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Señales de vida en luna de saturno detecta la Nasa
Señales de vida y un nuevo hallazgo aumenta la posibilidad y el número de planetas que podrían albergar vida como en la Tierra, cuando Investigadores de la Nasa descubrieron una sustancia que puede indicar la presencia de microorganismos en la mayor de las lunas de Saturno, el Titán, considerado uno de los cuerpos celestes del Sistema Solar más parecidos a la Tierra. Además, es el único, junto con nuestro planeta, que cuenta con líquido estable en su superficie.
Los científicos han divulgado sus conclusiones en un estudio publicado en el portal Phys.org. A una altitud de 200 kilómetros sobre la superficie de Titán los científicos descubrieron una pequeña concentración de acrilonitrilo, o cianuro de vinilo, un compuesto orgánico que potencialmente puede participar en la formación de membranas celulares de microorganismos que podrían vivir en los océanos de metano del cuerpo celeste.
Los investigadores creen que, si en Titán existe vida basada en el metano, el cianuro de vinilo puede ser una alternativa al agua de la Tierra, algo que “ampliaría el número de planetas y lunas que pueden albergar vida extraterrestre”.
Para detectar el compuesto, los científicos utilizaron el complejo de radiotelescopios Atacama Large Millimeter Array (ALMA), situados en el desierto de Chile. El mayor número de moléculas fue hallado sobre el polo sur de la luna. A bajas temperaturas (179 grados centígrados bajo cero), unas temperaturas habituales en Titán, las moléculas orgánicas de la atmósfera forman gotas donde se concentra el acrilonitrilo, que cae en los lagos de metano.

El grupo de Maureen Palmer, investigadora del Goddard Space Flight Center de la NASA en Greenbelt, realizó un experimento que demostró que en Ligeia Mare, el lago septentrional de Titán, hay suficiente cianuro de vinilo para formar unos 10 millones de células por centímetro cúbico, una concentración unas diez veces superior a la de bacterias en los océanos costeros de la Tierra.
Titán es considerado uno de los cuerpos celestes del Sistema Solar más parecidos a la Tierra. Además, es el único, junto con nuestro planeta, que cuenta con líquido estable en su superficie.
ACN/Nasa/agencias
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.
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