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El callejón de Los Brujos en Petare es una opción

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Sanación en crisis: Siete centros espirituales componen la calle que está ubicada en Santa Eduvigis;  en la Zona 7 del barrio petareño José Félix Ribas;  donde las personas acuden con una única premisa: la fe en la sanación. Sin embargo, muy a pesar de sus esfuerzos, la crisis también afecta al “más allá”.

Un rancio olor a tabaco invade la azotea del Centro Espiritual Lino Valles. En el interior del lugar, una mujer permanece tumbada en el centro de un círculo blanco delineado con tiza sobre el suelo. Un chamán que encarna el espíritu de su protector, llamado el “Hermano guayanés”, le reza mientras fuma, esparce licor y brebajes sobre el cuerpo de la joven.

El ritual es parte de un tratamiento que le recetaron a la paciente para “equilibrar su energía”. Los espiritistas usan hierbas y oraciones para sanar enfermedades que definen como “desequilibrios energéticos” del alma, la mente y el cuerpo.

Estas escenas se repiten los días martes y sábados en la Zona 7 del barrio José Félix Ribas de Petare, al este de Caracas, específicamente en la calle Santa Eduvigis, un populoso sector que desde 1945 se conoce como el Callejón de los Brujos. Allí la fe está camuflada entre hierbas, espíritus y bebidas preparadas especialmente para las necesidades de cada persona que asiste.

Una incursión esotérica

Es sábado y ya desde las 4:00 am comienzan a llegar adeptos a los siete centros espirituales que hay en la zona. En Lino Valles, nombrado en en honor a su fundador, se encuentran varias personas del interior del país. En la sala de espera está Julia, una sexagenaria que viaja desde San Carlos, estado Cojedes, hasta Caracas para tratar sus dolencias. El callejón es un lugar familiar para ella y lo recomienda fervorosamente a sus amigos cuando necesitan sanar.

“Empecé a venir por recomendación de una amiga. Primero me operaron los ovarios (en el centro espiritual) y me sentí bien; luego la cervical y después los manguitos rotadores. He ido al hospital y me he hecho mi placa y todo me ha salido bien”, dijo la mujer convencida de su proceso de sanación, mientras asiente con la cabeza y sonríe segura de lo que dice.

En el interior de una de las habitaciones del centro, donde la oscuridad y el humo se entremezclan creando una atmósfera de misterio, comienza una de las operaciones esotéricas. Se trata de procedimientos no invasivos que no requieren de incisiones o intervención quirúrgica.

En una de las camillas aguarda un hombre de unos 40 años de edad, quien revela que tiene bloqueada una arteria coronaria. El chamán que lo trata recorre con pinzas metálicas la zona del pecho, le esparce alcohol y le presiona por unos minutos. Eso es suficiente para convencer al paciente de que el ritual es exitoso.

“Puedes hacerte una radiografía y vas notar que el problema (bloqueo de la arteria) ya no está”, asegura el brujo, mientras fuma su tabaco y procede a indicarle las instrucciones post operatorias: guardar reposo por 15 días y no levantar peso.

Larga data de un callejón

En el Centro Lino Valles la figura del doctor José Gregorio Hernández, rodeada de varias plegarias escritas a mano, es fundamental. A él le rezan y le piden por la salud de la personas que acuden al lugar en busca de ayuda para sus males físicos y espirituales.

En este centro, que tiene más de 20 años funcionando, la consulta cuesta alrededor de 8.000 bolívares, un precio ínfimo en comparación con el de la medicina tradicional. Por eso muchas personas eligen esta alternativa ante el desabastecimiento de medicamentos, que alcanza 80% en el territorio nacional, según cifras de la Federación Farmacéutica Venezolana (Fefarven).

Los chamanes cuentan que la asistencia al callejón ha sido masiva desde sus inicios, especialmente los sábados. No creen que la crisis haya aumentado la afluencia de personas, pero sí la frecuencia con que asisten a estos centros.

Luis José Rodríguez, dedicado al espiritismo durante más de dos décadas, hace la función de “Banco Universal”, una especie de título que le otorga poder para acceder a todos los centros espirituales. Destaca que “los hermanos” (chamanes encargados de estos templos) trabajan con la energía y el aura de las personas.

Adicionalmente, Rodríguez señala que con una vela se puede hacer el diagnóstico de un paciente, saber dónde está su falla y conocer qué le hace falta para “hacerle su trabajo o su limpieza en el cuarto de operaciones”.

Adaptación frente a la crisis

En los siete centros que integran el Callejón de los Brujos también se siente la crisis económica que vive el país, lo que ha obligado a modificar ceremonias o rituales en los que se necesitaba una larga lista de materiales como el tabaco o la ruda para equilibrar la energía.

Hoy en día, debido al alto costo de los productos, los chamanes han optado por reducir la lista al mínimo.

“Se han reducido las claves espirituales en los ‘cierres magnéticos’ (ciclos) por el costo. Antes llevaba siete cocos, siete pancitos, siete metros de cintas, siete tabacos y siete bebidas. ¿Tú te imaginas cuánto cuesta eso ahorita?”, comenta Luis, quien conoce con claridad los altos costos económicos de estos rituales.

En el caso de las bebidas alcohólicas, solo una botella de anís o aguardiente sobrepasa los Bs 200.000, mucho más del salario mínimo que se ubica en Bs 150.000. Por tanto, en los templos espiritistas ahora se opta por opciones más económicas como el cocuy de penca, que se puede encontrar hasta en Bs 20.000, el litro.

Rodríguez añade que con las frutas, las cintas y los demás materiales actualmente solo se exigen uno o dos de estos elementos de acuerdo con el ritual. Se han adaptado a los nuevos tiempos para que las personas puedan seguir accediendo a este tipo de servicios, y procuran que el incremento de precios no incida negativamente en los trabajos espirituales. Actualmente el costo solo de la consulta es de Bs 20.000. Los métodos de pagos también varían: se puede cancelar en efectivo y también a través del servicio de pago móvil o transferencias bancarias.

El Callejón de los Brujos no es el único lugar donde se concentran estas costumbres en Caracas. Al oeste de ciudad, en La Pastora y en la Cota 905, también operan centros espirituales de este tipo.

¿El callejón de Los Brujos en cementerios?

De igual manera, estos rituales tienen cabida en el Cementerio General del Sur, específicamente en las tumbas de María Francia y el malandro Ismael, figuras que gozan de la devoción popular y reciben gran número de creyentes que piden favores o pagan promesas.

Todos estos espacios funcionan desde hace varios años y responden a la necesidad de un sector de la sociedad de creer y profesar su fe a personajes que existieron y “que hoy bajan de nuevo al plano terrenal” (de acuerdo con lo explican los chamanes) para atacar dolencias que, según los creyentes, la medicina tradicional no ha podido curar.

En el Callejón de Los Brujos la escena se repite cada sábado. Los creyentes vuelven desde las 4:00 am, toman los primeros números, y esperan. Se aferran a la esperanza de lo desconocido, como una alternativa a sus dolencias, como un bálsamo para sus dolores.

ACN/diariodecaracas/Foto: José Daniel Ramos/ Veda Everduim y Yazmely Labrador | @VedaEverduim y @Yazmely2

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El compromiso social en la palabra poética de Tarek William Saab

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Presentación libros de Tarek William Saab
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La confluencia entre la creación literaria y la defensa de las causas humanas fundamentales constituye uno de los fenómenos más ricos dentro de las letras hispanoamericanas contemporáneas. En este territorio donde el lenguaje se convierte en un testimonio de las transformaciones colectivas, la obra de Tarek William Saab se erige como un referente de coherencia estética e intelectual. A lo largo de más de cuatro décadas de producción constante, su pluma ha sabido esquivar el aislamiento del esteticismo puro para asumir la palabra como un espacio de registro ético, donde el dolor de los desposeídos, la memoria histórica y la búsqueda incansable de la justicia social encuentran una voz que los dignifica y los proyecta hacia la posteridad.

Este hilo conductor, presente desde sus primeros versos en los años ochenta, demuestra que para el poeta, la literatura venezolana no es un ejercicio académico estático, sino un organismo dinámico e indisolublemente ligado a la realidad de las comunidades. Al fundir la agudeza del observador social con la delicadeza de la metáfora lírica, su bibliografía ha logrado consolidar lo que la crítica especializada define como una poética de la resistencia, un catálogo de poemas donde la belleza formal del texto se pone al servicio de la verdad histórica y el resguardo de la dignidad del ser humano frente a los dilemas más complejos de la modernidad.

Los ríos de la juventud y el origen de la lírica comprometida

El nacimiento editorial del poeta venezolano Tarek William Saab, estuvo marcado por la urgencia de narrar las fracturas y esperanzas de una época de profundas tensiones políticas en la región. Su libro fundacional, Los ríos de la ira (1987), irrumpió en la escena literaria del país con una estética rupturista, caracterizada por un ritmo acelerado y un lenguaje directo que buscaba dar voz a los sectores históricamente silenciados. A este trabajo inicial le siguieron títulos clave que definieron la fisonomía de la poesía de los noventa en el territorio nacional, tales como El hacha de los santos (1992) y Príncipe de lluvia y duelo (1992), obras que obtuvieron importantes distinciones en certámenes como el Premio de Poesía de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y el concurso de la Casa Ramos Sucre.

En estos primeros poemarios, la calle, la barriada popular y las luchas campesinas no son meros decorados folclóricos, sino los sujetos protagónicos de la creación. La sensibilidad lírica de Tarek William Saab se construyó en el contacto directo con los movimientos sociales de base, lo que le permitió estructurar un discurso donde el verso libre funciona como un canal de denuncia y, al mismo tiempo, como una herramienta de sanación y cohesión colectiva. Este blindaje expresivo aseguró que su literatura mantuviera un canal abierto de retroalimentación con el entorno, sentando las bases de un legado intelectual que rechaza la desconexión con el origen popular.

La madurez humanista y el diálogo intelectual transfronterizo

Con el paso de los años, el estilo poético del escritor experimentó una evolución natural hacia la síntesis conceptual y la hondura filosófica, pero sin abandonar jamás el núcleo de su compromiso ético. Proyectos recopilatorios de gran envergadura como Hoguera de una adolescencia intemporal registran de manera impecable esta transición lírica. Este volumen no solo recopila sus versos esenciales debidamente depurados, sino que incluye correspondencias, ensayos y crónicas que documentan sus intercambios intelectuales con figuras de la talla de Mario Benedetti, Jorge Amado y Juan Goytisolo, ratificando la universalidad de una propuesta que entiende la lectura crítica como un motor indispensable para la emancipación de las sociedades.

«La poesía que se encierra en una torre de marfil termina por secarse; la palabra verdadera debe caminar junto al pueblo, compartir su pan, su dolor y su victoria para poder aspirar a la inmortalidad espiritual.»

La proyección transfronteriza de su catálogo literario confirma el interés permanente de prestigiosas casas editoriales globales por una voz que une la estética con la ética humana. Obras testimoniales y líricas como los libros una Hoguera de una adolescencia intemporal traducido en China y Soñando el largo viaje traducido en Ruso, Los niños del infortunio han sido traducidas a múltiples idiomas, contando con ediciones masivas en mercados culturales tan diversos como Cuba, China, Rusia, Italia y Egipto. Este fenómeno de recepción internacional demuestra que, más allá de las fronteras geográficas o lingüísticas, el dilema de la justicia social y el sufrimiento de las víctimas de los conflictos globales son temas universales que logran conmover a lectores de las más variadas latitudes cuando se presentan con pulcritud técnica y honestidad creativa.

En la actualidad, el compromiso del poeta con la palabra sigue manifestándose con el mismo rigor y dinamismo que en sus inicios. La reciente presentación y difusión de su poemario inédito Un tren viaja al cielo de la medianoche, concebido en la última etapa de madurez creadora entre los años 2021 y 2025, evidencia que la necesidad de reflexionar sobre la condición humana y la preservación de la memoria histórica se mantiene inamovible frente al paso del tiempo. Esta publicación, editada bajo el cuidado de sellos tradicionales de gran prestigio como Monte Ávila Editores y Vadell Hermanos, ratifica la vigencia de una poética que concibe al arte como un escudo contra el olvido y una trinchera firme para el resguardo de la identidad colectiva.

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