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¡Viernes dulce! Bien me sabe, un exquisito postre para el paladar
El fruto del cocotero llamado también nuez de palma, es en el Caribe protagonista de dulces postres; bebidas, y platos diversos. En Venezuela son famosas las cocadas, los besitos de coco; las conservas, el agua de coco friíta y porsupuesto el famoso postre bien me sabe.
Cabe destacar, que de el coco se extrae la leche, liquido dulce y viscoso, con alto contenido de agua y grasa; utilizado en preparaciones como este famoso postre.
Este postre es altamente reconocido en Venezuela desde tiempos coloniales; es un bizcocho bañado en licor y leche de coco, salpicado con coco rallado, leche condensada y coronado con un dulce suspiro.
Ingredientes de postre bien me sabe
- 1 bizcochuelo de 7 huevos
Crema
- 3 Cocos grandes
- 3 tazas de agua caliente
- 18 yemas de huevo
- Un puntito de sal
- 3 ½ Tazas de azúcar
- ½ vaso de jerez dulce
Merengue
- 3 claras de huevo
- ½ taza de azúcar
- Canela al gusto
Preparación de postre bien me sabe
Parta los cocos y sáqueles la pulpa. Póngala en una licuadora y añada 2 tazas de agua caliente; triture bien y exprima la mezcla a través de un paño no muy tupido para extraer la leche del coco.
Cuele, añada las yemas de huevo, sal y reserve. Aparte ponga en una olla el azúcar con una taza de agua; y cocine a fuego fuerte sin revolver, formando un almíbar a punto de hilo.
Apague el fuego y añada la mezcla de leche de coco y huevos; bata enérgicamente hasta formar la crema, coloque en el fuego nuevamente, lentamente; revolviendo hasta que rompa el hervor.
Retire y deje enfriar un poco. Corte el biscochuelo en rebanadas finas y dispóngalos en una dulcera; rocíe con el vino dulce, coloque una capa de crema, luego otra de biscochuelo y vino; así hasta terminar con una capa de crema, prepare el merengue, batiendo las claras a punto de nieve; y agregándole el azúcar, colóquelo sobre la crema haciendo ligeros picos.
Esparza canela al gusto y sirva bien frío. Disfrute de este delicioso postre bien me sabe.
ACN/Venezuela Tuya
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.
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