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«No me estoy retirando, estoy avanzando» afirma Carolina Herrera
“¡No me estoy retirando! Estoy avanzando” afirma Carolina Herrera: Con 79 años, Carolina Herrera afirma que “¡No me estoy retirando! Estoy avanzando” y quiere dedicarle más tiempo a su familia. Tras 37 años en el mundo de la moda y 72 desfiles, la venezolana Carolina Herrera se despide este lunes como directora creativa de la firma que creó en 1981 pero no se retira del mundo de la moda, ya que seguirá siendo embajadora internacional de su marca.
Con 79 años, Herrera quiere dedicarle más tiempo a su amplia familia. De su primer matrimonio tiene dos hijas, Mercedes y Ana Luisa, y del segundo, con Reinaldo Herrera, otras dos, Carolina y Patricia. Y ya tiene 12 nietos y 6 bisnietos.
Pero su dedicación familiar no le impedirá seguir ocupándose de su casa de modas, donde ocupará un cargo creado a su medida, el de embajadora de la marca, desde el que podrá controlar la labor que realizará su sustituto, el estadounidense Wes Gordon.
Gordon, de 31 años de edad, que presentó sus diseños en Nueva York entre 2010 y 2016 y que en el último año ha trabajado como consultor creativo para Carolina Herrera, es «el adecuado para este puesto», en palabras de la diseñadora.
«Estoy encantado con la evolución de la compañía en estos 37 años. Nuestro éxito ha sido tremendo y un verdadero sueño. Todavía hay muchas oportunidades y espero seguir representando a la casa y a nuestros proyectos en todo el mundo», aseguró Herrera en un comunicado.
Mañana se hará efectiva esta decisión que en ningún caso supone una retirada, como se encargó de resaltar la diseñadora en una entrevista con The New York Times, la única que ha dado hasta el momento. «¡No me estoy retirando! Estoy avanzando», aseguró.
Y aunque no se trate de una retirada, sí es un punto y aparte en la historia de esta venezolana que no comenzó a diseñar hasta pasados los 40 años, una edad tardía que no le ha impedido alcanzar el olimpo de los diseñadores más respetados del mundo de la moda.
Lo ha hecho desde un estilo clásico y depurado que desde el primer momento reflejaba el gusto de la clase alta neoyorquina en la que la venezolana se introdujo con una gran facilidad cuando llegó a la ciudad en 1980.
Desde niña había estado en contacto con el mundo de la moda -a los 13 años asistió a un desfile de Balenciaga- y había trabajado como publicista para Pucci en Caracas.
Pero fue su amistad con los más modernos de aquella época, desde Mick y Bianca Jagger a Andy Warhol, la razón de su entrada en el mundo de la moda, de la mano de Diana Vreeland, todopoderosa editora de Vogue, el puesto ahora ocupado por Anna Wintour.
Su primera colección la presentó en el Metropolitan Club de Nueva York y su éxito fue tal que pronto empezó a vestir a personalidades como Elisabeth de Yugoslavia, Ivana Trump, Kathleen Turner y Nancy Reagan.
Aunque su mejor embajadora fue Jacqueline Kennedy Onassis, a quien vistió durante doce años. Incluso se encargó de realizar en 1986 el traje de boda de su hija, Caroline Kennedy.
Además de haber vestido a lo largo de los años a varias de las primeras damas de Estados Unidos, como Laura Bush, Michelle Obama y Melania Trump.
Porque la seña de su trabajo ha sido siempre una sutil y discreta elegancia con un corte impecable, pero no exenta de detalles de lujo, algo muy del gusto de estas damas consortes de la política o de actrices como Renée Zelwegger, que suele acudir a los Óscar con vestidos de la casa.
Todas ellas han disfrutado de la máxima de Carolina Herrera: «Tengo una responsabilidad con la mujer de hoy. Hacer que se sienta con confianza, moderna y, sobre todo, hermosa».
Y ella lo ha logrado con sus diseños atemporales, en los que no se ha dejado influir por las modas pasajeras y que siempre ha apostado por las líneas sencillas y depuradas.
Sus eternas camisas blancas, que ella sabe llevar como nadie, la exquisitez de sus vestidos de noche, los colores puros y los estampados discretos han vestido a la mujer Carolina Herrera desde hace 37 años.
Aunque sí se ha dejado llevar por las modas en lo que a negocio se refiere. Es una de las diseñadoras que más ha explotado su logotipo, que firma desde perfumes a carritos de bebé, lo que ha llevado a su firma a registrar unas ventas anuales de 1.400 millones de dólares.
Pero Carolina Herrera parece estar por encima de cifras y de modas. Como resume a la perfección Anna Wintour: «Tiene un estilo constante. O bien se tropezó con el elixir de la eterna elegancia o es una maestra en el arte de variar sutilmente un tema ganador».
Sus últimos diseños protagonizarán hoy la Fashion Week neoyorquina. Y los presentará rodeada por su marido y sus cuatro hijas, además de por rostros emblemáticos de su firma, como Bianca Jagger, que estuvo en el primer desfile y estará en el último.
ACN/EFE
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.


