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Peregrinación al Santo Cristo de La Grita cumple 407 años

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Celebran 407 años de peregrinación al Santo Cristo de La Grita. Como es tradición desde hace más de 407 años;  miles de fieles  llegan a la nueva ciudad de La Grita, municipio Jáuregui;  para consagrarse  a la peregrinación en honor a la imagen Santo Cristo de La Grita;  tradición que se cumple en la localidad del estado Táchira todos los 6 de agosto. Los peregrinos comenzaron a llegar desde los últimos días del mes de julio.

Hay una petición al representante del Vaticano;  para que sea portavoz ante el Papa Francisco para elevar al Santo Cristo de La Grita;  como patrono de Venezuela.

La tradición religiosa se remonta a 1610;  cuando el escultor Fray Francisco ofreció hacer una escultura al Hijo de Dios para consagrar la nueva ciudad de La Grita;  municipio Jáuregui, luego que ésta fuera destruida por un terremoto;  y sus habitantes se trasladaran a una zona llamada Tadea.

Para admirar la figura, cuya elaboración se considera objeto de un milagro;  cada año miles de creyentes se congregan con el fin de agradecerle por los milagros;  o elevar sus plegarias al patrono del Táchira.

Piden al Papa Francisco elevar al Santo Cristo de La Grita como patrono de Venezuela

Hay una petición al representante del Vaticano para que sea portavoz;  ante el Papa Francisco para elevar al Santo Cristo de La Grita como patrono de Venezuela.

Más de 150.000 personas han visitado santuario del Santo Cristo de La Grita durante la celebración de los 407 años de peregrinación al Santo Cristo de La Grita

Miles de fieles se unieron a la peregrinación en honor a la imagen de Jesús Crucificado, que reposa en la Basílica de La Grita, municipio Jáuregui del estado Táchira

Se estima que en total unas 250.000 personas visiten el Santo Cristo de La Grita para celebrar los 407 años de su aparición.

Historia del Santo Cristo de La Grita

En 1610, a causa del terremoto que destruyó la ciudad de La Grita, los frailes franciscanos hubieron de trasladarse a un campo llamado Tadea. Iba entre ellos, un escultor que se distinguía más por su piedad que por sus vuelos artísticos.

Se llamaba Fray Francisco. Aterrorizado con el terremoto que en pocos instantes redujo a polvo la población naciente, ofreció al cielo, dice la tradición, hacer una imagen del crucificado, para rendirle culto especial y consagrarle la nueva ciudad.

El cuadro de Fray Francisco

Desde luego puso manos a la obra, trazó en un gran tronco de cedro la divina imagen, tomó el hacha y la azuela y empezó a trabajar.

Pronto se exhibió una figura humana, pero que no tenía los lineamientos característicos del Cristo moribundo.

Pasaban días y días y Fray Francisco no podía interpretar aquella expresión sublime

Una tarde después de suspender los trabajos se puso en oración: un éxtasis profundo lo embargó y cuando volvió en si, ya a altas horas de la noche, oyó que en la pieza de su trabajo golpeaban los formones y el raedor pasaba por las fibras de la madera.

Se acercó y algo como una figura humana envuelta en una ráfaga de luz, salió a través de la puerta, encandilándole los ojos. Les contó a sus hermanos y a los primeros albores del día, después de la oración matinal, se dirigieron todos al lugar donde estaba la imagen y la encontraron terminada.

Fray Francisco lloró entonces de placer. En aquella faz divina estaban los rasgos que él había concebido y que le fue posible expresar. Esa imagen es el Santo Cristo de La Grita, cuyos portentosos milagros llenarían volúmenes si se fuesen a narrar y cuya hechura se atribuye en parte a un Ángel (Fuente: “El Táchira físico, político e Ilustrado del Dr. Emilio Constatino Guerrero”).

ACN/Google/Wikipedia

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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad

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En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras. 

Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar. 

Qué hace inolvidable un final de sprint

Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.

Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:

  • Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
  • Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
  • Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
  • Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
  • Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
  • Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.

Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.

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