Connect with us

Opinión

Diáspora sin pasaporte y sin voto electoral

Publicado

on

Compartir
  • 6
    Shares

Diáspora sin pasaporte y sin voto electoral: Por: Jesús Alfonzo Sánchez.- La alexitimia es un desorden de tipo neurológico que genera en quienes la padecen una notoria incapacidad para poder controlar y reconocer sus propias emociones y, por lo tanto, los lleva a tener dificultades en materia de expresión verbal. En concreto, podemos establecer que las características que tiene toda persona que sufre de esta enfermedad son las siguientes: dificultad tanto para identificar como para describir emociones y sentimientos, reducida capacidad para la fantasía, problemas para diferenciar lo que son las sensaciones que experimenta su cuerpo respecto de lo que son sentimientos, notoria preocupación por lo que son los hechos externos o los detalles…

Los afectados por este síndrome, conocidos como “alexes”, son incapaces de percibir y ver de lejos lo cercano para detectar la inmensa desmemoria que nos envuelve el padecimiento de la Alexitimia social, ambas como epidemias mortales.

Ojalá la nomenclatura de los que detentan el poder político, económico, militar y religioso se someta a la vacunación contra esta epidemia que ha alcanzado mente o cuerpo o espíritu de la gente. Por ejemplo, observar a personas embarazadas, niños y ancianos hurgando en la basura para comer, observar cómo personas sin distingo de clases padecen o mueren por falta de medicamentos e insumos más elementales, ver la impotencia y la frustración en los ojos y gestos de la mayoría de la población en las interminables colas para conseguir: un NO HAY, es una frustración, un golpe sin poder quejarse ante nadie, observar la mediocridad e indiferencia de algunos ambiciosos disque dirigentes políticos (más interesados en el poder que en su compromiso de servir al prójimo), observar el día a día de un régimen opresor, totalitario y militarizado, con las pocilgas- cárceles repletas de presos políticos e inocentes por el hecho de ser disidente-opositor sin derecho a la legitima defensa, ya que los jueces y tribunales son instrumentos vacíos – ciegos al servicio de la dictadura actuante sin ningún tipo de destello para ejercer la Libertad de expresión y de movimiento como tipifica la vigente CRBV/1999. La ANC cubana nos esta cercenando el derecho de elegir a través del ejercicio del voto directo, secreto y universal  con un árbitro imparcial CNE, que  convoque  elecciones limpias, transparente donde se garantice y se respete el resultado de los escrutinios del voto emitido por el ciudadano elector dentro y fuera del país.

Este es un régimen sin escrúpulos, como señala:  Freddy Ríos: “Si eres electoralmente peligroso te inhabilito; si llegaras a ganar te hago fraude; si te permito ganar algún espacio político te quito los recursos; si te abstienes y no votas, te elimino como partido; si protestas te meto preso y si te rebelas te mato. ¿Por qué el chavismo radical y madurismo militar convoca estas elecciones ahora?- respuesta porque es lo que más le conviene al gobierno en este momento crucial.

Al gobierno le interesa aprovechar el “desánimo” que cunde entre las filas de la oposición. Las perspectivas económicas son muy malas. El país entró en un proceso de deterioro muy agresivo de los indicadores económicos, además, van a empeorar. Mientras más tarde se hagan las elecciones más difícil lo va a tener el gobierno.

Es oportuno recordar al ciudadano de a pie, que la constitución nacional vigente  establece en el artículo 231 que el candidato elegido a la Presidencia de la República tomará posesión del cargo “el 10 de enero del primer año de su período constitucional”, y el   artículo 298, señala la regulación de los procesos electorales: “no podrán modificarse en forma alguna (…) en el lapso comprendido entre el día de la elección y los seis (6) meses inmediatamente anteriores a la misma”. Las supuestas elecciones que propone la Asamblea Constituyente con el ilegal CNE debiera realizarse dentro de los seis (6) meses anteriores al diez (10) de enero de 2019, por tanto cualquier otra interpretación distinta de la Constitución será arbitraria y por tanto generadora de graves conflictos sociopolíticos en la población que no aguanta más este despelote.

Hay contraste que debemos analizar como plantea sobre la diáspora; Luis Vicente León, articulista, EN (04-02-18), que señala: “…Y entonces entiendes a los que se fueron y a los que se van. Primero lo hicieron muchos de los que más tenían. Llevaron sus familias y sus patrimonios lejos para protegerlos de lo que temían que pasaría y pasó. La pulverización del valor de sus inversiones en Venezuela, que hoy hay que poner casi en cero en el balance de las empresas, igual que en el de Sofía, Pedro y Ramón. Después se fueron muchos de los más educados y formados. El país se les volvió hostil y cavernícola. Su desarrollo profesional estaba comprometido. Mientras la tecnología, la ciencia, la medicina, la educación avanzaba en el mundo a pasos agigantados, en un mundo globalizado, su país retrocedía hacia una primitivización inimaginable en el siglo XXI. En un focus group nos decían:  “Venezuela es Macondo. Y Macondo es bello y sabroso, pero ahí no se puede vivir”. Se fueron entonces los doctores más preparados… y los más jóvenes. Los ingenieros más audaces… y los más jóvenes. Se fueron los economistas más internacionales… y los más jóvenes, los administradores, los periodistas, los músicos (incluyendo los cuatristas), siempre los más dispuestos a asumir riesgos… y los más jóvenes.

Y entonces comenzó lo que tenía que comenzar. Se están yendo los demás. Los que no tienen patrimonio que perder, pero sí familias que mantener, en el medio de una hiperinflación espantosa que no saben cómo enfrentar ni entender…Y las despedidas de cada día ponen esa tristeza en el alma y en el corazón de la población que se queda y la que se va y deja el país más prometedor de América Latina, convertido en fábricas moribundas, constructoras en terapia intensiva, medios de comunicación con bombonas de oxígeno, colegios sin maestros, universidades sin  PhD’s, ni internet, hospitales sin especialistas, teatros sin artistas… pueblos, calles y casas muertas…”

¡Ojala! Que la diáspora fija y errante de muchachos capacitados y adultos regresen para que reivindique con honor y patriotismo a nuestra nación que llora de dolor con llanto conmovedor. También aquellos que huyeron del terror, hambre, enfermedades… sin dinero, sin pasaporte y ahora sin poder votar para elegir a sus propios gobernantes. Así de las cosas.

NOTA: Anteayer, día de la juventud pasó sin pena ni gloria, no hay nada que celebrar en dictadura feroz. Solo queda rebobinar recuerdos de un pasado rebelde con causa.

Hoy día de San Valentín, día del AMOR, día de los enamorados tampoco hay nada que celebrar como antes en democracia, que aun “pelando” no se conseguían ni una mesita en restaurantes ni ramos de flores ni cubículos posaderos agotados con anticipación por reservación de infieles y de mal queridos. Todo tipo de crisis es perniciosa para la población por decir lo menos para no atosigar el tema. ¡Felicidades

No deje de leer: Gobierno de Maduro desmantela la democracia y revela su poder autoritario, afirma EE-UU.

Comentarios de Facebook

Opinión

La importancia de la Academia

Publicado

on

La importancia de la Academia - acn
Compartir

La  importancia de la academia: Por María Auxiliadora Dubuc P.- Esta semana tuve la oportunidad de reconciliarme con mi país de manera desconcertante, fue allí en la Academia, me refiero a la mía en mi carácter de abogado de la República de Venezuela: la Academia de Ciencias Políticas y Sociales, ocurre con motivo de la designación como individuo de número de la misma de uno de mis amigos y colegas más cercanos. Mas allá del triunfo que significó tan merecido evento, el acto y la celebración en sí mismos resultaron mágicos, ya que tuve la valiosa oportunidad de abrir los ojos y así poder ver una Venezuela que había olvidado, la preparada, la que aporta, la que lucha, aquella que reposaba en mis recuerdos y que  pensaba lejana, esa, allí frente a mí, resurgía imponente, real y esperanzadora.

La Academia de Ciencias Políticas y Sociales es una de las siete Academias que funcionan en Venezuela. Su sede actual está ubicada en el antiguo recinto de la Universidad Central de Venezuela, una edificación hermosa e imponente,  el Palacio de las Academias, en Caracas. El edificio lo comparte con las otras cuatro academias nacionales: la Academia Nacional de la Historia; la Academia Nacional de Medicina; la Academia Venezolana de la Lengua y la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales. Se trata de una institución de carácter público, cuyo objetivo fundamental consiste en el promover el desarrollo y progreso de las ciencias políticas y sociales en general.

La Academia fue creada 16 de junio de 1915, y está integrada por  35 Individuos de número. La elección de los Individuos de la Academia se hace entre abogados, doctores de ciencias políticas o sabios venezolanos que reúnan las condiciones específicas mencionadas en la Ley sobre la Academia de Ciencias Políticas y Sociales, ley que fue publicada en Gaceta Oficial N° 15.361 de fecha 13 de agosto de 1924. Cuenta con un presidente, dos vicepresidentes, un secretario, un tesorero y un bibliotecario, nombrados por ella de su propio seno, duran un año en sus funciones y  tienen su propio Reglamento, cuya última reforma data del  21 de julio de 2009.

La imagen que tenia de la Academia hasta ahora no resultaba para nada atractiva y mucho menos positiva, por muchas razones, la integran egresados solo de mi alma mater, la UCAB, sus miembros todos provenientes además de solo dos bufetes muy prestigiosos de este país y como si fuera poco, el hecho de observar que solo pocas féminas la integran, ya eso de suyo, me resultaba una afrenta, dadas las muchas mujeres venezolanas estudiosas y académicas per se, valiosas en grado sumo, que merecen un espacio allí, dadas sus credenciales. Para mí era poco más o menos que un organismo sectareo, al que solo tienen acceso unos pocos, dada su condición o clase social, más que por sus conocimientos o formación, una institución además algo anacrónica compuesta por un montón de viejecillos, académicos, con un montón de experiencia eso sí, acumulada a través de los años, pero seres cubiertos de polvo y detenidos en el tiempo, de modo que en este orden, poco entendía cual era el papel que desempeñaba este mausoleo, dentro del marasmo que vivimos diariamente en Venezuela, si a mi entender solo fungían como dioses abstractos viviendo en un país paralelo, dentro de su propia burbuja.

Sin embargo, muy por el contrario, y a pesar de las criticas que aun tengo al funcionamiento de la Academia, al entrar al Palacio, me tope con otro ambiente, uno mucho mas jovial y renovado,  pleno de gente preparada y formada que continúa y avanza en un esfuerzo titánico, a pesar de los pesares, en un país donde más de la mitad de la población ha colgado los guantes y ha partido a otros destinos en la búsqueda de nuevas oportunidades de desarrollo y capacitación. Debo reconocer que ese empeño, sin duda alguna, cambio mi visión radicalmente, porque en un país donde los valores y principios se encuentran en franco proceso de extinción, es gratificante poder felicitar todo aquello que signifique un denotado esfuerzo en formación, preparación e investigación.

Pienso que por esa terquedad en sembrar, por esa razón, la existencia misma de las academias nacionales ha sido constante y seriamente amenazada durante estos últimos años. Los ataques han sido despiadados, incluso hace un tiempo circuló la noticia acerca de la existencia de un Proyecto de Ley de Supresión de las mismas y de su consecuente sustitución por una suerte de Instituto de las Ciencias, al estilo soviético, cosa que para nada nos sorprende, dadas las actuaciones del Gobierno actual, sin embargo entendemos que dicho proyecto no pasó de ser tan solo una amenaza, a Dios gracias.

En el mismo orden, y en el empeño de acabar con la Academia, el 23 de octubre de 2007 la Sala Constitucional del TSJ anuló disposiciones de la Ley de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales y de su Reglamento, de esta manera, eliminó la distinción entre individuos de número y miembros correspondientes nacionales, al considerar injustificable que los primeros solo pudieran ser los residenciados en Caracas, e igualmente eliminó la exigencia de que las postulaciones solo pudieran ser efectuadas por individuos de número.

Se ha anunciado y advertido igualmente, que se piensa desalojar a las academias nacionales de su sede actual, el Palacio de las Academias; sede a la cual tienen derecho legítimo e incontestable derivado de los títulos de la Universidad Central de Venezuela.

Por otro lado, en los últimos años el presupuesto de las Academias,  ha seguido la misma suerte que el de las Universidades, es decir, ha mermado, considerablemente, dada la poca o ninguna importancia que reviste para el gobierno su incomoda existencia. Durante unos años el mismo fue reconducido, insólito, dada la galopante hiperinflación que padecemos, resultando francamente insuficiente para cubrir sueldos y salarios del personal administrativo, de biblioteca, y otros gastos de servicios, es decir, teléfono, internet, página web, etc. además de los gastos de mantenimiento del Palacio de las Academias. Del  financiamiento de las publicaciones ni hablar, es una verdadera tragedia, la generosidad de los particulares es lo que les ha permitido salir a flote, dado que les es imposible cobrar por servicio alguno, salvo los costos mínimos de fotocopias. Y ni hablar de las publicaciones o de los últimos números del boletín cuyos costos son cubiertos las más de las veces por los propios académicos.

Toda esta situación nos lleva a analizar si en realidad se justifica o no su existencia, vale o no la pena continuar en esta lucha por la sobrevivencia de la Academia?  Definitivamente pienso que sí,  porque mas allá de felicitar trayectorias, estudios  o premiar esfuerzos a nivel laboral, hoy en día poder contar con un órgano como este funcionando aun con sus denodados recursos económicos, dentro del seno de la sociedad que vivimos, es definitivamente una necesidad imperiosa a los efectos de la lucha por el rescate de la institucionalidad y el estado de derecho.

Sin embargo, la Academia está en la obligación de transformase, avanzar en el orden tecnológico que la modernidad exige, por lo que estos académicos están en el deber de refrescar la institución, deben resurgir, reinventarse e imponerse a los efectos de servir de ejemplo, con la intención que sus actuaciones sean emuladas por otros. Y yo iría aun mas allá, porque dada la crisis, las opiniones de estudiosos y notables pueden resultar muy valiosas a la hora de decidir los destinos del país, por esa razón los académicos deben ser estar atentos y convertirse en vigilantes del curso de los procesos políticos y culturales desarrollados en la sociedad, y estar a tono, de manera activa, con la intención de señalar contundentemente el camino certero a seguir a través de pronunciamientos concretos, apuntando las rectificaciones que  sean necesarias a la hora de la toma de las grandes decisiones.

En el caso de nuestra Academia tradicionalmente enlazada con la enseñanza, producción, acatamiento y respeto a la norma jurídica, la situacion es aun mas grave dado que el sistema judicial está completamente destrozado, dejando una sensación de injusticia en el ambiente. En este sentido, lamentablemente su aporte ha sido echado de lado, la Academia se ha quedado corta en el tiempo y a pesar que  otrora se encontraba dentro de los cánones más elevados de nuestra sociedad, sus opiniones son poco valoradas y reitero, no son tomadas en cuenta a la hora de la toma de decisiones.

Sin embargo, considero que pertenecer a la Academia, más que un honor, es una responsabilidad histórica, porque implica una actuación constante en el orden de  la lucha insistente por lograr un cambio en el país, dentro de la convulsiva situación jurídica-política en la cual se ha estado operando en los últimos años enfrentándose con valentía a los retos de los tiempos actuales, deslastrándose de discriminaciones en el orden de la incorporación de profesionales de un alto nivel de conocimientos sin importar su género, raza, edad, condición social o lugar donde laboren, siempre que cumplan los extremos de ley.

Los cambios que requiere el país en estos tiempos empiezan desde adentro. La Academia de Ciencias Políticas y Sociales, no escapa de esta realidad, de modo que no le está permitido hacer tienda aparte, su transformación es inminente, no solo en términos de modernidad sino de inclusión, sencillamente porque está al servicio del país y ese es su deber, se debe a los  ciudadanos, a todos, en ese orden, debe procurar convertirse en referencia obligada, actualizándose permanentemente, y en ese orden está obligada a marchar acompañando el devenir del pueblo, escuchando y entendiendo sus necesidades más básicas, en un  país como el nuestro que sufre el descalabro institucional, económico y moral más grande de su historia, su tarea es decisiva, orientarnos, sabiamente, en la toma de las decisiones más importantes en las áreas de su especialidad, convirtiéndose en ese estupendo guía que soñamos y que nos conducirá generosamente hacia un futuro distinto, un futuro de  progreso, unión y armonía para todos por igual.

María Auxiliadora Dubuc P.- @mauxi1

No deje de leer: La mortal golpiza que un alcalde chavista le asestó a un joven

Comentarios de Facebook
Seguir Leyendo

Facebook

Carabobo

Sucesos

Lo más leído