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Supernova habría causado la extinción masiva del período carbonífero
Un estudio dirigido por el profesor de astronomía y física de la Universidad de Illinois, Brian Fields, explora la posibilidad de que la explosión de una supernova fue la responsable del evento de extinción masiva ocurrido hace unos 359 millones de años, en el límite entre los períodos Devónico y Carbonífero. El artículo científico fue publicado en la revista «Proceedings» de la National Academy of Sciences (EEUU).
El equipo se concentró en el límite Devónico-Carbonífero porque esas rocas contienen cientos de miles de generaciones de esporas de plantas que parecen haber sido quemadas por la luz ultravioleta, evidencia de un evento prolongado de agotamiento del ozono en la atmósfera.
«Las catástrofes terrestres, como el vulcanismo a gran escala y el calentamiento global, también pueden destruir la capa de ozono, pero la evidencia de ello no es concluyente para el intervalo de tiempo en cuestión», dijo Fields.
Una supernova posiblemente causó la extinción masiva del Devónico-carbonífero
«En cambio, proponemos que una o más explosiones de supernovas, a unos 65 años luz de distancia de la Tierra, podrían haber sido responsables de la pérdida prolongada de ozono», agregó.
«Para poner esto en perspectiva, una de las amenazas de supernova más cercanas hoy en día es la estrella Betelgeuse, que se encuentra a más de 600 años luz de distancia y muy fuera de la llamada «distancia de muerte» de 65 años luz», dijo el estudiante graduado y coautor del estudio, Adrienne Ertel.
Una supernova, ofrece un «doble golpe» a las concentraciones de ozono de la atmósfera. La explosión de una estrella cercana, inmediatamente baña la Tierra con rayos ultravioleta, rayos X y mortales rayos gamma. Luego, la explosión de escombros de supernova golpea el sistema solar, sometiendo al planeta a una irradiación de larga duración de rayos cósmicos acelerados por la supernova. El daño a la Tierra y su capa de ozono podría haber durado hasta 100.000 años.
Sin embargo, la evidencia fósil indica una disminución de 300.000 años en la biodiversidad que condujo a la extinción masiva del periodo Devónico-Carbonífero, lo que sugiere la posibilidad de múltiples catástrofes, o tal vez incluso múltiples explosiones de supernovas. «Esto es completamente posible», dijo Jesse Miller, coautora del estudio.
Evidencias en las rocas: A la caza de los isótopos radioactivos
«Las estrellas masivas generalmente ocurren en cúmulos con otras estrellas masivas, y es probable que ocurran otras supernovas en cadena pocas decenas de miles de años después de la primera explosión», agregó Miller.
El equipo dijo que la clave para demostrar que ocurrió una supernova sería encontrar los isótopos radiactivos plutonio-244 y samario-146 en las rocas y fósiles depositados en el momento de la extinción. «Ninguno de estos isótopos se encuentra naturalmente en la Tierra hoy, y la única forma en que pueden llegar aquí es a través de explosiones cósmicas», dijo el estudiante de pregrado y coautor Zhenghai Liu.
«Cuando ves bananas verdes en Illinois, sabes que son frescas y no crecieron aquí. Tal como ocurre con las bananas, los isótopos Pu-244 y Sm-146 (plutonio y samario) se descomponen con el tiempo. Entonces, si encontramos estos radioisótopos en la Tierra hoy, sabremos son frescas y no de aquí, los plátanos verdes del mundo de los isótopos, y por lo tanto las ‘armas humeantes’ (evidencia) de una supernova cercana», expresó Liu.
Los investigadores aún tienen que buscar los isótopos Pu-244 o Sm-146 en rocas del límite Devónico-Carbonífero. El equipo de Fields dijo que su estudio tiene como objetivo definir los patrones de evidencia en el registro geológico que apuntarían a explosiones de supernovas.
[Fuentes]: ACN | Sciencedaily.com | @Xavi_Bros | Redes
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.
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