuro.
Votar es acción indispensable. Ojalá los venezolanos asuman la responsabilidad de votar, hacerlo con criterio unitario, defender ese voto y darnos a todos ese regalo de navidad. #YoSíVoto.
Opinión
Activos en el Activismo: El motor de la transición ciudadana en Venezuela
Por: Luis Junior Vivas
Valencia, junio de 2026
El activismo político no es una fuerza estática ni un simple registro de reclamos en papel; es el tejido vivo de la historia democrática. A lo largo de los siglos, los grandes giros de la humanidad —desde las sufragistas británicas hasta el movimiento por los derechos civiles de Martin Luther King— no nacieron en los despachos institucionales, sino en las calles, impulsados por ciudadanos comunes decididos a desafiar el statu quo.
En Venezuela, esta herencia es profunda. La identidad republicana del país se forjó bajo el fuego de un activismo civil y militar que rompió las cadenas coloniales, y se redefinió en el siglo XX con la Generación del 28, aquellos estudiantes que plantaron cara a la dictadura gomecista y sembraron las semillas de la era democrática. Hoy, esa necesidad de participación vuelve a ser el epicentro de la realidad nacional.
En el panorama contemporáneo, la figura de María Corina Machado ha redefinido el concepto de activismo en Venezuela. Su propuesta, enmarcada en un liberalismo popular y un férreo compromiso libertario, transformó la tradicional forma de hacer política en el país.
Machado ha demostrado que el activismo no se limita a las dinámicas de los partidos tradicionales; se trata de una lucha ética, de resistencia y de organización de base. Desafiando inhabilitaciones, bloqueos de carreteras y persecución, su presencia en cada rincón del territorio nacional y fuera de el ,despertó una fuerza ciudadana que parecía dormida, convirtiendo la causa de la libertad venezolana en un movimiento civil sin precedentes en la historia reciente de la región.
»Activos en el Activismo»: El eco que nace en Carabobo
Es precisamente en este contexto de movilización permanente donde nacen las ideas que guían la acción. Desde la Coordinación Regional de Activismo de Vente Carabobo, se acuñó una frase que hoy resuena como un mantra para miles de ciudadanos: «Activos en el Activismo».
Más que un eslogan de campaña, este término nació en tierras carabobeñas como un llamado a la acción consciente y permanente. Significa entender que la libertad no se espera pasivamente, sino que se construye a diario a través de la formación, la movilizació y la presencia en las comunidades. El estado Carabobo, históricamente vinculado a las gestas libertarias del país, vuelve a ponerse a la vanguardia conceptual de la resistencia civil con esta premisa.
El activismo venezolano se encuentra hoy en su encrucijada más crítica y determinante. En el marco de una compleja transición política, el objetivo inmediato está firmemente trazado: confluir y presionar por un proceso electoral presidencial con plenas garantías democráticas.
Los desafíos para quienes nos mantenemos «Activos en el Activismo» son monumentales:
Organización y defensa del voto: Estructurar y seguir fortaleciendo redes ciudadanas capaces de movilizar a millones de electores y cuidar cada sufragio en condiciones adversas en un inevitable proceso electoral que más temprano que tarde se realizará en nuestro país.
Vencer la censura: Convertir a cada ciudadano en un canal de información veraz ante el bloqueo de los medios de comunicación tradicionales, la persecusión y el amedrentamiento que aunque ha disminuido aún persiste por parte de las fuerzas del régimen.
Mantener la ruta pacífica y constitucional: Resistir las provocaciones que buscan desmovilizar a la población, manteniendo el foco en la vía electoral como el mecanismo legítimo para el cambio.
El camino hacia la transición presidencial no será sencillo, pero la historia demuestra que cuando una sociedad civil se organiza bajo un propósito claro, no hay estructura que pueda detenerla. El activismo en Venezuela ha dejado de ser una opción; hoy es el deber ciudadano que define el futuro de la República.
Abg. Luis Junior Vivas
Coordinador Regional de Activismo
Vente Carabobo
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