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Papel y Papelón

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Papel y Papelón: Por Josué Fernández.- Al T-mor al ridículo y al A-mor al ridículo parece que los separara una letra solamente, la T o la A, a juzgar por la rapidez con la cual vemos la degradación de un  papel o rol supuestamente decoroso de personajes públicos, y de otros no tan públicos aunque igualmente desquiciados y desquiciadas, convertidos en hazmerreír por el papelón en que se ven envueltos en una siguiente toma de cámaras, accionadas en vivo. En ligero recuento de papeles y papelones memorables, se comenzaría con la reseña de los casos pasados de moda de quienes llenaban el pecho de medallas y condecoraciones de quincallerías, en plan de poderosos. Pero las pifias remozadas estarían, por ejemplo, en el regalo de Bolivia al papa Francisco de una hoz y martillo con crucifijo cristiano, ocasionándole un rato incomodo al pontífice; un senador colombiano que reincide en bajarse los pantalones para mostrar su trasero, en ceremonia del Congreso;  o un mandamás caribeño levantando la voz con delirios de emoción ante un auditorio vacío, que prefiere abandonar la sala en vez de soltar la carcajada, o expresar lástima abiertamente.

 

Por imitación, y desvergüenza extendida debido a la ausencia de valores de recato,  la búsqueda de fama exprés, o el impulso de lucros fáciles del desprestigio propio y de otros, en esas fosas también cae la gente común, jóvenes, adultos y viejos convertidos en su propios camarógrafos con el auxilio del “selfie” en video o fotografía de cualquier dispositivo electrónico, y con acceso posterior, premeditado o forzado por terceros, a enlaces de propagación viral en redes sociales.  El exhibicionismo de miserias y frustraciones ocupa así las secciones de mayor sintonía, al conectarse a la Internet, donde se hallan dosis de variada gama de tonos para satisfacer secretos instintos de diferentes estaturas.

La puerta franca hacia el anonimato por la globalización, ha hecho desaparecer la influencia de  buenos amigos, hogares, como referencia para andar por vías de dignidad. El mundo está en plena onda retro, con la reposición casi letra a letra del clásico Cambalache, escrita en 1934 y estrenada en Argentina por Enrique Santos Discépolo, con conocidísimas versiones de consagrados internacionales como Carlos Gardel, Astor Piazzola, Libertad Lamarque, Julio Iglesias, Joan Manuel Serrat, y  otros. El resumen de la pieza es la denuncia de perversiones, malas costumbres, el peor gusto y la fealdad humana, que sigue campante hasta ahora, a pesar de intentos de cerrarles el paso, como en el del tema “La fiesta no es para feos”, interpretado a continuación por Gilberto Santa Rosa.

Nunca se esconderían por mucho tiempo los papelones que hacen quienes pretenden meterse por las ventanas a juro, en lugares donde no han sido invitados, requeridos o simplemente no son bien recibidas su persona o sus propuestas. El intento por poner orden del portero de la Fiesta no es para feos” demuestra que el afán por el ridículo puede ser persistente, y el descaro resistente a toda forma de control para preservar un sitio determinado, según reglas acordadas previamente por afinidades o intereses superiores de un grupo social.

Por fortuna, a pesar de decadencias que vienen y van, a duras penas igualmente subsisten embriones bastante crecidos ya, en tierras extranjeras más propicias, alejados del show mediático local,  y de patrocinios o mecenazgos con partidas presupuestarias de oscura procedencia, rentables a los fines propagandistas del régimen de Venezuela. El investigador Miguel Ángel Vence ocupa esta semana sitio destacado, como integrante del equipo de James Allison, coprotagonista del Nobel de Medicina 2018, al salirse de la docena de célebres vivos o muertos que siempre se repiten como referencia a ese gentilicio, en una especie de narrativa congelada por décadas.

De otro lado, con etiquetas S.XXI de auténtica trascendencia, la lista de nacidos en Venezuela dejando rastros de primera, en la indispensable tecnología de ahora se menciona a Evelyn Miralles, en la NASA, Manuel Bronstein, Carlos Domínguez, Lilian Rincón; y si de deportes se tratara habría que citar a los novatos Robert Acuña Jr., Gleyber Torres,  arrancando fuertes aplausos en el beisbol de grandes ligas. Existe la certeza que entre venezolanos aún se cuenta con abundantes voluntades para querer ser como Ariel -Ariel Severino-, a quien por su versatilidad y amistad el músico Billo Frómeta, le rindió homenaje en la pieza que va de seguida, con Oscar de León y Huáscar Barradas. Volvemos el sábado entrante, Dios mediante. Chao.

Ensayo audiovisual para público de pregrado, disponible en la voz del autor, en colección de Josué D. Fernández, con temas musicales editados, más cortos, al pinchar en:

El artículo adosado forma parte de “Experiencias Mayores”, encartado del programa “Estamos en el Aire”, a las 4:30 de la tarde, cada sábado. Breve espacio editorial ligero, canal de catarsis del desconcierto de su autor, con música a propósito del asunto que trata, entrevista y  gotas de humor.  Por http://www.radiorumbos670am.com.ve/, en cuya discusión los interesados pueden tomar parte por los teléfonos +58 212 284.04.94 y 285.27.35, o mediante mensajes directos por Twitter, a Josué Fernández, @jodofeal, por canal personal de YouTube, o aquí en  www.comunicadorcorporativo.blogspot.com

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Las turbas nicaraguenses y los colectivos chavistas

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Las turbas nicaraguenses y los colectivos chavistas: Por Luis Velázquez Alvaray.- El dirigente político en la resistencia, Antonio Ledezma, ha señalado la necesidad de acentuar la lucha contra la dictadura no solo de Venezuela, sino también de Nicaragua, tiranos que mantienen azotados a sus pueblos, con la misma fórmula, cumpliendo directrices impartidas desde la Habana, isla colonizadora del siglo XXI. Hoy Ledezma resume esta catástrofe: “Los métodos para asesinar son los mismos en Venezuela y en Nicaragua. Son dos dictaduras tuteladas por Castristas. Matan a placer, sin recato, ni contemplación. Su fin es el mismo: controlar el poder por el poder mismo, sin reparar la tragedia en que hunden a sus pueblos”.

Temidos. Turbas y colectivos, Nicaragua y Venezuela. Motos de alta cilindrada, hechas en China, llenas de sangre inocente, conductores asaltantes, entrenados para matar. Regreso a la edad media: violencia e ignorancia. Así describen en los medios del mundo a estos asesinos que arrastran con todo: la vida, los celulares, las carteras de sus víctimas, sus computadoras personales.

Los ejércitos de ambos países los protegen. Mejor, son un solo cuerpo armado, que cometen las mismas fechorías: asesinan a mansalva.

Avanzan a plena luz del día. Son protegidos por las fuerzas gubernamentales. Es un bandidaje que dispara a sus anchas.

Las turbas y los colectivos andan encapuchados, con cascos. No piensan para agredir. Gritan vulgaridades, drogados, su límite es la muerte.

En toda protesta pública permanecen al acecho. Los uniformados los cuidan y les señalan cuando actuar.

Son pandillas más fuertes que las conocidas de algunos países, ya que cuentan con el apoyo del Estado: dinero, impunidad, dueños de la “patria”.

Rodilla en tierra, fusil en mano. Pánico a su llegada. Viven entre Caracas y Managua, según las necesidades. Un cubano dirige a los encapuchados de las tres nacionalidades. También se les llama milicia nacional, Bolivariana o Sandinista

Maduro y Ortega, en sus alocuciones públicas, les hablan con códigos e interpretaciones que solo ellos manejan: “candelita que se prenda, candelita que hay que apagar”. Lenguaje delincuencial. Los Presidentes son dos colectivos más, dos integrantes de las turbas.

El alto mando está en la isla. Tienen un jefe inmediato: en Nicaragua se llama Pedro Orozco. En Venezuela Freddy Bernal. Andan camuflados, rodeados, en oportunidades se desprenden de su indumentaria para que la gente sepa que mandan, que dan ordenes, como aquella en el Táchira contra un conocido ganadero: “denle un tiro en la frente, yo voy camino al 23 de enero”.

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