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Gobierno: fanatismo, contradicciones y la verdad

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Gobierno: fanatismo, contradicciones y la verdad: Por Luis Fuenmayor Toro.- El fanatismo, cuando no la simple compra de conciencias, sigue llevando a los partidarios del gobierno a negar la realidad venezolana y, sobre todo, a demostrar su incapacidad mental para realizar un análisis que los lleve a darse cuenta de sus errores y despropósitos. Siguen repitiendo juicios que no se ajustan a la verdad histórica, que se entiende fueron hechos en el pasado en el furor de la lucha política por el poder, pero inciertos a la luz de lo sucedido luego o, cuando verdaderos, asombrosos al haber actuado en peor forma que sus criticados del pasado. Nadie del gobierno, en su sano juicio, debería criticar las aperturas petroleras de Carlos Andrés Pérez ni de Caldera, pues las gestiones de Chávez y Maduro fueron mucho más allá en la entrega de las riquezas del subsuelo de la patria. Los contratos de servicio calderistas no compartían con las transnacionales la propiedad del crudo extraído, mientras hoy los contratos con las empresas mixtas, manejados en total secreto y alevosamente, les entregan la propiedad del activo del subsuelo.

El discurso del gobierno enaltece e induce las conductas insurgentes, el desafío de la dominación, el enfrentamiento de las injusticias, la desigualdad, el autoritarismo. Los líderes y movimientos a imitar son Zamora, Maisanta, Guaicaipuro, Josefa Camejo, Jorge Rodríguez padre, Alberto Lovera, Chávez; la explosión social del 27 de febrero, los fracasados golpes del 4 de febrero y del 27 de noviembre (éstos incluso se conmemoran oficialmente y pronto serán fechas patrias), la lucha guerrillera de los sesenta, las canciones de Alí Primera. Se estimula la admiración a Túpac Amaru, Mandela, Luther King, el Che Guevara, Marulanda, Lenin, la resistencia de los negros estadounidenses, la de los palestinos. Pero se contradicen, al descender a la realidad política y llaman terrorista a quien proteste y se les oponga, utilizando la nomenclatura creada por Bush padre, presidente en ese entonces del tan odiado imperio. Y no sólo los califican sino que los apresan, los incomunican, los desaparecen, los torturan y los matan pérfidamente.

Dicen enfrentar a EEUU, pero su política de defensa nacional es la impulsada por Washington para Latinoamérica, en la que las fuerzas armadas actúan y se organizan en función del enfrentamiento del “enemigo interno”. Están para reprimir las protestas de la gente, de quienes se les oponen, no para proteger al país de las apetencias territoriales extranjeras ni nada por el estilo. De hecho, Chávez entregó el Esequibo a Guyana y negoció con su hermano Santos para permitirle al Estado colombiano la navegación libre por el Orinoco y el Golfo de Venezuela, aparte de que en una ocasión, en televisión como le gustaba, estuvo a punto de trazar en el mapa del Golfo una línea intermedia entre las posiciones de Venezuela y Colombia, para terminar con el diferendo. No le importaba realmente la integridad territorial venezolana ni la soberanía. La autodeterminación que defendía, como la que defiende Maduro hoy, era su autodeterminación, no la de Venezuela.

El gigante, como lo llaman Néstor Francia y algunos otros “intelectuales” afectados mental o pecuniariamente, era en realidad un acomplejado, que le gustaba rodearse de adulantes y gente a la que pudiera mandar sin mayores esfuerzos. En sus batallas militares, cobardemente se rindió ante la primera resistencia de importancia que se le hizo (Ver el 4 de febrero 1992 y el 12 de abril 2002), para luego excusarse con el argumento de evitar derramamientos de sangre, cuando la única sangre que le preocupaba se derramara era la suya. Un ignorante que despreciaba el conocimiento que nunca llegó a obtener por sus propias limitaciones y ambiciones, y que transmitió este sentimiento a sus seguidores, quienes hoy disfrutan llevando la educación venezolana a sus peores estados de depresión. Francia tiene razón, no es comparable con Oscar Pérez, pues éste saldría muy por encima del aventurero del 4 de febrero: más genuino, más desprendido, sin asesinatos en su conciencia y sin responsabilidad en la total infelicidad actual del pueblo.

Pero sí son comparables sus acciones, subversivas, según nosotros, o terroristas, según el gobierno revolucionario pro imperialista. Chávez era un desconocido cuando el golpe del 4 de febrero, cuando se rindió, cuando se le garantizó la vida, cuando se permitió la presencia de la prensa y de un fiscal del Ministerio Público en el sitio de los enfrentamientos: el Museo Militar. Oscar Pérez era conocido por todo el mundo en el momento en que es masacrado, y de sus actividades no se generaron muertes de ningún tipo. Así Néstor Francia y otros se retuerzan de la rabia, los hechos son los hechos y la verdad duele pero es la verdad. El impacto nacional e internacional de la masacre no lo podemos saber todavía en su totalidad; a lo interno llama la atención el silencio del fiscal Tarek William Saab, que no creo que sea un silencio cómplice.

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Activos en el Activismo: El motor de la transición ciudadana en Venezuela

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Por: Luis Junior Vivas
Valencia, junio de 2026

​El activismo político no es una fuerza estática ni un simple registro de reclamos en papel; es el tejido vivo de la historia democrática. A lo largo de los siglos, los grandes giros de la humanidad —desde las sufragistas británicas hasta el movimiento por los derechos civiles de Martin Luther King— no nacieron en los despachos institucionales, sino en las calles, impulsados por ciudadanos comunes decididos a desafiar el statu quo.

​En Venezuela, esta herencia es profunda. La identidad republicana del país se forjó bajo el fuego de un activismo civil y militar que rompió las cadenas coloniales, y se redefinió en el siglo XX con la Generación del 28, aquellos estudiantes que plantaron cara a la dictadura gomecista y sembraron las semillas de la era democrática. Hoy, esa necesidad de participación vuelve a ser el epicentro de la realidad nacional.

​En el panorama contemporáneo, la figura de María Corina Machado ha redefinido el concepto de activismo en Venezuela. Su propuesta, enmarcada en un liberalismo popular y un férreo compromiso libertario, transformó la tradicional forma de hacer política en el país.
​Machado ha demostrado que el activismo no se limita a las dinámicas de los partidos tradicionales; se trata de una lucha ética, de resistencia y de organización de base. Desafiando inhabilitaciones, bloqueos de carreteras y persecución, su presencia en cada rincón del territorio nacional y fuera de el ,despertó una fuerza ciudadana que parecía dormida, convirtiendo la causa de la libertad venezolana en un movimiento civil sin precedentes en la historia reciente de la región.

​»Activos en el Activismo»: El eco que nace en Carabobo

​Es precisamente en este contexto de movilización permanente donde nacen las ideas que guían la acción. Desde la Coordinación Regional de Activismo de Vente Carabobo, se acuñó una frase que hoy resuena como un mantra para miles de ciudadanos: «Activos en el Activismo».

​Más que un eslogan de campaña, este término nació en tierras carabobeñas como un llamado a la acción consciente y permanente. Significa entender que la libertad no se espera pasivamente, sino que se construye a diario a través de la formación, la movilizació y la presencia en las comunidades. El estado Carabobo, históricamente vinculado a las gestas libertarias del país, vuelve a ponerse a la vanguardia conceptual de la resistencia civil con esta premisa.

​El activismo venezolano se encuentra hoy en su encrucijada más crítica y determinante. En el marco de una compleja transición política, el objetivo inmediato está firmemente trazado: confluir y presionar por un proceso electoral presidencial con plenas garantías democráticas.
​Los desafíos para quienes nos mantenemos «Activos en el Activismo» son monumentales:

​Organización y defensa del voto: Estructurar y seguir fortaleciendo redes ciudadanas capaces de movilizar a millones de electores y cuidar cada sufragio en condiciones adversas en un inevitable proceso electoral que más temprano que tarde se realizará en nuestro país.

​Vencer la censura: Convertir a cada ciudadano en un canal de información veraz ante el bloqueo de los medios de comunicación tradicionales, la persecusión y el amedrentamiento que aunque ha disminuido aún persiste por parte de las fuerzas del régimen.

​Mantener la ruta pacífica y constitucional: Resistir las provocaciones que buscan desmovilizar a la población, manteniendo el foco en la vía electoral como el mecanismo legítimo para el cambio.

​El camino hacia la transición presidencial no será sencillo, pero la historia demuestra que cuando una sociedad civil se organiza bajo un propósito claro, no hay estructura que pueda detenerla. El activismo en Venezuela ha dejado de ser una opción; hoy es el deber ciudadano que define el futuro de la República.

Abg. Luis Junior Vivas
Coordinador Regional de Activismo
Vente Carabobo

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