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María Magdalena «la apóstol de los apóstoles» no era una prostituta
María Magdalena “La apóstol de los apóstoles” no era una prostituta: ¿Fue realmente María Magdalena una prostituta redimida por Jesucristo? La idea de que era una prostituta es una idea que se ha extendido erróneamente durante siglos y la concepción proviene del Papa Gregorio I, quien en el año 591 así lo declaró. Quién era realmente esta mujer es la pregunta que busca responder la película María Magdalena.
La actriz Rooney Mara interpreta el papel de María Magdalena en la cinta dirigida por Garth Davis y Jesús es interpretado por Joaquin Phoenix, quien además de ser tres veces nominado al Oscar, es el novio de Mara en la vida real.

Maria Magdalena, presente en la Última Cena, atestigua la crucifixión de Cristo y es la primera persona en presenciar su resurrección. Joaquin Phoenix tres veces nominado al Oscar, es Jesús.
Esa concepción muy extendida a lo largo de la historia del cristianismo es la que busca refutar una nueva película que llega a las carteleras este marzo: María Magdalena.
Desde Jesús de Nazaret, Jesucristo Superestrella y hasta La última tentación de Cristo han sido las cintas, dramas de televisión y espectáculos que han representado a María Magdalena como una mujer caída redimida por el Hijo de Dios.
Sin embargo, María Magdalena invierte el guion para mostrar a esa mujer bajo una nueva luz: una libre pensadora independiente que dio testimonio de la muerte y resurrección de Jesús y que merece ser considerada apóstol por derecho propio.
Es un territorio profundamente polémico, contrario a la versión ampliamente aceptada sobre la vida pecaminosa de esa mujer.
Rooney Mara y Garth Davis, la protagonista y el director del nuevo filme, respectivamente, están preparados para las controversias que se les presenten.
¿De dónde viene la historia?
La concepción de que María Magdalena era una trabajadora sexual redimida proviene del papa Gregorio I, quien en el año 591 lo declaró así y la noción se perpetuó durante siglos.
Sin embargo, en los textos bíblicos no hay referencia a que María Magdalena fuera una prostituta o una pecadora. No lo dicen ninguno de los evangelios del Nuevo Testamento.
De hecho, las únicas sugerencias de una posible mala reputación vienen en los textos de Marcos y Lucas, que se refieren a los demonios que fueron expulsados de ella.
Con toda la evidencia reunida, es fácil concluir que María Magdalena ha sido víctima de un crimen contra su reputación a lo largo de 1.400 años.
Reivindicación
La Iglesia Católica «limpió» su nombre en 1969, mientras que el papa Francisco la nombró formalmente como «apóstol de los apóstoles» en 2016.
«Mientras más profundizaba y más aprendía sobre quién era realmente María Magdalena, más me asombró que la mayoría de la gente sepa que es una prostituta», dice Mara.
«Todos estos hombres que aparecen en esta historia tienen iglesias en todo el mundo con su nombre. En cambio ella es conocida como la prostituta. En realidad me molestó un poco», añade.
Por su parte, el director Garth Davis dice que «descubrir que fue un invento del papa Gregorio I fue asombroso, y saber que la historia de María Magdalena nunca había sido contada ampliamente fue trágico», dice Davis.
«Sentí que su historia tenía que ser contada, y me sentí aún más apasionado por contarla una vez que supe que había estado oculta por tanto tiempo», señala.
«Abandonó todo en su vida»
La mujer que aparece en María Magdalena es una joven de un pueblo de pescadores de Galilea cuyo oficio, la partería, la convierte en una marginada.
Cuando se entera de que un carismático misionero llamado Jesús predica en las cercanías no duda en ir a buscarlo y convertirse en su seguidora.
Esto la lleva a estar presente en la Última Cena, atestiguar la crucifixión de Cristo y a ser la primera persona en presenciar su resurrección.
«Había muchas cosas sobre ella que me atraían. Ella era vulnerable, pero tenía esta fortaleza y este deseo de realmente seguir su verdadero yo», dice la actriz Rooney Mara.
«Su fe y su amor por Dios eran tan importantes para ella, que abandonó todo en su vida para seguir eso. Pensé que era muy valiente», añade.
El director Davis señala que la mujer parece de otro mundo, con un claro «llamado espiritual»: «Para mí eso fue muy crítico al concebir su personaje».
«Rooney es una de las actrices más emocionalmente sinceras que conozco, en los silencios ella abre universos. Es tan única y sentí que daría vida a la más convincente María Magdalena», destaca Davis.
Jesús es interpretado por Joaquin Phoenix, quien además de ser tres veces nominado al Oscar, es el novio de Mara en la vida real.
«Estaba decidido a crear un Jesús que fuera muy accesible, humano y divino», explica Davis.
«Joaquin logra generar una profunda espiritualidad en sus actuaciones y también logra llevarnos a través de la luz y la oscuridad con un gran sentido de la compasión», apunta el cineasta.
La sombra de Weinstein
La compasión ha sido escasa últimamente para el célebre productor de cine Harvey Weinstein, que fue parte de la película anterior de Davis, «Un camino a casa».
Como ocurrió con esa película, «María Magdalena» debía haber sido estrenada en Estados Unidos bajo el sello de The Weinstein Company.
Sin embargo, el colapso de la empresa, a raíz de las acusaciones de acoso sexual contra Harvey Weinstein, generó un futuro incierto y hasta ahora no tiene fecha de estreno en EE UU.
Weinstein ha negado las numerosas acusaciones de acoso y hostigamiento sexual que han salido en su contra.
«Mi objetivo es asegurarme de que se vea la película, y sería una tragedia si nunca se hubiera visto en Norteamérica», dice Davis.
Mientras tanto, Mara espera que «María Magdalena» se conecte con un grupo demográfico más amplio del que tienden los proyectos «basados en la fe».
«Crecí como católica, pero ya no me considero parte de ninguna religión organizada, así que no estaba tan interesada en hacer una película religiosa», dice la actriz de 32 años.
«Pero sabía que Garth se estaba preparando para hacer más una película espiritual que una religiosa, y creo que eso puede llevarla a un público mucho más amplio», confía Mara.
María Magdalena llega a las salas de cine de España y América Latina en la segunda mitad de marzo.
ACN/BBC Mundo
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.
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