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Terapia combinada logra convertir células cancerígenas en grasas

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Un equipo de investigadores de la Universidad de Basilea (Suiza) ha logrado convertir células cancerígenas en células grasas. Aunque el estudio ha sido realizado en ratones, es una esperanza.

El equipo, hackeó una ruta de células cancerosas metastatizadas, pues cuando se sufre un corte o los órganos comienzan a crecer, las células del epitelio se vuelven más fluidas, explicó el bioquímico a cargo, Gerhard Christofori.

Señaló, que cambian a un tipo de célula madre llamada «mesénquima» y luego se transforman en cualquier célula que el cuerpo necesite; éste proceso se denomina transición epitelial-mesenquimatosa (EMT).

MET

Se conoce, que este proceso se puede usar desde hace un tiempo con el cáncer; además de la vía opuesta denominada MET (transición mesenquimatosa a epitelial), para diseminarse por todo el cuerpo y hacer metástasis.

Los resultados de la terapia han sido publicados en la revista digital Cancer Cell.

Ratones implantados

Investigadores tomaron ratones implantados con una forma de cáncer de mama humano y los trataron con un medicamento para la diabetes (rosiglitazona) y otro para el cáncer (trametinib).

Gracias a estos medicamentos, cuando las células cancerosas utilizaron una de las vías de transición; en lugar de diseminarse, cambiaron de cáncer a células grasas, en un proceso llamado adipogénesis.

Terapia combinada

Agregaron, que los resultados de la terapia combinada con ambos medicamentos; se dirige específicamente a las células cancerosas con mayor plasticidad e induce su adipogénesis.

Aunque no todas las células cancerosas terminaron por convertirse en células grasas; las que se sometieron a la adipogénesis no volvieron a cambiar a cancerígenas.

«Este enfoque terapéutico innovador podría usarse en combinación con la quimioterapia; para lograr suprimir el crecimiento del tumor primario y la formación de metástasis mortales», explicó Christofori.

ACN/EP/AP/VM/Foto: EP

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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad

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En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras. 

Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar. 

Qué hace inolvidable un final de sprint

Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.

Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:

  • Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
  • Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
  • Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
  • Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
  • Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
  • Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.

Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.

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