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«Moda de Altura» la gran pasarela del talento nacional
El emblemático Hotel Humboldt se erigió como el escenario perfecto para celebrar la primera edición del desfile “Moda de Altura”, la gran pasarela del talento nacional.
El evento congregó a reconocidas figuras y modelos profesionales para exhibir la nueva colección del diseñador Pavel Mieses y la línea de trajes de baño, ropa deportiva y casual de la marca Carian, que ideó la diseñadora Alejandra Cárdenas.
Bajo la animación de Mariela Celis, Natalia Monsterios, y Dayana Leandro el evento fue realizado a beneficio de la Fundación Crea Sonrisas, que preside Luisa Araujo y cuya vicepresidente es la odontólogo y modelo Vanessa Coello.

El talento nacional tuvo su pasarela en «Moda de Altura»
“La emoción que siento, cuando uno es diseñador, cuando uno crea una obra, la emoción de expresarte ante el público de lucir tus creaciones , eso no tiene precio».
«Acabo de llegar de Europa y a mí me ha inspirado siempre este espacio, nuestro Ávila, el Hotel Humboldt tan emblemático, que tiene una historia romántica muy especial».
«Vine a cenar acá luego que llegué de Europa, y dije tengo que hacer la ‘Moda de Altura’, y ese es el título, que ustedes tienen ahora en este día para el evento, y que va a seguir rodando, a nivel de pasarelas nacionales e internacionales”, afirmó Pavel Mieses.

El artífice de la moda acotó que el estilo de estas piezas tiene una impronta que es la elegancia, “desde la parte más urbana creativa hasta lo más cóctel-gala, pero siempre manteniendo una línea elegante».
«Una persona puede estar vestida perfectamente ligera, como también muy formal, pero siempre con un buen criterio de estilo».
«Generalmente mi propuesta es atemporal, yo digo que hago trajes tanto para damas, como para caballeros, que los pueden usar en este momento, dentro de diez años, lo pueden heredar sus hijos; pues son trajes que siempre van a marcar una historia y nunca pasan de moda, porque es un estilo lo que estoy impulsando”.
Nota de prensa
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.
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