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Conoce el «tickling» la técnica de las cosquillas eróticas
El sexo es un mundo lleno de experiencias, pues no solo se basa en la penetración, sino que hay mucho más allá y se puede disfrutar del placer de muchas maneras distintas. Una de ellas es mediante las cosquillas eróticas, es lo que se ha denominado knismolagnia o tickling.
La knismolagnia también conocida como tickling, por su nombre en inglés, no es otra cosa que excitarse con las cosquillas. Pero no son unas cosquillas comunes y corrientes, de hecho son especiales y debes practicarlas con una técnica precisa.
La idea no es que te mueras de la risa, sino que crees un momento de tensión erótica, que sea un juego de preliminares que te vuelva loca o a tu pareja y con la que salgas de la cotineadidad en tu vida sexual.
Cómo practicar el tickling
Las cosquillas provocan varias sensaciones diferentes, y en especial si se trata de las eróticas. Este tipo de prácticas consigue despertar los centros del placer en el cerebro, igual que la risa, y hace que segregues endorfinas. En otras palabras te activan el deseo y te llevan a vivir una práctica mucho más intensa.
Para empezar con el juego debes sabes que las zonas más sensibles son: el cuello, la nuca, las ingles, los pezones o la parte de detrás de las orejas. Los costados y las plantas de los pies también son buenos lugares por los que empezar, pero ojo tu pareja debe de sentir que se trata de algo sensual, si ves que le provocas risas entonces cambia de zona.
Hay tres formas de probar las cosquillas eróticas. Pero lo más importante es que utilices tu imaginación y te dejes llevar por las sensaciones.
Plumas: Busca una pluma específica para esta práctica. Es muy fácil encontrarlas en las sex-shops y tendrás multitud de modelos, colores, tamaños y formas entre las que elegir.
Vibradores. Cualquier vibrador te servirá para este propósito. Su movimiento, suave y continuo, hará que se despierten los centros de placer de todo tu cuerpo.
Chocolate: Lo importante es que se mezclen las sensaciones que transmiten el roce de los dedos y la lengua en la piel. Podrás explorar cada rincón del cuerpo de tu pareja.
ACN/ Mujer Hoy
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.
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