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Vigencia de la Carta de Jamaica en geopolítica actual
Discurso precursor del antiimperialismo
El concepto de una identidad latinoamericana; como parte del discurso precursor del antiimperialismo; es uno de los temas que expresa el Libertador Simón Bolívar en la Carta de Jamaica; documento vivo, que desde su génesis y evolución logra a lo largo de 205 años; una vigencia de importancia en la geopolítica actual.
Con el título original «Contestación de un Americano Meridional a un caballero de esta isla»; Bolívar asienta en un documento, por primera vez; la autorreferencia de identidad que marca una ruptura cultural con la matriz hispánica.
El referente de «Americano meridional» (que denota a los habitantes en las colonias españolas); representa al nuevo sujeto político que surge como protagonista; los pueblos de este lado del continente que alegan un derecho político a existir, es la concepción del ser latinoamericano.
El pensamiento anticolonialista
La reflexión de la existencia política también la acompaña una reflexión cultural; de quiénes en esta región históricamente salimos a defender el derecho a ser libres e independientes.
Este autorreferente, se basa en el concepto de que deberíamos tener una forma política; que nos una, idea que Bolívar consideraba sobre la revolución suramericana; en el contexto mundial.
Bolívar habla del «equilibrio del universo»; en el cual América pudiera cumplir una función, idea que expresa un pensamiento anticolonialista; que luego «va a trocar en lucha antiimperialista»; como lo consideran varios investigadores; entre ellos el cubano Francisco Pividal.
La vigencia de la Carta de Jamaica se fundamenta en tres aspectos; el equilibrio de poderes o pluripolaridad, el imperativo de la unión para lograr la independencia; y la identidad cultural del continente.
Génesis de un escrito
Para comprender la evolución de la Carta de Jamaica; se pueden identificar sus fases pre-editorial (ajustes y correcciones) y editorial (publicaciones en inglés y español); con algunas variantes del documento o «contestación» a un «señor de esta isla»; quien le manifiesta a Bolívar su interés por la lucha independentista; en una primera carta con fecha 29 de agosto de 1815.
La misiva suscrita por Bolívar es del 6 de septiembre. La versión al inglés fue traducida 14 días después, el día 20; por el canadiense John Robertson y posee correcciones en francés; hechas por puño y letra del Libertador; en julio de 1818 fue publicada, por primera vez; en el The Jamaica Journal and Literate Gazette (Kingston), por gestión de Pedro Gual.
En 1825 se imprimió por segunda vez; en el The Jamaica Journal and Kingston Chronicle; y una tercera versión, 18 años después de escrita (1833); fue publicada en Caracas —única hasta esa fecha en castellano— por Francisco Javier Yánez y Cristóbal Mendoza; en la Colección de documentos relativos a la vida pública del Libertador.
Un texto aparentemente «Canonico»
Dicho texto, aparentemente «canónico», será reproducido en los trabajos de José de Austria (Caracas 1855); Felipe Larrazábal (New York, 1883); José Félix Blanco y Ramón Azpúrua (Caracas, 1876); Simón O’Leary (1883), Vicente Lecuna (1929); y la Sociedad Bolivariana de Venezuela (1972).
De la fase pre-editorial se rescatan los manuscritos de la versión inglesa y la versión en castellano; que fue recientemente hallada. El documento en inglés fue localizado por Guillermo Hernández de Alba; conservado por el Archivo Nacional de Colombia, en Bogotá; con tachaduras y enmiendas de varias manos, a tinta y lápiz.
El segundo fue hallado en 1996, como anónimo y sin fecha; por el investigador ecuatoriano Amílcar Varela en el Archivo Histórico del Banco Central de Ecuador. Posee 16 folios, un pliego faltante y un tercer párrafo adicional en el número 14; que evidencia la omisión, presuntamente intencional, de parte de su contenido.
Una comisión venezolana revisó el documento; con evaluación técnica visual organoléptica (material); grafotécnica y paleográfica (escritura); para cotejar con los textos producidos por el secretario del Libertador, Pedro Briceño Méndez; y certificó la autenticidad de este escrito, calificado como «único documento conocido hasta la fecha manuscrito en castellano»; concluye el acta con fecha 28 de octubre de 2014.
Historia de un documento
Bolívar llegó a Jamaica el 14 de mayo de 1815, proveniente de Cartagena (Colombia); sin recursos y agotado físicamente. Fue recibido por el gobernador de la isla y algunos comerciantes ingleses; pernoctó en una modesta pensión donde sobrevivió a un atentado en su hamaca; del que resultó muerto Félix Amestoy, proveedor de su ejército.
De sus reflexiones surge una prolífica actividad literaria; con cartas e informes, entre ellas su respuesta a un incógnito «señor de esta isla». Luego de 140 años, en 1954, fue descubierta la identidad del destinatario de la misiva de Bolívar; por parte del monseñor Nicolás Eugenio Navarro, quien determinó que se trataba de Henry Cullen; comerciante inglés, explica en su libro El destinatario de la Carta de Jamaica.
La primera biografía del Libertador
Robertson, traductor de la versión inglesa de la carta; y general de brigada incorporado a la causa independentista, murió en Jamaica el 15 de octubre de ese año; luego de culminar la primera biografía del Libertador, el 24 de septiembre; que fue publicada en 1816 por el New York The Columbian.
Sobre cómo llegó el manuscrito en castellano a Ecuador; se presume la probabilidad de que Manuela Sáenz lo obtuviera en Jamaica; luego de su expulsión de Bogotá (1834) y lo extraviara en Quito (1835); antes de partir a Perú, país donde permaneció hasta sus últimos días.
ACN/AVN
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.
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