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¡Saludables y deliciosos! calabacines rellenos de pollo
Las opciones para preparar calabaciones son amplias, pero rellenos con pollo y arroz son únicos, por ello a continuación te diremos cómo puedes prepararlos de forma rápida y sencilla.
Esta es una opción rápida y puedes jugar con ella empleando los vegetales de tu preferencia o los que tengas al momento de la preparación.
Ingredientes de calabacines rellenos
150 g. de arroz
4 calabacines pequeños
80 g. de pimiento rojo
80 g. de cebolla
1 diente de ajo
150 g. de pechuga de pollo o de contramuslos (sin hueso) de pollo
Queso parmesano para rallar
Orégano
Tomillo
Sal
Aceite de oliva virgen extra
Receta
Toma los calabacines y cocina en abundante agua durante 7-8 minutos. Luego retiramos del agua y los dejamos enfriar.
Cuando los calabacines se encuentren a temperatura ambiente; debes cortar longitudinalmente y retirar la pulpa de forma que queden como especie de canoas.
Recuerda que debes reservar la pulpa y el calabacín.
Cocina el arroz de acuerdo a las porciones que desees y reserva.
Pela una cebolla y corta en daditos pequeños. Hacemos lo mismo con un diente de ajo y troceamos. Lavamos el pimiento rojo y lo cortamos en daditos.
Tomamos el pollo y limpiamos cualquier rastro de grasa y cortamos en daditos pequeños.
En una olla añadimos un chorrito de aceite de oliva y luego añadimos la cebolla, el ajo y el pimiento. Agregamos también una pizca de tomillo y orégano.
Sofreímos la verduras hasta que queden blanditas. Añadimos el pollo troceado y lo cocinamos hasta que esté comenzando a dorarse. Añade sal al gusto.
Agrega la pulpa de los calabacines a la olla y cocina con el resto del sofrito durante 3 -4 minutos. Incorporamos el arroz; mezclamos bien y retiramos del fuego.
Precalentamos el horno a 180° C en posición gratinado. Posteriormente untamos una fuente grande de horno con un poco de mantequilla y ponemos encima los calabacines. Los rellenamos con la mezcla de arroz y pollo y ponemos por encima un poco de queso parmesano.
Introducimos en el horno y las dejamos, a 180° C en la bandeja central con calor arriba y abajo durante 15 minutos. Servimos del horno a la mesa.
ACN/De Rechupete
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.
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