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Parche adhesivo mide la glucosa sin necesidad de pinchazo

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Parche adhesivo
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Un grupo de científicos surcoreanos ha desarrollado un parche de grafeno que facilitaría la gestión de la diabetes al medir el nivel de glucosa en la sangre y administrar el fármaco adecuado, publica hoy la revista británica Nature Nanotechnology.

Los investigadores, encabezados por Dae-Hyeong Kim, del Instituto de Ciencia Básica de Seúl, han probado en ratones diabéticos este pequeño parche semitransparente, capaz de detectar la glucosa a través del sudor.

Los autores subrayan que la ventaja de este sistema, que se probó también en dos varones sanos, es que sería más práctico y menos invasivo que el método actual de pinchar el dedo del paciente.

Para elaborar el parche, combinaron el grafeno con partículas de oro y una malla de este metal, a fin de crear un material flexible y semitransparente, que puede llevarse pegado en la parte anterior del brazo.

El parche, que aún no está del todo desarrollado, permitió evaluar los niveles de glucosa en sangre de los roedores y después administrarles la dosis correspondiente del fármaco antidiabético metformina.

Los investigadores apuntan que el grafeno es un material con un gran potencial para ser usado en dispositivos electrónicos de este tipo, pues es flexible, conduce la electricidad y puede ser suave, fino y transparente.

Sin embargo, advierten de que la manera en que se sintetiza limita su uso en dispositivos electroquímicos para la detección de marcadores bioquímicos, como el PH, los iones y las biomoléculas.

El parche que se presenta en Nature Nanotechnology es capaz de corregir en tiempo real el PH y la temperatura para ofrecer mayor fiabilidad.

Cuando el parche desarrollado por el equipo de Kim detecta una alta concentración de glucosa en el sudor, se activa un mecanismo por el que unas microagujas disuelven su capa protectora para proceder a administrar la metformina.

Los científicos apuntan que, antes de poder probar el parche en pacientes, se debe mejorar este mecanismo de administración del fármaco.

ACN/EFE

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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad

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En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras. 

Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar. 

Qué hace inolvidable un final de sprint

Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.

Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:

  • Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
  • Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
  • Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
  • Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
  • Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
  • Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.

Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.

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