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«Los nadie» y «los nadies» son plurales válidos

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Tanto «los nadie» como «los nadies» son plurales adecuados;  para hacer referencia a las personas que parecen invisibles para la sociedad; señala la Fundación del Español Urgente, promovida por la Agencia EFE y BBVA.

En la actualidad, este uso sustantivo de nadie está especializándose; para designar a un colectivo; integrado por todas aquellas personas que parecen invisibles.

En los medios de comunicación pueden verse frases como «Los ‘nadie’; víctimas de la xenofobia institucional», «Los nadies y sus sueños»; «Nadie habla de los nadie» o «Los nadies, los hijos de nadie, los dueños de nada».

Aunque el «Diccionario de la lengua española» recoge la voz nadie; exclusivamente como un pronombre, el diccionario de María Moliner registra esta palabra también como sustantivo; con el significado de ‘persona insignificante, de poca importancia o de poco carácter’.

En la actualidad, este uso sustantivo de nadie está especializándose; para designar a un colectivo integrado por todas aquellas personas que parecen invisibles; de las que nadie habla o por las que la sociedad no muestra interés.

El número y los nadie

Respecto al número, resulta válido emplear tanto «los nadie»; con el habitual plural invariable que corresponde a los pronombres, como «los nadies»; considerado ya sustantivo y marcando el plural regularmente; como se hace con otras voces sustantivadas; (por ejemplo, el adverbio «sí», plural «síes», o el pronombre «yo», plural «yoes» o «yos»).

Así pues, los cuatro ejemplos iniciales son válidos, si bien las comillas del primero de ellos resultan innecesarias.

Cabe señalar, finalmente, que esta palabra se encierra en el ámbito de lo sociológico, por lo que no equivale al sustantivo «don nadie»; de uso más general y que a menudo está cargado de un matiz peyorativo.

La Fundéu BBVA (www.fundeu.es), que trabaja asesorada por la Real Academia Española; y cuyo principal objetivo es el buen uso del español en los medios de comunicación; cuenta con la colaboración, además, del Instituto Cervantes, la Fundación San Millán, Accenture, Gómez-Acebo & Pombo y Prodigioso Volcán. Según Fundéu BBVA.

ACN/diarios

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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad

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En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras. 

Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar. 

Qué hace inolvidable un final de sprint

Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.

Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:

  • Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
  • Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
  • Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
  • Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
  • Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
  • Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.

Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.

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