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Luna del cazador: ¿Qué es y qué tiene de especial?
El próximo 20 de octubre podremos presenciar un espectáculo único, los cielos del hemisferio norte se volverán a iluminar con la denominada Luna del cazador.
Lo que hace especiales a estas lunas es que permanecen en el cielo toda la noche sin dejar de brillar. Como promedio, la Luna sale unos 50 minutos más tarde cada día.
El nombre de este fenómeno proviene de las tribus amerindias que salían de caza para tener alimentos durante el invierno. Este suceso de finales de octubre significaba una oportunidad única para ir en busca de presas debido a que, al salir muy pronto por el horizonte, la luz reflejada por el satélite natural facilitaba la visibilidad de los cazadores. Además, coincide con el período de migración de las aves.
Aunque esta es la expresión más frecuente, la luna llena de octubre suele recibir otras denominaciones. Por ejemplo, en algunos países este fenómeno es conocido como la Luna de la caída de hojas. En el hemisferio sur el fenómeno ocurre en abril y se le conoce en algunos lugares como la Luna rosa.
Como dato curioso, la del cazador siempre es la luna llena posterior a la Luna de la cosecha. Esta, a su vez, es la más cercana al equinoccio de septiembre. No obstante, en algunas ocasiones el fenómeno de la cosecha se ha producido en octubre por lo que la de noviembre es la que se ha convertido en la del cazador. Esto sucede en pocos casos.
Durante la jornada, la Luna estará completamente iluminada. Sin embargo, serán las peores fechas para la observación astronómica. Aun así, los amantes de la fotografía podrán deleitarse cuando el satélite natural esté cerca del horizonte y coincida con el atardecer.
Además, se podrá ver la llamativa ilusión lunar: un efecto óptico que provoca que se aprecie la Luna mucho más grande en el horizonte ya que se observa a través de un mayor espesor de la atmósfera de la Tierra que cuando se mira hacia arriba. Por este motivo también adquiere un tono amarillo o naranja o rojizo.
ACN/ El Tiempo
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.
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