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La camaleónica Sara Berry, una sensual escultura española hecha con disciplina

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La camaleónica Sara Berry, una sensual escultura española hecha con la disciplina del powerlifting: Esta modelo, aparte de su pasión por el deporte, es una amante de montar a caballo y de disfrutar del baile y de la música. Encaja en cualquier look que puedan prepararle, ¡es camaleónica!

La española Sara Vega, cuyo nombre artístico es Sara Berry (@sarawberry), ha forjado su escultural cuerpo con el powerlifting, pero que además tiene amor por montar a caballo, la música y el baile.

Sara es simplemente increíble. La adoro a ella y trabajar con ella. Es una modelo muy profesional que conecta al momento con las emociones o la intención de la fotografía. Su mirada, sus gestos, hacen que todo lo que hace te evoque algún sentimiento, afirma la estilista Carolina Rodríguez.

 

-Lo da todo en cada shooting y es muy fácil trabajar con ella porque es una chica muy humilde y agradecida.

Como estilista, señala Carolina Rodríguez,  no puedo tener ninguna queja pues defiende las prendas como si vistiera a diario con ellas. Encaja en cualquier look que pueda prepararle, ¡es camaleónica! Nunca me cansaré de llevar a cabo proyectos con la linda de Sara W Berry.

La modelo Pro- Sarawberry nació en Madrid, España, tiene 20 años y mide (167) un metro y sesenta y cinco centímetros  centímetros

Una de las miradas más impresionantes que hemos visto. Esperamos pronto hacer algún trabajo juntos, sugiere Carolina Rodríguez.

ACN/Litmind

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El pesebre y su leyenda

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El Pesebre y su leyenda: Por Francisco Mayorga.- El pesebre lo inventó San Francisco de Asís, el santo de la humildad y de la pobreza;  en la Navidad de 1223, hace casi 800 años, en el pueblecito de Greccio, en Italia.

El santo estaba débil y enfermo, y pensando que tal vez aquella sería su última Navidad en la tierra;  quiso celebrarla de una manera distinta y muy especial. Un amigo de nombre Juan Velita, era dueño de un pequeño bosque en las montañas de Greccio;  y en el bosque había una gruta que a Francisco se le parecía mucho;  a la cuevita donde nació Jesús, en los campos de Belén;  y que él había conocido hacía poco en su viaje a Tierra Santa.

Francisco habló con su amigo, le contó su idea de hacer allí un “pesebre vivo”;  y juntos lo prepararon todo, en secreto, para que fuera una sorpresa;  para los habitantes del pueblo, niños y grandes.

Entre la gente del pueblo, Francisco y Juan escogieron algunas personas;  para que representaran a María, a José, y a los pastores; les hicieron prometer que no dirían nada a nadie antes de la Navidad;  y, siguiendo el relato del Evangelio de San Lucas, prepararon la escena del nacimiento. ¡Hasta consiguieron un hermoso bebé para que representara a Jesús!

La sorpresa de Navidad

La noche de Navidad, cuando todas las familias estaban reunidas en sus casas, las campanas de la iglesia empezaron a tocar solas…  ¡Tocaban y tocaban como si hubiera una celebración especial!… Pero nadie sabía qué estaba pasando… El Párroco del pueblo no había dicho que fuera a celebrar la  Misa del Gallo… la Misa de Medianoche….

Sorprendidos y asustados a la vez, todos los habitantes de Greccio salieron de sus casas para ver qué estaba sucediendo… Entonces vieron a Francisco que desde la montaña los llamaba, y les indicaba que subieran donde él estaba.

Alumbrándose con antorchas, porque la noche estaba muy oscura y hacía mucho frío, todos se dirigieron al lugar indicado, y cuando llegaron quedaron tan admirados, que cayeron de rodillas, porque estaban viendo algo que nunca habían pensado poder ver. Era como si el tiempo hubiera retrocedido muchos, muchos años, y se encontraran en Belén, celebrando la primera Navidad de la historia: María tenía a Jesús en sus brazos, y José, muy entusiasmado, conversaba con un grupo de pastores y pastoras, que no se cansaban de admirar al niño que había acabado de nacer…

Después, cuando todos se calmaron, el sacerdote, que había sido cómplice de Francisco y de Juan Velita en aquel secreto, celebró la Santa Misa, y Jesús se hizo presente en el Pan y el Vino consagrados, como pasa siempre que se celebra una Misa en cualquier lugar del mundo.

Terminada la Eucaristía, Francisco, lleno de amor y de alegría, les contó a todos los presentes, con lujo de detalles, la hermosa historia de la Navidad, y Jesús, “luz del mundo”, llenó sus corazones de paz y de amor.

Tres años más tarde, Francisco de Asís murió, dejándonos esta hermosa costumbre de hacer el pesebre todos los años, que a todos nos gusta tanto.

ACN/fm

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