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José Martí y las ideas emancipadoras de “El Libertador”

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El Apóstol de Cuba, José Martí es considerado; uno de los mayores pensadores hispanoamericanos del siglo XIX; y un fiel seguidor de las ideas emancipadoras de “El Libertador” Simón Bolívar; amante de la libertad del hombre, de la tierra en la que nace, de los sueños de independencia y de una América unida, nuestra, que debía andar “en cuadro apretado”.

Hoy, a 167 años de su natalicio, el mundo entero recuerda al más universal de los cubanos, a ese misterio que nos acompaña, como lo describió el poeta José Lezama Lima.

Breve biografía del Apóstol de Cuba

En la estrecha calle Paula, en La Habana, Cuba, Leonor Pérez daba luz a un cubano que, desde su tempranísima juventud, haría de la Isla -encadenada por el colonialismo español- epicentro de su pasión por la libertad.

Era el 28 de enero de 1853. Nacía José Julián Martí Pérez en un país con grilletes, los mismos que la metrópoli española le colocaría en manos y pies con apenas 17 años, por el hecho de llamar “apóstata” a un compañero de colegio que se había insertado en las filas de los voluntarios españoles.

Un adolescente que sufría la injusticia, el abuso a los negros porque “la esclavitud de los hombres es la gran pena del mundo”, un joven que la arbitrariedad de un país colonizador hacía prisionero por ansiar la independencia de su Patria y sentir “el odio invencible a quien la oprime”.

Martí fue un fiel seguidor de las ideas emancipadoras de “El Libertador”, Simón Bolívar, amante de la libertad del hombre, de la tierra en la que nace, de los sueños de independencia y de una América unida, nuestra, que debía andar “en cuadro apretado”.

Conocido como el Apóstol de Cuba, desarrolló una obra revolucionaria con el objetivo de “impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”.

“El peligro del imperio del norte”

Sabía entonces -siglo XIX- el peligro que representaba el imperio del norte, de quien Bolívar expresó que parecía destinado por la providencia para plagar el continente de hambre y de miseria en nombre de la libertad.

De ahí se evidencia una de sus facetas como pensador revolucionario: el antimperialismo, unido a sus necesarios y recurrentes conceptos de Patria, humanidad, independentismo, latinoamericanismo.

Pero entender la obra de José Martí significa, necesariamente, comprender que fue un hombre que, en 42 años de vida, desarrolló un vasto pensamiento político en condiciones adversas. Fue desterrado a España en dos ocasiones, sufrió el exilio lejos de su hijo y su esposa, con el dolor lacerante de tener la familia en la otra orilla, estar enfermo y ser parte de un país en manos de otro. Y luchar, contra todo y todos, por la libertad de su Isla.

Con ese fin, mientras vivía en Estados Unidos, en 1892 redactó las Bases y los Estatutos del Partido Revolucionario Cubano (PRC) y el 14 de marzo de ese mismo año fundó el periódico Patria, como órgano oficial del Partido.

Antes, entre los años 1880 y 1890, el más universal de los cubanos habría alcanzado notoriedad en la América que llamó nuestra, mediante sus artículos y crónicas que, desde Nueva York, enviaba a periódicos como “La Opinión Nacional”, de Caracas, Venezuela; “La Nación”, de Buenos Aires, Argentina; y “El Partido Liberal”, de México.

La tenacidad de su oratoria

Varios países del continente escucharon la tenacidad de su oratoria en los recorridos que dio entre 1893 y 1894 para reunir a los principales jefes militares de la Guerra de los Diez Años (1868-1878), y comenzó a recaudar fondos para la nueva contienda que se realizaría en Cuba en 1895.

Esa razón lo lleva a viajar a Montecristi, República Dominicana, donde se reúne con el General Máximo Gómez, veterano de la independencia de la Isla, y con quien firmó el conocido “Manifiesto de Montecristi” el 25 de marzo de 1895, para establecer las bases de la nueva guerra, que no sería contra el español. En el texto expresa “su terminante voluntad de respetar, y hacer que se respete, al español neutral y honrado, en la guerra y después de ella”.

Tras ello, arriba a Cuba el 11 de abril de 1895 junto a Gómez por Playitas de Cajobabo, en la provincia oriental de Guantánamo. Recibe entonces el grado de Mayor General por todos sus méritos.

A un mes de su llegada a la Isla para participar en la guerra que él llamó “necesaria” contra el yugo español, participa en un combate en Dos Ríos, en la actual provincia de Granma. Era el 19 de mayo de 1895. Una columna española se desplegaba en la zona. Los cubanos fueron al combate.

“Yo soy bueno, y como bueno, moriré de cara al sol”

Gómez le pidió detenerse, pero Martí continuó y cabalgó hacia el enemigo escondido tras la maleza. El Héroe Nacional de Cuba no lo sabía. Llevaba un revólver en mano cuando fue abatido por tres disparos que le arrancaron la vida. “Yo soy bueno, y como bueno, moriré de cara al sol”. Caía un hombre universal, un pensador necesario para la definitiva independencia de la Isla.

Estaba todos los días en peligro de dar su vida por la independencia de su país. Era cierto. A ello se entregó. Por ello sufrió, amó, volvió a sufrir y nuevamente amó. Hoy, a 167 años de su natalicio, Cuba y el mundo lo recuerda. En la Isla caribeña, como expresa el director de la Oficina del Programa Martiano, Eduardo Torres-Cuevas, sentir y pensar en Martí nace como un sentimiento que se expresa luego en pensamiento: “Eso es lo que, creo, nos da mayor fuerza como nación”. Sentir y pensar a José Martí, a 167 años de su natalicio.

ACN/PL/Fernán Medrano

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El compromiso social en la palabra poética de Tarek William Saab

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Presentación libros de Tarek William Saab
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La confluencia entre la creación literaria y la defensa de las causas humanas fundamentales constituye uno de los fenómenos más ricos dentro de las letras hispanoamericanas contemporáneas. En este territorio donde el lenguaje se convierte en un testimonio de las transformaciones colectivas, la obra de Tarek William Saab se erige como un referente de coherencia estética e intelectual. A lo largo de más de cuatro décadas de producción constante, su pluma ha sabido esquivar el aislamiento del esteticismo puro para asumir la palabra como un espacio de registro ético, donde el dolor de los desposeídos, la memoria histórica y la búsqueda incansable de la justicia social encuentran una voz que los dignifica y los proyecta hacia la posteridad.

Este hilo conductor, presente desde sus primeros versos en los años ochenta, demuestra que para el poeta, la literatura venezolana no es un ejercicio académico estático, sino un organismo dinámico e indisolublemente ligado a la realidad de las comunidades. Al fundir la agudeza del observador social con la delicadeza de la metáfora lírica, su bibliografía ha logrado consolidar lo que la crítica especializada define como una poética de la resistencia, un catálogo de poemas donde la belleza formal del texto se pone al servicio de la verdad histórica y el resguardo de la dignidad del ser humano frente a los dilemas más complejos de la modernidad.

Los ríos de la juventud y el origen de la lírica comprometida

El nacimiento editorial del poeta venezolano Tarek William Saab, estuvo marcado por la urgencia de narrar las fracturas y esperanzas de una época de profundas tensiones políticas en la región. Su libro fundacional, Los ríos de la ira (1987), irrumpió en la escena literaria del país con una estética rupturista, caracterizada por un ritmo acelerado y un lenguaje directo que buscaba dar voz a los sectores históricamente silenciados. A este trabajo inicial le siguieron títulos clave que definieron la fisonomía de la poesía de los noventa en el territorio nacional, tales como El hacha de los santos (1992) y Príncipe de lluvia y duelo (1992), obras que obtuvieron importantes distinciones en certámenes como el Premio de Poesía de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y el concurso de la Casa Ramos Sucre.

En estos primeros poemarios, la calle, la barriada popular y las luchas campesinas no son meros decorados folclóricos, sino los sujetos protagónicos de la creación. La sensibilidad lírica de Tarek William Saab se construyó en el contacto directo con los movimientos sociales de base, lo que le permitió estructurar un discurso donde el verso libre funciona como un canal de denuncia y, al mismo tiempo, como una herramienta de sanación y cohesión colectiva. Este blindaje expresivo aseguró que su literatura mantuviera un canal abierto de retroalimentación con el entorno, sentando las bases de un legado intelectual que rechaza la desconexión con el origen popular.

La madurez humanista y el diálogo intelectual transfronterizo

Con el paso de los años, el estilo poético del escritor experimentó una evolución natural hacia la síntesis conceptual y la hondura filosófica, pero sin abandonar jamás el núcleo de su compromiso ético. Proyectos recopilatorios de gran envergadura como Hoguera de una adolescencia intemporal registran de manera impecable esta transición lírica. Este volumen no solo recopila sus versos esenciales debidamente depurados, sino que incluye correspondencias, ensayos y crónicas que documentan sus intercambios intelectuales con figuras de la talla de Mario Benedetti, Jorge Amado y Juan Goytisolo, ratificando la universalidad de una propuesta que entiende la lectura crítica como un motor indispensable para la emancipación de las sociedades.

«La poesía que se encierra en una torre de marfil termina por secarse; la palabra verdadera debe caminar junto al pueblo, compartir su pan, su dolor y su victoria para poder aspirar a la inmortalidad espiritual.»

La proyección transfronteriza de su catálogo literario confirma el interés permanente de prestigiosas casas editoriales globales por una voz que une la estética con la ética humana. Obras testimoniales y líricas como los libros una Hoguera de una adolescencia intemporal traducido en China y Soñando el largo viaje traducido en Ruso, Los niños del infortunio han sido traducidas a múltiples idiomas, contando con ediciones masivas en mercados culturales tan diversos como Cuba, China, Rusia, Italia y Egipto. Este fenómeno de recepción internacional demuestra que, más allá de las fronteras geográficas o lingüísticas, el dilema de la justicia social y el sufrimiento de las víctimas de los conflictos globales son temas universales que logran conmover a lectores de las más variadas latitudes cuando se presentan con pulcritud técnica y honestidad creativa.

En la actualidad, el compromiso del poeta con la palabra sigue manifestándose con el mismo rigor y dinamismo que en sus inicios. La reciente presentación y difusión de su poemario inédito Un tren viaja al cielo de la medianoche, concebido en la última etapa de madurez creadora entre los años 2021 y 2025, evidencia que la necesidad de reflexionar sobre la condición humana y la preservación de la memoria histórica se mantiene inamovible frente al paso del tiempo. Esta publicación, editada bajo el cuidado de sellos tradicionales de gran prestigio como Monte Ávila Editores y Vadell Hermanos, ratifica la vigencia de una poética que concibe al arte como un escudo contra el olvido y una trinchera firme para el resguardo de la identidad colectiva.

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