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Opinión

Meten la pata opositores engreidos

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hambre - acn
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Meten la pata opositores engreídos  sin política comunicacional unitaria: Por Coromoto Álvarez.- Sin duda alguna, a la luz del análisis severo de profanos del altar de las mezquindades frente al drama inadmisible que aqueja a los venezolanos,  los opositores engreídos meten la pata a cada rato enredados en el desierto de las improvisaciones y de las omisiones previamente establecidas, en ausencia de una política comunicacional unitaria y eficaz.

Maestros con más de medio siglo de experiencias, entre ellos catedráticos de valía insoslayable y reporteros de investigación, militantes de  fronteras ideológicas, observan con detenimiento el tiempo perdido entre cabezas de listas de organizaciones políticas que sufren el mal de páramo que les pasma el cerebro, a la saga del llamado ‘’ centralismo democrático’’ de los partidos comunistas y fascistas que inventaron esa frase a los niveles de José Stalin, Adolfo Hitler, Benito Mussolini y Fidel Castro, para perpetuarse en el poder y adormecer con sus cuarteles de propaganda a las masas populares, es decir, con ‘’ la artillería del pensamiento’’—según expresó el Libertador Simón Bolívar antes de ser declarado dictador de Colombia-  para someterlas a la esclavitud, el hambre y la miseria.

Reforzada la premisa en boga trastocamos el tema, no solo para dar cabida a la frase de Juan Jacobo Rousseau: ‘’ La historia es una mentira convenida’’ y tomar en consideración en esta sociedad teatral  un libro reciente, calificado de indispensable para la lectura, que nos hacía falta, del colombiano Jorge Orlando Melo sobre la ‘’ Historia mínima de Colombia’’, en el cual introduce un parangón entre Bolívar, el hombre que proponía la presidencia vitalicia y el Senado hereditario y Santander el jurista, el supuesto autor intelectual del ‘’ envenenamiento’’ del Padre de la Patria, tema tabú que esconde  el gendarme innecesario y el historiador de pacotilla.

Cuando se pretende desnudar realidades a ese nivel, es porque se busca la verdad a cada instante de cara a los requerimientos de las inmensas mayorías de ciudadanos desasistidas por su dirigencia, salvo las individualidades cuya credibilidad se halla en primer lugar de las encuestas.

El preámbulo que adorna esta entrega es para escribir sin tapujos, no solo frente al bolivariano  engañoso del oficialismo, sino  para denunciar también a quienes en la acera de enfrente, como Lucho Villalba Villalba se enfadaba por la trama de Pancho Herrera Luque en su historia novelada de ‘’ Boves el Urogallo’’ que  ubicaba la figura de Bolívar en segundo plano.

Volvamos al terreno del antojo. El chavismo-madurismo llenó el tarro con la compra de medios de alta monta crematística muy comprometida, para cultivar loas al régimen- más las groserías de sus analfabestias- la disciplina apologética plagada de  embustes que hoy nadie oye, como esa versión de Maduro: — Regresen muchachos’’ que aquí los espera ‘’ el mejor país del mundo”-.

Frente a la anarquía opositora y su silencio  pedimos perdón por esta cita: ‘’ Aquí no ha pasado nada’’, según la profesora Ángela Sago. Y por la del camarada Kotepa Delgado: ‘’ Escribe que algo queda’’…

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Turno Final

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Alfonso Saer
Sentidas palabras del "Narrador" don Alfonso Saer.
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Me tomé el atrevimiento y sin su permiso, montar este sentido escrito de don Alfonso Saer.  Periodista que conoce las entrañas de Cardenales de Lara, porque lo vio nacer y este viernes desgraciadamente ver de cerca la partida inesperada, asesina y abusiva de Luis Valbuena y José Castillo.

“El Narrador” como se le conoce al insigne periodista deportivo plasmó en este artículo el sentir de la nación deportiva, de sus aficionados larenses, de un país entero que clama a cada segundo por justicia. Su hijo, Alfonso Saer Gómez la colgó vía Twitter:

  TURNO FINAL

Luis y José, jamás voy a olvidar sus dos apariciones de cierre.

La tuya, Castillo, fue de verdad en el epílogo del juego y de la vida. Transmití tu hit en el noveno tramo, cuando sin saberlo, marcabas un adiós a la Caracas que te idolatró. Fue una candente rolata, tan parecida a tu fogoso carácter. El tercer imparable del careo, sexto en dos fechas. Un emergente entró a correr. Te sacaban del juego por estrategia. El destino — creeremos en eso? — te excluiría del mundo terrenal horas más tarde en un suburbio acosado por la delincuencia que reparte odio y destrucción en el país.

Antes, Valbuena, narré la que cerró tu vigorosa estadística en nuestro beisbol. Ocurrió en el segundo inning, como siempre peleando el turno, cuentas elevadas, selección en el plato, dedicación. Leñazo a la derecha y tu celebración habitual en la inicial. Siempre conversaba con mi hijo y le aseveraba: “Si alguien puede llevarnos al campeonato ese es Valbuena”.

Mis piernas temblaron y el pulso se aceleró al bajar del bus y ver dos peloteros de la enseña roja tendidos, inertes, en el asfalto. Ya era madrugada y casi nadie circula por esas carreteras que antes eran de Dios y ahora son pertenencia del espíritu malo. Algunos gritaban los nombres de sus compañeros fallecidos. Todos, sin excepción, sollozaban. Ese instante, Luis y José, tardará en ser erradicado de esta mente que jamás presenció tal escena de incalificable dolor, con gente tan cercana.

Circulan por la memoria de tercera edad ráfagas de bonitos recuerdos, retozos vibrantes. Mi narración del hit 1000 de quien llamaban “el hacha”, y tantos jonrones — siete este año — del zurdo que estremecía los graderíos con sus tablazos ganadores. Cuando escriba el próximo lineup haré una pausa en los turnos del medio y me provocará colocar allí sus nombres, Luis y José. Alguien ocupará esas casillas, ley de vida, pero ustedes nos harán falta, mucha falta.

El alado larense está profundamente herido, pero nunca muerto. Que este dolor severo y agudo se transforme en vigor y decisión en aras de un título que Valbuena pretendió desde la fecha inaugural, y Castillo vino a refrendar con experiencia y aplomo.

Al escribir estas líneas la congoja ahoga mis sentimientos. Imposible evitar una lágrima espesa por cada uno, Luis y José. A ti, Carlos, sobreviviente, ánimo y fuerza. Por algo te protegieron.

Hoy más que nunca quiero que desde el fondo de mi garganta resuene la estremecedora frase “Cardenales campeón”.

Alfonso Saer

ACN/MAS

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