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Un ajo diario puede salvarle la vida

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La ingesta de un ajo diario puede salvarle la vida. Disminuye la presión arterial; ayudando a la circulación de la sangre en el organismo;  erradica el cansancio,  previene el cáncer y  disminuye trastornos cardiovasculares;   sobre todo desintoxica al cuerpo de metales pesados y reduce muchos signos clínicos de toxicidad, incluidos dolores de cabeza y presión sanguínea.

Las personas, sobre todo las mujeres, suelen cuidar su estética. Para ello existen numerosas recetas de mascarillas, mezclas y alimentos que contribuyen tanto al cuidado de la piel como a conservar el cuerpo desde adentro. Es por esto que hoy te mostraremos todos los beneficios que traerá para ti el ingerir un ajo diariamente.

Presión sanguínea y dolores de cabeza

Según los estudios realizados por diversas universidades y laboratorios, el ajo disminuye la presión arterial -ayudando a la circulación de la sangre en el organismo-, erradica el cansancio durante la gestación -dándoles más energía a las madres para su día a día-, y cura algunas infecciones vaginales.

Otros beneficios son: prevenir el cáncer -en su mayoría a las mujeres-, disminuir el colesterol -disminuyendo las posibilidades de contraer males cardiovasculares-y desintoxicar al cuerpo de metales pesados.

Un ajo diario puede salvarle la vida

El estudio de cuatro semanas realizado a empleados de una fábrica de baterías de coche -exposición excesiva a plomo- arrojó que el ajo bajó los niveles de plomo en la sangre de los trabajadores en un 19%. Asimismo, rebajó muchos signos clínicos de toxicidad, incluidos dolores de cabeza y presión sanguínea.

Todo esto se ve sustentado por el estudio del Memorial Sloan Kettering Cancer Center, el cual asegura que los dientes de ajos son una fuente de antioxidantes, y al triturarlo se vuelve en alicina.

ACN/Wapa.

No deje de leer: Las selfies pueden usarse para medir la presión arterial (+Video)(Opens in a new browser tab)

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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad

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En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras. 

Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar. 

Qué hace inolvidable un final de sprint

Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.

Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:

  • Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
  • Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
  • Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
  • Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
  • Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
  • Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.

Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.

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