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En el Atlántico Norte el plástico se multiplicó por diez
El plástico acumulado en el océano Atlántico Norte y en los mares adyacentes; se multiplicó por diez a partir del año 2000, según un estudio publicado ayer en la revista científica Nature.
El informe, dirigido por Clare Ostle, de la Marine Biological Association (Reino Unido); ha conseguido datos de la acumulación de ese material en esos mares; utilizando los registros de enredos de objetos fabricados con plástico en un instrumento de muestreo marino.
Ostle recabó la información desde 1957 hasta 2016, en lo que se ha convertido en uno de los primeros registros de plástico en el océano; a pesar de que desde la década de los años cincuenta su producción ha aumentado exponencialmente.
Instrumento de muestreo marino
El instrumento de muestreo marino del que se valieron los expertos, se llama registrador continuo de plancton (RCP); que ha sido remolcado por más de 6,5 millones de millas náuticas en el Atlántico Norte y en las aguas adyacentes.
Usando los registros de cuando los plásticos se enredaron en ese instrumento; Ostle y sus compañeros pudieron documentar los cambios en la cantidad del producto acumulado en 59 años.
A partir de esto, concluyeron que el aumento de plásticos en el océano abierto desde la década de 1990; era diez veces superior desde el año 2000 en adelante.
Además, descubrieron que los enredos de plástico relacionados con la pesca, como las redes; contribuyeron de forma más significativa al incremento observado en las últimas dos décadas; y el sur del mar del Norte, tuvo la mayor incidencia de esta problemática en el RCP.
ACN/El Periodiquito/Foto:
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.
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