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¿Te muerdes las uñas? Puedes sufrir onicofagia
Son muchas las personas que se muerden las uñas, ello te puede provocar toda clases de problemas y ese acto se llama Onicofagia, es ocasionado por estrés o por un mal hábito.
La onicofagia afecta a toda clase de personas, aunque es raro que suceda antes de los 3 años de edad; afecta posteriormente al 30% de los niños entre 7 y 10 años de edad y al 45% de los adolescentes.
Muchas personas que ya sufrieron este hábito de pequeños lo pueden arrastrar posteriormente en la etapa adulta.
Sus causas
Las causas de la onicofagia pueden ser muchas y variadas, pero se cree que es un hábito que se inicia en edades tempranas para desarrollarse posteriormente. De igual forma que es importante explicar que puede surgir por nervios y estrés por determinadas situaciones que nos preocupan.
Las consecuencias de la Onicofagia
Lo más importante es ver que este problema provoca múltiples consecuencias en la salud. Los dedos pueden verse afectados por comer o roer la cutícula; y la piel de alrededor de los dedos, heridas en los dedos, dolor de estos, y otros problemas relacionadas con ellas.
Además, hay una relación directa entre este problema y los dientes. Pues con el tiempo puede haber un daño en el esmalte y afectar a los dientes, que se afean o se caen por este problema.
No solamente esto, porque las encías pueden verse afectadas, mientras que como estamos constantemente introduciendo bacterias en la boca que tenemos en los dedos también provoca caries o dientes afectados.
A su vez, este movimiento también puede dar lugar a maloclusión o un mal alineamiento de los dientes que modifican su forma y que luego necesita de una ortodoncia.
Sin embargo, una de las principales causas de la onicofagia es el estrés y la ansiedad, morderse las uñas hace que el estrés sea mayor; es decir, se genera mucho más. Es un círculo vicioso del que es complicado poder escaparse. Entonces debemos conocer las causas de este problema porque tiene parte de mental y esto provoca temas psicológicos que hay que erradicar.
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.
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