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Cómo hacer para avivar el deseo sexual

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Deseo sexual
Reconocer el problema es el primer paso.
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El deseo sexual es un tema ampliamente conocido; pero no todos se atreven a reconocer cuando su apetito para hacer el amor es bajo. Ese es el principal paso para devolver en ti esa pasión tan importante en una relación sentimental.

Estos son los pasos que te ayudarán:

Como en todo problema interno, reconocerlo es la primera etapa para iniciar un verdadero proceso de cambio. Evitar hablar de ello o simplemente hacer como si nada estuviese sucediendo es el peor enemigo a enfrentar.

Es difícil admitir nuestras dificultades y más aún si se trata de sexo; pero si es posible derribar este tabú. Por eso evadir entrar a la habitación o permanecer más tiempo de lo habitual fuera de la casa para escapar del momento íntimo, es lo menos aconsejable.

Una vez que hemos reconocido la inapetencia sexual, llegó el momento de actuar para encontrar los correctivos. ¿Qué me sucede? ¿Cuál es la causa? El estrés, inestable relación de pareja, fallidos encuentros sexuales; inseguridad desencadenada por baja autoestima; se presentan como los factores que sabotean el apetito sexual. Sin embargo, acudir a un terapeuta sexual para una orientación profesional; es lo recomendable en estos casos.

Deseo sexual en marcha

Para comenzar, los expertos en la materia aconsejan, nuevas técnicas, pautas y hábitos que ayuden a contrarrestar; hasta desechar por completo la falta de deseo. El estrés aparece, en muchos casos, como el motivo principal; si ese es tu caso es bueno evaluar para realizar los ajustes necesarios que contribuyan a descartar lo que ocasiona esta presión. Los ejercicios de relajación y aprender a desconectarse, ayudan en gran medida.

En esta terapia, la pareja juega un factor fundamental, es decir, su actitud, comentarios y necesidades son determinantes; pues puede motivar o desmotivar a quien necesita de su apoyo. En ello radica la importancia de asistir juntos a la terapia.

Hay que tener como principal punto de partida que el deseo sexual es mucho más que atracción física; se trata de un asunto mental, el factor protagonista. Por eso la confianza, conversar sobre qué te afecta, es necesario si se quiere avivar la llama.

ACN/La Vanguardia

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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad

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patinaje de velocidad
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En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras. 

Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar. 

Qué hace inolvidable un final de sprint

Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.

Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:

  • Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
  • Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
  • Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
  • Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
  • Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
  • Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.

Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.

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