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Científicos han detectado neutrinos segundos después del Big Bang

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Científicos detectan neutrinos segundos después del Big Bang
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El Big Bang, esa enorme expansión que marcó el comienzo del universo, parecía ser algo sumamente difícil de demostrar. Debido a la imposibilidad técnica de medir directamente el evento; se suponía que el Big Bang era solo una teoría que nunca podría ser probada científicamente.

Sin embargo, conforme a una nueva corriente de pensamiento científico, el Big Bang habría dejado algunos signos reveladores que podemos detectar hoy; desde aquí mismo en la Tierra.

Resulta que durante el último siglo, los científicos han ido encontrando casi todos esos signos; uno por uno, pero de forma separada.

Justo el mes pasado, un equipo de investigación anunció que habían encontrado la evidencia que muchos pensaron sería imposible de detectar: ​​los primeros neutrinos; de apenas un segundo después del Big Bang.

Big Bang, y al vacío

Así es como ocurrió el origen de nuestro universo, de acuerdo con la teoría del Big Bang: hace unos 13.8 mil millones de años; todo lo que conocemos empezó en un punto muy pequeño y super denso, conocido como singularidad original.

Luego, en una billonésima de segundo, la singularidad se expandió de forma aritmética: al doble de su tamaño y nuevamente al doble, y otra vez; a una velocidad más rápida que la velocidad de la luz.

Poco tiempo después, el universo tal como lo conocemos fue una sopa de plasma de partículas fundamentales, cientos de veces más caliente que el sol; atravesado por ondas de densidad que viajaron a lo largo del universo en expansión.

Eventualmente, el plasma se enfrió lo suficiente como para que esas partículas fundamentales pudieran unirse en átomos simples, como el hidrógeno y el helio; produciendo electrones libres que zumbaban alrededor de los nuevos núcleos atómicos.

Evolución de las partículas en el universo, foto cortesía de NASA y CXC

Evolución del universo. Foto cortesía de NASA y CXC

Eso dejaba espacio suficiente, para que la radiación fluyera a través del universo sin obstáculos. Pero a medida que el universo seguía creciendo, esa radiación también se habría enfriado, convirtiéndose eventualmente en microondas invisibles.

Cada uno de los pasos en la teoría del Big Bang, hace predicciones comprobables. Por ejemplo, se dice que el universo era más pequeño en el pasado y probablemente seguirá creciendo. En 1929, Edwin Hubble descubrió que el universo se está expandiendo. Como sabemos que las partículas fundamentales se encuentran juntas, la teoría también dice que el plasma inicial debería haberse unido en una proporción particular de hidrógeno, helio y otros elementos.

Pues las proporciones predichas en la teoría son las que se encuentran en nuestro universo actualmente. ¿Y respecto a la radiación producida por la materia que se enfría, que eventualmente se transformó en microondas? Pues eso también puede observarse en la actualidad, en lo que se conoce como el fondo cósmico de microondas.

Investigaciones recientes lo demostraron

En el 2015, investigadores de la Universidad de California, detectaron evidencias de esos antiguos neutrinos en el fondo cósmico de microondas. Y en febrero del 2019, un equipo internacional detectó su evidencia en las oscilaciones acústicas bariónicas del universo. Este es un término “elegante” para las peculiaridades en la estructura del universo, causadas por las ondas de densidad que viajaban a través de esa sopa de plasma primordial después del Big Bang.

Los efectos de los neutrinos en el nacimiento de nuestro universo, se detectaron en el fondo cósmico de microondas, y ahora se han detectado en la estructura general del universo.

Si bien ciertamente hay mejoras que hacer para terminar de «pulir» este gran descubrimiento, vale la pena hacer una pausa para celebrar. El Big Bang continua siendo nuestra mejor teoría para explicar el origen del universo.

ACN/Astronomy.com (traducción contextual)

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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad

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patinaje de velocidad
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En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras. 

Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar. 

Qué hace inolvidable un final de sprint

Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.

Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:

  • Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
  • Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
  • Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
  • Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
  • Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
  • Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.

Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.

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