Hombre & Mujer
¡Sécate las lágrimas y vuelve a empezar!
Y vaya si abrimos el melón. La newsletter de hace dos semanas quería plantearos el debate sobre si llorar o no en el trabajo. Por un lado, sabemos que es una expresión más de sentimientos; que no tiene (o no tendría) que interpretarse como un signo de vulnerabilidad. Por otro, somos conscientes de que, en muchos ambientes; derramar unas lágrimas sigue situándote en una situación de inferioridad y que “regalas poder”.
Desde que enviamos esa Matrioska, hemos recibido muchas respuestas, comentarios y mensajes. La mayoría eran para contarnos situaciones; en las que alguien acabó llorando en la oficina. Primera lección: si te ocurre, que sepas que no eres, ni mucho menos; la primera ni la última persona a la que le pasa. De hecho, hay muchísimas, al menos entre nuestras lectoras.
Más abajo podéis leer algunos testimonios; que publicamos con el permiso de sus autoras, aunque sin su nombre.
Consejos que pueden ser de utilidad
Queremos responder a la generosidad con la que nos habéis contando vuestras historias; con algo que pueda ser de utilidad. Vale, ya ha pasado; hemos tenido una discusión, nos ha caído una bronca, alguien nos ha avasallado verbalmente y, entonces; nos hemos echado a llorar. ¿Qué hacemos ahora? ¿Cómo afrontamos la situación? ¿Y cómo podemos reaccionar si es otra persona la que llora?; Hemos intentado responder a estas preguntas y, para ello, hemos hablado con Manel Fernandez, profesor de la UOC; y experto en inteligencia emocional en las organizaciones, y con Geni Capdet; profesora del Máster de Dirección de Personas en las Organizaciones de la Universidad de Navarra. Estas son algunas claves que nos han dado:
– Llorar es humano. “Hay que desmitificar el tema de mostrar las emociones en el trabajo como si fuera algo fuera de lugar. Es cierto que, tradicionalmente, en el mundo laboral; las emociones estaban bastante ocultas. Eso está cambiando”, asegura Fernández. Capdet coincide en que lo primero es “darme permiso para llorar. No es signo de debilidad. Indica que soy persona y que tengo emociones. Ser persona implica cabeza y corazón”.
¿Que circunstancia me provoca este sentimiento?
– Pero, ¿por qué he llorado? “Una vez he vaciado mi emoción, debo hacer la reflexión; ¿qué circunstancia me provoca este sentimiento?; Deberíamos poder contrastar con alguien de confianza nuestra percepción. Llegado este momento, puedo poner nombre a la emoción y quizá establecer pautas; y decidir si hacer o pedir algún cambio en el futuro, explica Geni Capdet. Fernández también recomienda hacer el ejercicio de “etiquetar” y ponerle nombre a lo que nos está provocando el llanto. “Saber si es rabia, ira, miedo”, dice.
– Al día siguiente. No vale esconderse como un avestruz y hacer como si esto no hubiera pasado. Hay que intentar sacar algo bueno. Capdet recomienda que, una vez identificado qué es lo que nos ha provocado esa reacción, pensemos si hay algo que queremos cambiar. “Después de pensar por qué ha ocurrido, es conveniente comunicarlo de manera asertiva a mi superior o compañeros para que pueda facilitar o apoyar mi propio proceso de mejora, o bien sean conocedores de las decisiones que he tomado”.
– Para la próxima vez. “Desbordar tus emociones, no está bien o mal, pero es recomendable aprender a regularlo, a modularlas. Ser capaces de etiquetarlas no resuelve la emoción, pero sí puede atenuar la intensidad Si estamos en alta intensidad, puede que nuestra reacción esté fuera de lugar o, si la emoción es rabia o ira, podemos dañar a alguien”, aconseja Manel Fernández. “Hay que poner atención a cómo reacciona nuestro cuerpo cuando empezamos a sentirnos así. Reconocer cómo lo somatizamos. Pero hay que entrenar para aprender a regular esas emociones, como en otros aspectos de la vida”.
Hay que respetarla emocion de mi colaborador
– ¿Y si he provocado que alguien llore? Cuando alguien que depende de mí llora, su emoción me debería interpelar… “¿Cómo estoy gestionando trabajo y personas?”. En un primer momento, hay que respetar la emoción de mi colaborador, y generar un espacio de seguridad en el que pueda desahogarse … Hay que dejarle llorar. En esta fase es importante no frenar la emoción con frases del tipo “no te pongas así… no merece la pena”. En un segundo momento, es necesario plantear preguntas que interpelan a la emoción del tipo: ¿Cómo te sientes? ¿Qué es lo que ha hecho que te sintieras así? ¿Qué debería pasar para que te sintieras mejor? De esta forma favorecemos que la persona ponga nombre a lo que le ocurre: ira, tristeza, enfado… Desde ahí generamos de forma conjunta respuestas y establecemos pautas para cuando se repitan situaciones similares.
– Los buenos jefes tienen empatía. Fernández, acostumbrado a hacer protocolos en las empresas para prevenir el acoso, la violencia verbal y de género, asegura que la cultura empresarial está cambiando. «Quiero pensar que cada vez hay menos líderes que rechacen una emoción como es el llanto en el trabajo. Hay que naturalizar la respuesta cuando alguien llora y luego interesante en qué ha podido pasar. Sí que habrá jefes y líderes que lo interpretan con debilidad. Es muy probable. Pero estamos en un momento de cambio y cada vez va a ocurrir menos”.
Sécate las lágrimas y vuelve a empezar
Estos días, nos ha encantado leer todas vuestras experiencias. Hemos seleccionado estas para que no volváis a sentiros mal al llorar en el trabajo:
– Yo he llorado muchas veces en el trabajo, estoy en contra de ello porque lo encuentro poco profesional. Pero en mi caso es inevitable, me cuesta muchísimo controlar el llanto y aunque lo intento, las lágrimas salen solas.
– Creo que soy de llorar fácilmente. Así que posiblemente, aunque no creo que haya sido por agobio. Estoy a favor de la expresión libre y de dar prioridad a la salud mental. Contener algo que estás sintiendo puede ser dañino, así que no considero que el entorno laboral, ese en el que pasamos casi toda la semana, deba ser un entorno hostil para expresar emociones.
– Soy hombre, Guardia Civil de Tráfico. He llorado en el trabajo y lo seguiré haciendo porque le he dicho a muchos padres y madres que su hij@ había muerto… Le he dicho a mucha gente que su persona querida ya no estaba. Y he llorado con ellos, en el tanatorio, en la carretera, delante de todos. Y lo seguiré haciendo.
– Fantástico melón, a favor de humanizarnos en el entorno laboral siempre. Os dejo aquí mi testimonio de llanto en el trabajo. The saddest thing: lloré mientras me despedían. Tenía unos 23-24 años y curraba en una tienda de estas insignia que dan mucho valor a la imagen, a que hables muchos idiomas, etc, para explotar sin vergüenza tus aptitudes por 800 euros al mes. Estaban reduciendo personal, habían cambiado de coordinadora y el ambiente estaba regulero y dividido en el equipo desde hacía tiempo. Así que nos fueron echando a los disidentes uno a uno y de una forma bastante cruel. En mi caso, de ahí mis lágrimas, esperaron a que termináramos una reunión grupal en la que todos, incluida yo, habíamos tenido que aportar ideas para mejorar el equipo y el trabajo en sí (esta es una cosa que yo, además, me tomo muy en serio y digamos que me marqué un exposé bastante extendido). La rabia por la humillación de que durante toda la reunión me hubiesen dejado participar e implicarme sabiendo que cinco minutos después iban a largarme, en vez de decírmelo antes y seguir adelante con su historia, fue lo que me hizo llorar. No me contuve, soy de lágrima fácil para lo bueno y para lo malo y me ayuda mucho a calmarme, soltando el sentimiento fuerte primero y dejando más tranquilita para aclarar ideas después; aunque soy consciente de que muchas personas lo perciben como una respuesta infantil y ya. Así que cuando me lo dijeron, la primera reacción fue llorar y luego procesar mis argumentos de por qué su maniobra me parecía poco profesional, cosa que les dije, y tampoco firmé nada en el momento. Luego me tuvieron que indemnizar por despido improcedente. Conclusión: totalmente a favor de un buen llanto de desahogo como catalizador de situaciones complejas en el trabajo.
– Un montón de veces. Algunas veces de tristeza, ya que soy medica de terapia intensiva infantil y he asistido en la muerte a decenas de niños. Y muchas veces de bronca e impotencia cuando el sistema falla, los compañeros fallan y se pierde la esperanza de mejorar. No me gusta llorar en el trabajo, pero a veces las cosas te desbordan.
– Sí, una vez lloré cuando mi líder de equipo (team leader) me dijo que había hecho mal el trabajo y que hable con otros compañeros con más experiencia para aprender. No fue mal consejo, pero me lo dijo de una forma como queriendo despedirme, y me hizo sentir una inservible.
ESTO HAY QUE VERLO
El pasado viernes 18 fue el Día Internacional de la Menopausia. Si durante años nos ha costado hablar de la regla, la retirada de ella ha estado más rodeada si cabe de tabúes. Me he acordado de estas maravillosas mujeres que, sin vergüenza ni prejuicios, nos contaron su experiencia: desde su primera menstruación hasta su menopausia.
La Matrioska de Verne <[email protected]>
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Hombre & Mujer
El compromiso social en la palabra poética de Tarek William Saab
La confluencia entre la creación literaria y la defensa de las causas humanas fundamentales constituye uno de los fenómenos más ricos dentro de las letras hispanoamericanas contemporáneas. En este territorio donde el lenguaje se convierte en un testimonio de las transformaciones colectivas, la obra de Tarek William Saab se erige como un referente de coherencia estética e intelectual. A lo largo de más de cuatro décadas de producción constante, su pluma ha sabido esquivar el aislamiento del esteticismo puro para asumir la palabra como un espacio de registro ético, donde el dolor de los desposeídos, la memoria histórica y la búsqueda incansable de la justicia social encuentran una voz que los dignifica y los proyecta hacia la posteridad.
Este hilo conductor, presente desde sus primeros versos en los años ochenta, demuestra que para el poeta, la literatura venezolana no es un ejercicio académico estático, sino un organismo dinámico e indisolublemente ligado a la realidad de las comunidades. Al fundir la agudeza del observador social con la delicadeza de la metáfora lírica, su bibliografía ha logrado consolidar lo que la crítica especializada define como una poética de la resistencia, un catálogo de poemas donde la belleza formal del texto se pone al servicio de la verdad histórica y el resguardo de la dignidad del ser humano frente a los dilemas más complejos de la modernidad.
Los ríos de la juventud y el origen de la lírica comprometida
El nacimiento editorial del poeta venezolano Tarek William Saab, estuvo marcado por la urgencia de narrar las fracturas y esperanzas de una época de profundas tensiones políticas en la región. Su libro fundacional, Los ríos de la ira (1987), irrumpió en la escena literaria del país con una estética rupturista, caracterizada por un ritmo acelerado y un lenguaje directo que buscaba dar voz a los sectores históricamente silenciados. A este trabajo inicial le siguieron títulos clave que definieron la fisonomía de la poesía de los noventa en el territorio nacional, tales como El hacha de los santos (1992) y Príncipe de lluvia y duelo (1992), obras que obtuvieron importantes distinciones en certámenes como el Premio de Poesía de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y el concurso de la Casa Ramos Sucre.
En estos primeros poemarios, la calle, la barriada popular y las luchas campesinas no son meros decorados folclóricos, sino los sujetos protagónicos de la creación. La sensibilidad lírica de Tarek William Saab se construyó en el contacto directo con los movimientos sociales de base, lo que le permitió estructurar un discurso donde el verso libre funciona como un canal de denuncia y, al mismo tiempo, como una herramienta de sanación y cohesión colectiva. Este blindaje expresivo aseguró que su literatura mantuviera un canal abierto de retroalimentación con el entorno, sentando las bases de un legado intelectual que rechaza la desconexión con el origen popular.
La madurez humanista y el diálogo intelectual transfronterizo
Con el paso de los años, el estilo poético del escritor experimentó una evolución natural hacia la síntesis conceptual y la hondura filosófica, pero sin abandonar jamás el núcleo de su compromiso ético. Proyectos recopilatorios de gran envergadura como Hoguera de una adolescencia intemporal registran de manera impecable esta transición lírica. Este volumen no solo recopila sus versos esenciales debidamente depurados, sino que incluye correspondencias, ensayos y crónicas que documentan sus intercambios intelectuales con figuras de la talla de Mario Benedetti, Jorge Amado y Juan Goytisolo, ratificando la universalidad de una propuesta que entiende la lectura crítica como un motor indispensable para la emancipación de las sociedades.
«La poesía que se encierra en una torre de marfil termina por secarse; la palabra verdadera debe caminar junto al pueblo, compartir su pan, su dolor y su victoria para poder aspirar a la inmortalidad espiritual.»
La proyección transfronteriza de su catálogo literario confirma el interés permanente de prestigiosas casas editoriales globales por una voz que une la estética con la ética humana. Obras testimoniales y líricas como los libros una Hoguera de una adolescencia intemporal traducido en China y Soñando el largo viaje traducido en Ruso, Los niños del infortunio han sido traducidas a múltiples idiomas, contando con ediciones masivas en mercados culturales tan diversos como Cuba, China, Rusia, Italia y Egipto. Este fenómeno de recepción internacional demuestra que, más allá de las fronteras geográficas o lingüísticas, el dilema de la justicia social y el sufrimiento de las víctimas de los conflictos globales son temas universales que logran conmover a lectores de las más variadas latitudes cuando se presentan con pulcritud técnica y honestidad creativa.
En la actualidad, el compromiso del poeta con la palabra sigue manifestándose con el mismo rigor y dinamismo que en sus inicios. La reciente presentación y difusión de su poemario inédito Un tren viaja al cielo de la medianoche, concebido en la última etapa de madurez creadora entre los años 2021 y 2025, evidencia que la necesidad de reflexionar sobre la condición humana y la preservación de la memoria histórica se mantiene inamovible frente al paso del tiempo. Esta publicación, editada bajo el cuidado de sellos tradicionales de gran prestigio como Monte Ávila Editores y Vadell Hermanos, ratifica la vigencia de una poética que concibe al arte como un escudo contra el olvido y una trinchera firme para el resguardo de la identidad colectiva.
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