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Locales sólo para las consultas externas (y III)

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Construcción de locales sólo para las consultas externas (y III): Por Ängel C. Mayorga G.– El segundo nivel debe complementar el primario. Debe estar constituido por locales SOLO para las consultas externas con todas o la mayoría de las especialidades.

No debe atender urgencias. Estas deben ser atendidas en el nivel primario, si son leves;  o en el hospital  por estricta referencia  si son graves o complejas. Si bien en el dispensario pudiera  no haber un pequeño laboratorio de urgencias o de imágenes (ideal);  en  este nivel secundario de atención, sí es imprescindible.

Debe contar con un servicio de laboratorios completos y especializados;  para afinar con precisión un diagnóstico, como también, debe disponer con el mismo propósito;  con toda la imagenología especializada. Complementariamente, este nivel debe contar con su respectiva farmacia;  gratuita o cuando menos a precios subsidiados.

La ubicación de centros para consultas externas

Estos centros de atención secundarios pueden ubicarse en cualquier parte;  desde adyacentes a un dispensario o lo más próximo a ellos en beneficio de los pacientes. Deberán ser locales acondicionados para sus funciones y competencias. Lo primordial sin embargo;  es que estas estructuras secundarias funcionen como bloques independientes;  pero vinculadas estrechamente a toda la red sanitaria;  tanto a la red primaria que complementa como con la red hospitalaria subsiguiente.

Corresponde a las autoridades sanitarias establecer;  la ubicación, distribución, dotación y rango de los distintos niveles secundarios. Como ilustración tentativa podríamos esbozar lo siguiente: En todo pueblo de menos de 5.000 habitantes;  se debe disponer de un dispensario;  que serviría también a la población dispersa, caseríos o pequeñas aldeas.

En cada municipio debe existir una red secundaria elemental;  que se complementaría con las otras de mayor cobertura ubicadas en  las capitales distritales o estadales.

Fraccionar a la población para atenderla con armonía

En las capitales de estado debería existir, además de los mencionados para el nivel secundario;  un hospital general, una maternidad, algún  hospital especializado o adicionalmente otro de rehabilitación. En las grandes ciudades, necesariamente se imbrican o entremezclan todos los niveles. Pero conviene fraccionar la población para poder servirla en forma armónica.

Los barrios, que en las grandes ciudades contienen la población de muchos pueblos y ciudades del interior; deben contar con una red de dispensarios que agrupen núcleos poblacionales;  de no más cinco mil habitantes y módulos de atención secundaria;  que atienda a la población asistida por varios dispensarios ( a determinar ).

Eventualmente se podría disponer de un hospital general- maternidad para todo el barrio. Coexistirán en las grandes ciudades;  hospitales generales y especializados, maternidades y centros de rehabilitación.  Tanto La gran Caracas, como también las otras grandes capitales;  no están contempladas en este bosquejo, dada sus particularidades y complejidades. Lo único que podemos añadir sería la necesidad de su reorganización y adecuación;  a la planificación general de toda la red sanitaria.

En resumen sobre salud pública:

La atención sanitaria pública debe priorizar la Atención Primaria o Preventiva. Aun cuando muchas veces puede parecer en algunos aspectos  costosa;  es sin la menor duda, una verdadera inversión a futuro. Es inexcusable por ejemplo, no realizar todo tipo de  inmunizaciones;  incluyendo las más costosas. No es despilfarro, es una inversión altamente reproductiva;  que puede y debe hacerse a nivel del dispensario o en su defecto en la red secundaria inmediata.

La atención primaria debe resolver todos o la mayoría de los casos;  en forma rápida, oportuna y  definitiva. Esto incluye la medicación farmacológica inicial necesaria. Este nivel debe realizar en la medida de lo posible, un diagnóstico lo más preciso que sea posible;  o presuntivo para ser confirmado en los niveles subsiguientes.  El segundo nivel solo se ocupará de consultas externas o ambulatorias;  por especialidades; diagnóstico de laboratorio e  imagenología, y los tratamientos pertinentes con las variables del caso, es decir, ambulatorios o que necesiten de personal especializado.

El tercer nivel, el hospitalario, debe ser solo referencial;  al igual como debe serlo el de Rehabilitación.

Ya hemos adelantado arriba las funciones del hospital;  pero se hace necesario recalcar que los pacientes que atiende deben ser aquellos que han sido estrictamente referidos a él;  requisito indispensable para poder planificar todo aquello que concierne al buen funcionamiento del mismo; tamaño físico, personal médico, auxiliar y administrativo, dotación, insumos, etc. Incluso la eventualidad de una situación catastrófica.

Fácil implementación del modelo de salud pública

Considero que estos lineamientos esbozados son de fácil implementación;  es más, de hecho ya existen, solo que se encuentran anárquicamente dispersos;  desorganizados o  mal dotados, lo cual los hace inoperantes, lo que ha traído como consecuencia la saturación;  y consiguiente perturbación de la función hospitalaria.

Todo lo que se requiere es reestructurar organizativamente la red sanitaria;  dotarla apropiadamente para su correcto funcionamiento, tanto de personal, equipamiento e insumos;  sin olvidar el debido y oportuno mantenimiento en todos sus aspectos, de modo tal que toda la red sanitaria funcione a su máxima eficiencia.

Desgraciadamente en nuestro país,  toda  esta planificación sanitaria;  depende de la necesaria competencia de los dirigentes de la salud, pero sobre todo de la voluntad política de los gobernantes de turno;  es decir, se debe contar con quienes están capacitados en la materia y determinación;  para ejecutar los planes de salud tal como se han propuesto.

ACN/acmg

No deje de leer:Hospital Pérez Carreño suspendió consultas e intervenciones quirúrgicas por falta de insumos(Opens in a new browser tab)

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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad

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patinaje de velocidad
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En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras. 

Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar. 

Qué hace inolvidable un final de sprint

Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.

Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:

  • Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
  • Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
  • Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
  • Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
  • Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
  • Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.

Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.

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