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Princesa más rica de Europa se casó con empresario venezolano
La princesa más rica de Europa se casó con el empresario venezolano Leopoldo Maduro Vollmer. Se trata de María Carolina, princesa de Liechtenstein en una ceremonia celebrada en la Catedral de Vaduz, del pequeño principado ubicado entre Suiza y Austria, un histórico templo construido a finales del siglo XIX que alberga la cripta de la familia principesca.
Desde temprano, vecinos y curiosos se reunieron alrededor de la catedral, mientras una alfombra azul y arreglos de flores daban la bienvenida a los invitados. La ceremonia fue oficiada por el obispo Benno Elba.
Entre los asistentes estuvieron miembros de la realeza europea, como la princesa Margarita de Luxemburgo y Victoria Hohenlohe, duquesa de Medinaceli, así como autoridades locales, incluyendo la primera ministra Brigitte Haas, y el presidente del Parlamento, Manfred Kaufmann.
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Princesa más rica de Europa se casó con el empresario venezolano
María Carolina Isabel Inmaculada de Liechtenstein, de 28 años, hija mayor del príncipe heredero Alois y la princesa Sofía de Baviera, ha trabajado en el sector textil tras formarse en Londres, París y Nueva York.
Leopoldo, de 34 años, proviene de una familia venezolana con una larga trayectoria empresarial. Estudió en Caracas y en Harrow School, Inglaterra, y actualmente trabaja como gestor de inversiones en Pacific Investment Management Company.
Tras la ceremonia, los recién casados y los invitados se trasladaron al Castillo de Vaduz para la recepción.
Leopoldo Maduro Vollmer pertenece a la familia Vollmer, conocida por la destilería Ron Santa Teresa y por su trabajo social a través de la fundación Alcatraz. Su linaje materno incluye raíces en la nobleza francesa, con figuras como el antropólogo Henri du Tyrac de Marcellus.
ACN/MAS/El Cooperante
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.
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